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GÜEMES CONTRA LOS INGLESES

El salteño se desempeñó como cadete de infantería durante los ataques a la cabecera del Virreinato del Río de la Plata en 1806 y 1807. Su actuación fue valerosa, redundó en un importante ascenso y resultó determinante para su formación.

El recorrido que llevó a Martín Miguel de Güemes a ser uno de los actores políticos y militares más destacados de la Revolución incluyó entre sus primeros capítulos su participación en la reconquista y defensa de Buenos Aires ante las invasiones inglesas, en las que incluso formó parte de una tropa montada a caballo que avanzó por el río gracias a una bajante y capturó una fragata enemiga con 26 cañones.

Aunque su actuación más reconocida en el proceso revolucionario se dio en el espacio alto-peruano y salteño, donde fue teniente del Ejército Auxiliar del Perú y conductor de las milicias salteñas, antes de 1810 Güemes se desempeñó también como cadete de infantería durante los ataques a la cabecera del Virreinato del Río de la Plata, en 1806 y 1807.

Segundo hijo de un funcionario peninsular de la Real Hacienda y de una madre cuyo linaje la unía a los fundadores y familias más importantes de Jujuy, Güemes nació en Salta en 1785 y siguió la carrera militar.

En 1799, con 14 años, ingresó como cadete a la 6° Compañía del 3° Batallón del Regimiento fijo de Infantería de Buenos Aires. El regimiento se había formado a partir del 2° Batallón del Regimiento de Extremadura y del Regimiento de Burgos, que habían sido destinados al espacio altoperuano bajo las órdenes del virrey de Buenos Aires, después de que las rebeliones indígenas lideradas por Tupac Amaru en 1780 mostraran la necesidad de mantener tropas veteranas cerca de esa zona. El regimiento tenía para 1785 destacamentos en Salta, Oruro, Potosí, La Plata (hoy Sucre), Puno y La Paz.

En mayo de 1805, el 3° Batallón fijo de Buenos Aires se componía de “tres soldados viejos y un cadete”, y ese cadete era precisamente Martín Miguel de Güemes. El virrey Sobremonte dispuso entonces que se “despache al cadete a esta Capital, a fin de que reciba la instrucción correspondiente a su clase”. El joven fue trasladado de esa manera a Buenos Aires, donde en 1806 lo encontraría la invasión de las tropas inglesas a la plaza porteña.

CUERPO DE DRAGONES

Para octubre de 1805, Güemes se trasladó a Buenos Aires y permaneció en el cuartel del Cuerpo de Dragones, junto a una pequeña fuerza veterana de 50 hombres, bajo las órdenes del teniente coronel Juan Antonio Olondriz.

Meses después, la mayor parte de las tropas de la ciudad fueron enviadas a Montevideo de manera preventiva, ante la posibilidad de que un eventual ataque inglés se iniciara en esa plaza.

Por eso cuando las fuerzas comandadas por el general William Beresford desembarcaron en junio de 1806 en las costas de Quilmes y se acercaron a Buenos Aires, las locales eran escasas. Entre ellas, las que estaban bajo el mando de Olondriz tuvieron una destacada participación en el Puente de Gálvez, el cruce sobre el río donde hoy está el puente Pueyrredón. Desde ese punto, dirigieron dos cañones volantes.

Güemes tuvo a cargo otras comisiones o tareas durante los meses que duró la invasión de 1806, como el traslado de unos músicos desde Buenos Aires hasta Córdoba por orden del virrey Sobremonte.

Pero probablemente su hazaña más conocida durante esas extremas circunstancias que vivía la plaza porteña haya sido la que lo involucró en la toma del buque Justina. El 12 de agosto, cuando finalmente Beresford presentó la rendición, algunos testimonios de la época mencionan que Liniers, el héroe de la reconquista, envió a un grupo de hombres a tomar un barco inglés que se encontraba muy cerca de la costa para desarmar a sus tripulantes. El buque mercante Justina había sido abordado durante las acciones de la reconquista por 100 marineros de la escuadra inglesa y contaba con 26 cañones que habían bombardeado algunos puntos clave de la ciudad durante la contienda. La tarea de abordar la nave fue realizada por una fuerza veterana montada a caballo, al mando de Juan Martín de Pueyrredón, que aprovechó una importante bajante en el río; uno de los jinetes era el cadete salteño.

OTRA MISIÓN IMPORTANTE

En octubre de 1806, el Cuerpo de Infantería fija de Buenos Aires pasó a Montevideo, y para mayo de 1807 Güemes fue asignado a otra misión importante: vigilar la presencia de barcas en el río durante la noche, junto a una tropa de ocho hombres a su cargo, y controlar el cumplimiento de un bando de la Audiencia que prohibía cualquier tipo de comercio o trato con embarcaciones inglesas en el Río de la Plata.

Ya en julio de 1807, la defensa de la plaza porteña encontró al cadete Güemes junto al Regimiento de Infantería, en el ataque de los corrales de Miserere y peleando en el avance de las tropas porteñas desde las azoteas hasta el final de la contienda, según un oficio escrito por Liniers días después de la defensa.

De este modo, la foja de servicios del militar que comandaría años después las milicias salteñas en la lucha por la independencia americana en el territorio de vanguardia del Ejército Auxiliar del Perú y que forjaría su carrera política como el hombre fuerte de Salta, incluye también la experiencia en la reconquista y defensa de Buenos Aires contra los ingleses.

Su trayectoria no es inusual en ese sentido. Muchos hombres que participaron en estos acontecimientos fueron luego parte del elenco revolucionario. La militarización de la sociedad porteña y también rioplatense a causa de las invasiones marcó un quiebre en el Virreinato del Río de la Plata. Milicianos y tropas veteranas forjaron al calor de la contienda una práctica de participación política que sería retomada y reforzada a partir de la crisis de la monarquía y con la formación de la Junta de Mayo de 1810 en Buenos Aires.

En 1808, después de la defensa, Güemes volvió a Salta. Le habían concedido una licencia para poder encargarse de los asuntos de su familia, ya que su padre había muerto en noviembre de 1807. El joven que había dejado su “patria” siendo un cadete en 1805 regresó entonces ascendido a subteniente del Regimiento de Infantería por su actuación en las invasiones, y allí lo encontraron dos años después la revolución y la guerra.

Escrito por
María Laura Mazzoni
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