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“ME GUSTAN MUCHO LOS REOS COMO MARADONA”

Admirador y amigo del Diez, Alejandro Dolina recuerda al ídolo y lo reivindica con sus aciertos y con sus errores.

La vereda de Maradona. Para Alejandro Dolina, conocer ese lado de la calle fue una guía para ubicarse ante las más diversas cuestiones. “De un lado están tipos como Diego, que siempre se enfrentó contra los poderosos sin olvidar sus orígenes, y, del otro lado, aparecen las personas que quieren hacerse amigos de los ñatos que manejan el mundo”, comenta el escritor y conductor.

–Tras la muerte de Diego, muchos insistieron en separar su vida futbolística y su vida privada. ¿Está de acuerdo con esa división?

–No. No se puede separar a las personas. Andan por la calle con todas sus circunstancias, con todos sus brazos, sus piernas, su cabeza. Y en el caso de Maradona, rescato la parte futbolística tanto como el resto de su vida. Quienes pretenden dividir la vida de Diego son aquellas personas inflexibles ante el pecado ajeno. En cambio, me gustan mucho los reos como Maradona, que a veces se sarpan, que cometen pecados bastante graves, pero al final se constituyen en héroes populares por la forma en que consiguen esa clase de empatía para que nosotros podamos tanto sufrir como alegrarnos con ellos.

–Una vez una oyente le preguntó, luego de una recordada conferencia de prensa de Maradona, si ante ese “exabrupto” seguiría defendiendo a Diego.

–Sí, creo que es la misma tipa a la que le dije: “¿Sabe por qué defiendo siempre a Maradona? Por gente como usted”. Y claro que no me gustan los exabruptos de las personas. A quién le puede gustar que Diego se drogue. La droga es una porquería, pero de ahí a establecer que el tipo que toca la droga debe ir preso o no será mi amigo, ya es otra cosa. Hay que tratar de no constituirse en fiscal del universo.

–¿Sigue creyendo que su muerte pudo haber generado una nueva esperanza en nuestra sociedad?

–En los funerales suele ocurrir que familiares que están distanciados, finalmente, por un dolor compartido, se abrazan. En su velorio había visto alguna señal así. Pero la grieta política que nos separa es de una naturaleza tal que no me parece que sea posible ese tipo de reconciliación. Es muy posible que quienes lloraron a Maradona formen, de alguna manera, un bando. Que también allí haya una grieta, porque hay tipos que no se lo fuman a Maradona. Este último grupo, con un perfil más pequeñoburgués, coincide con cierta parte del espectro que toma al odio como estrategia política.

–Usted coincidió con Diego durante la filmación de El día que Maradona conoció a Gardel. ¿Qué recuerda de esos tiempos?

–A Diego lo había conocido meses antes de esa filmación. Una de las primeras veces que nos vimos, me invitó al Hindú Club. Fuimos a almorzar y yo llevé a mis hijos, Alejandro y Martín, como un regalo para ellos. Alejandro era una especie de máquina de recordar cosas de fútbol, y cada concepto que decía Diego, él agregaba algo. Y Diego decía “pero este sabe todo, es un fenómeno”. Imaginate para un pibe de once años recibir no sólo ese halago, sino la atención de Diego. Fue uno de los momentos más felices de mi vida: cumplir ese gran sueño que tenían los chicos de estar un largo rato con su ídolo. También compartíamos la música. Me acuerdo de la vez que me cantó “Tomo y obligo”, entero para mí; estábamos filmando y mientras esperábamos me dijo que le encantaba cantar. No era un cantor profesional, pero tenía el don de la afinación.

–Si tuviera que elegir un gol, una jugada o un partido de Maradona, ¿con cuál se quedaría?

–El Mundial 86, obviamente. Diego la rompió en todos los encuentros. Y para no elegir el partido contra Inglaterra, me quedaría con el de Bélgica, en el que hizo los dos goles. Lionel Messi no alcanzó nunca ese nivel y menos en un campeonato del mundo. Por esa cuestión y por el sentido épico, quiero decir, con todas las cosas contra las que debió luchar, ahí es donde elijo a Diego, por encima de cualquier estadística.

Escrito por
Jeremías Batagelj
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Escrito por Jeremías Batagelj
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