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LAS PAREDES NO OLVIDAN

Los barrios de la Argentina y el mundo ya contaban con una gran cantidad de expresiones artísticas que daban cuenta del cariño a Maradona. Pero a partir de su sorpresiva muerte, esos testimonios populares se multiplicaron de manera exponencial.

La noticia fue un impacto. El shock que golpeó a todos se transformó ese mismo 25 de noviembre en lágrimas y tristeza. Con el correr de los días empezaron a aparecer los videos de los goles, los reportajes, las anécdotas contadas por quienes estuvieron cerca de él en algún momento de su vida, las peregrinaciones, los altares, las fotos. Y también los murales, que se multiplicaron en la ciudad y el mundo trayendo de nuevo al mejor Diego Armando Maradona. Volvió el héroe del Azteca, el vengador de Nápoles, el pibe de oro de Argentinos Juniors, el ídolo de Boca. Maradona volvió al barrio.

En La Paternal, apenas conocida la noticia se inició una procesión a la cancha de Argentinos Juniors, donde los hinchas dejaron flores, velas y fotos al pie de un mural de El Marian. Pocos días después, bajo una de las tribunas del estadio, se inauguró el santuario con todas las ofrendas acercadas. El lugar, tapizado con las remeras que el 10 defendió a lo largo de su carrera, culmina en una pared que lo tiene joven y sonriente, vestido de rojo y sosteniendo una pelota. “Nosotros, los artistas callejeros, pintamos para la gente: mis murales son parte del barrio”, cuenta Maxi Bagnasco, autor de esa y otras expresiones de arte urbano en La Paternal y La Boca.

ALEGORÍA RELIGIOSA

Justamente en el barrio del club de sus amores, otro mural exhibe, en este caso, la cara de Diego en azul rodeada por un halo dorado. De fondo, La Bombonera. La alegoría religiosa es completa: “Omnis honor et gloria per saecula saeculorum”, dice en letras góticas la pared. Honor y gloria por los siglos de los siglos. Una frase usada en misa, especialmente durante Pascua.

Transformado en deidad (algo que va más allá del juego de letras de “D10S”), tuvo incluso muertes y resurrecciones. Así lo imaginó Alaniz, que en Merlo lo pintó en su estampa del Estadio Azteca, con la mirada fija en el horizonte. Pero en esta pared el astro tiene una corona de espinas. “Lo llamé Un dios de barro, porque siempre se lo puso ahí arriba por sus méritos y su gloria, pero yo destaco también su carácter humano”, cuenta Alaniz.

El amor por Maradona caminó las calles. De La Paternal a Nápoles, pasando por La Boca. El mismo trayecto recorrió San Spiga, un artista nacido en la Patagonia que pegó en paredes alrededor del mundo las fotos más icónicas de la carrera del Diego.

Por ejemplo, se lo puede ver (en las fotos de Alessandro Brutalcore Pierno, en el Quartieri Spagnoli de Nápoles) festejando un gol con la camiseta del Napoli o haciendo jueguito con la de Boca. Para Nápoles “fue una revolución cultural y social; el sur pobre le ganó al norte rico por primera vez en la historia de Italia. Y no volvió a suceder”, cuenta San Spiga.

Las fotos muestran a Pelusa mezclado entre la gente, siendo parte de la vida en la ciudad. También ganándole en el salto al arquero inglés Peter Shilton en el partido más recordado de la historia de la Selección argentina.

Para Eduardo Longoni, reportero gráfico autor de la foto de La mano de Dios, “los murales son la voz de la gente, la voz del pueblo”, y destaca que “en una dictadura la gente se hace escuchar en las paredes de las calles antes que en cualquier otro lugar”.

SENTIMIENTO MARADONIANO

Esa foto es la síntesis del sentimiento maradoniano. El chiquito que le gana en el salto al grande, la Argentina ganándole a Inglaterra cuatro años después de Malvinas. “No sólo es el mejor jugador de toda la historia del fútbol, sino un tipo que siempre se enfrentó a los poderosos, un tipo que no traicionó nunca su cuna”, acota Longoni. “Entró a la cancha ese día siendo el mejor jugador del mundo y salió siendo un mito”.

La rebeldía maradoniana se expresa también en el trabajo de Uasen Graffiti. En La Matanza, pintó un enorme mural que recorre con precisión de story board el segundo gol a los ingleses en el 86. Mirando con atención se descubre que los carteles del estadio no dicen “Coca-Cola” o “Seiko”, sino “Urbanización ya para Villa Palito”.

De vuelta en Italia, en San Giovanni a Teduccio, el llamado Bronx de Nápoles, el artista callejero Jorit Agoch dejó su huella: el mural de Maradona más grande del mundo. Está en el lateral de un edificio de viviendas populares y, a diferencia de la mayoría de los murales, lo muestra más maduro, en su etapa de técnico de la Selección.

Los barrios ya tenían murales dedicados a Maradona, pero a partir de su muerte la multiplicación fue exponencial. Es que la pared se lleva bien con el sentimiento popular que el Diego despierta en la gente.

Escrito por
Juan Pablo Urfeig
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