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Tala de árboles en San Telmo

El gobierno porteño taló 70 árboles añosos para construir una extensión del Metrobus. Vecinos y organizaciones dicen que la acción era evitable y denuncian un avasallamiento sistemático del patrimonio ambiental, cultural y territorial.

En las últimas semanas, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires taló más de setenta árboles de unos 80 años de edad para ampliar el recorrido del Metrobus en el Bajo porteño. Había ejemplares de plátanos, tipas, jacarandaes y algunos llegaban a tener hasta ocho pisos de alto.

Los árboles que fueron mutilados cumplían la función de mantener el equilibrio ambiental necesario para la zona: refugio del viento y de la lluvia, como también una fuente de oxígeno y sombra para paliar las altas temperaturas.

Las organizaciones sociales denuncian que el proyecto de obra no tuvo en cuenta las necesidades de los vecinos y del barrio. Creen que pudo haber sido más criteriosa, respetando el entorno, tratando de mitigar los impactos negativos que pudiera tener la obra.

“Esa zona ya estaba muy contaminada, la basura es un problema, hay una mala administración de los residuos. Cuando llueve se tapan las alcantarillas y se generan inundaciones”, explica Bárbara Nascimento, integrante de la agrupación Árboles de San Telmo. “El Gobierno se apropia el patrimonio edilicio y territorial de nuestra ciudad y cree que es moneda de cambio”, agrega. 

 

Los árboles prestan servicios ambientales como la absorción de dióxido de carbono y la liberación de oxígeno. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), un árbol grande puede absorber hasta 150 kilos de dióxido de carbono al año. 

El proyecto oficial para la ampliación del Metrobús del Bajo, contemplado para las avenidas Paseo Colón y Almirante Brown, incluye un apartado que proyecta la plantación de árboles “con fines paisajísticos y ambientales”. De todas maneras, los activistas consideran que para lograr equiparar las funcionalidades de los árboles talados es necesario esperar mucho tiempo.

Render del “Proyecto Metrobus del Bajo, Etapa 2”.

“No solo destruyeron estos elementos naturales, tan necesarios para una ciudad que tiene poca calidad ambiental, sino que además destruyeron construcciones de características patrimoniales”, analiza Fabio Márquez, licenciado en Diseño del Paisaje y director de la Comisión de Participación Social de Acumar (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo).

Para la construcción de la nueva traza, el GCBA demolió el edificio Marconetti, construido en 1929, y la sede de la Escuela Taller del Casco Histórico, única estructura que quedaba del año 1900. “Se destruye un edificio patrimonial que forma a personas en oficios para hacer restauraciones en el casco histórico de la ciudad. Es una de esas paradojas casi cínicas”, observa Márquez.  

Proyectos en debate

Las distintas organizaciones que nuclean estos reclamos ya presentaron iniciativas legislativas para el cuidado del patrimonio arbóreo. Fue la legisladora porteña Laura Velasco quien se encargó de redactar un proyecto de ley para modificar la Ley de Arbolado Público.

“Esto no es un hecho aislado, sino un plan sistemático. No existe la perspectiva ambiental en las obras públicas”, escribió la legisladora en su cuenta de Twitter. El documento presentado propone, entre otras medidas, elaborar un manual de poda, trasplante, tala y extracción realizado por especialistas matriculados, y crear un registro de acceso público con la información de cada acción realizada en la ciudad. 

El déficit verde

Un reciente estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) analizó la temperatura de un día de verano en CABA. En un mismo momento del día registraron diferencias de hasta 23 grados en distintos puntos de la ciudad. Alcanzaron los 19 grados centígrados en el norte y los 42 grados en el sur.

Registro del 3 de febrero de 2020, FAUBA. 

“Las ciudades suelen tener temperaturas más elevadas que sus entornos rurales. Este fenómeno se conoce como efecto ‘isla urbana de calor’ y se da por diferentes causas. Una es la falta de vegetación urbana”, explicó la licenciada en Ciencias Ambientales Paula Galansino en diálogo con el portal Sobre la tierra, de la Facultad de Agronomía de la UBA.

La especialista señala que el problema de la ciudad es que en lugar de espacios vegetados se colocan grandes superficies impermeables, como concreto y asfalto, que producen y retienen más calor. 

Luego de la tala indiscriminada, los vecinos del barrio y las agrupaciones se reunieron para realizar un “abrazo simbólico” a uno de los ejemplares que quedó en pie y lograron que no sea extraído.
Nascimento cuenta que desde su agrupación seguirán de cerca el caso y que uno de los objetivos será “cambiar la perspectiva de los vecinos” en relación con el espacio urbano: “Tenemos que dejar de ver un árbol como si fuera un mobiliario y entender que esto nos afecta a todos”.

Escrito por
Juan Piterman
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