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“LOS DATOS SON EL NUEVO PETRÓLEO”

Alfredo Moreno es ingeniero de Tecnologías en Informática y Comunicaciones (TIC) en Arsat y profesor en la Universidad Nacional de Moreno. Reivindica el valor indeclinable de la soberanía digital y destaca las políticas que el Estado argentino despliega en esa dirección.

Arsat se fundó en 2006 como una empresa pública para implementar políticas de Estado en el sector de las telecomunicaciones y para ocupar una posición orbital satelital que la Argentina estaba por perder. Su creación no fue neutral: tiene una carnadura política, que se asienta en un concepto de soberanía aplicado a las nuevas tecnologías. Desde entonces, Arsat brinda servicios a través de sus dos satélites geoestacionarios y busca democratizar el acceso a internet de todos los argentinos a través del despliegue de miles de kilómetros de fibra óptica.

“Así como en su momento se tendieron vías del ferrocarril o rutas que permitieron conectar pueblos o que hubiera desvíos de rutas nacionales o provinciales para entrar a zonas urbanas, del mismo modo se comenzó a desplegar fibra óptica con el objetivo de acortar la brecha digital”, dice Alfredo Moreno, ingeniero de Tecnologías en Informática y Comunicaciones (TIC) en Arsat y profesor TIC en la Universidad Nacional de Moreno.

–¿Cómo llega esa conectividad a la población?

–Arsat es un vendedor mayorista y quienes le compran son las pymes y las cooperativas que, en muchas provincias, son las que quedan en telefonía fija, móvil y también internet. En su momento se la compraban a Telefónica, Claro y Telecom. La aparición de Arsat logró, primero, bajar ese precio, pero sobre todo consiguió que la conectividad llegara a lugares donde no estaban estos dos prestadores. Allí las pymes y las cooperativas tuvieron un gran impulso y empezaron a comprar para vender en las casas, escuelas, comisarías, hospitales de pueblos de mil a cinco mil habitantes que no tenían nada.

–¿Cómo se entiende la cuestión de la conectividad y el acceso a datos en términos de soberanía?

–Arsat creó el Centro Nacional de Datos, comúnmente conocido como Data Center, que tiene la certificación internacional más alta de la Argentina y, diría, de Latinoamérica. Este data center se pensó para que fuese el gran centro de cómputos del Estado nacional y así lograr que todas las gobernaciones, municipios, etcétera, tuvieran, en este centro de datos, el equipamiento y la conectividad de internet que necesitasen. Así se empezó a trabajar hasta que cambió la gestión. Durante el gobierno de Cambiemos se intentó, a través del Ministerio de Modernización que comandaba Andrés Ibarra, que todos los datos del Estado pasaran a la nube de Amazon. Felizmente no lo pudieron conseguir. Ahora es el momento de pensar en la soberanía de los datos.

–¿Por qué es importante pensarlo así?

–Cuando uno trabaja y almacena en la nube, esos datos pueden estar en cualquier servidor de la empresa que provee a la nube. Por ejemplo: Google tiene unos diez data centers distribuidos en todo el mundo, interconectados con su propia fibra óptica. Al utilizar Google Docs, ese documento puede estar guardado en Asia, Europa, América latina, Norteamérica o en Europa del Este. ¿Qué significa? Que esos datos están fuera del alcance de las leyes nacionales y pueden ser observados. La letra chica de Google, Microsoft y demás empresas globales dice que, ante una situación de conflicto internacional, todo se tiene que ajustar a las leyes de residencia jurídica de esas empresas, que están en Nueva York, Washington o California, por lo tanto deben ajustarse a las leyes estadounidenses que obligan a las empresas a abrir esos datos para ser observados y analizados por las fuerzas de seguridad. Todos los datos del Estado argentino y de sus habitantes se tendrían que almacenar en el data center de Arsat, para garantizar que están en el territorio nacional y que el Estado es garante de esos datos, como hoy en día lo es de los datos que están en el Registro Nacional de las Personas.

–¿Qué significa que Arsat tenga una nube?

–Que podés acceder a lo que tengas ahí mientras cuentes con una conexión a internet. Pero para eso tenés que tener buena conectividad. En la Argentina, todavía es un problema. Arsat había dispuesto esto porque es una forma de optimizar el uso y el rinde que tiene la tecnología. Que tenga un servicio en la nube implica que puede competir con cualquier proveedor global, con la ventaja de que sabés que la nube de Arsat está en Benavídez, Argentina. Esa es la diferencia, sabés que vas a un camino de posible soberanía de los datos.

–¿Qué es y cómo se relaciona con esto la llamada “internet de las cosas”?

–Es la tecnología que tiene sensores que se pueden colocar en distintos dispositivos con el fin de recolectar datos y transferirlos. Se los puede poner en un silobolsa donde retienen soja, en máquinas donde están perforando chapas, en relojes que usa la gente cuando corre para monitorear la frecuencia respiratoria, en los holter digitales para control cardíaco, en la industria textil… Estos sensores van pasando datos de lo que están monitoreando: pulso sanguíneo, frecuencia cardíaca, niveles de respiración, velocidad de freno con la zapatilla, cuántos remaches puso la máquina, temperatura, falta de aceite… Todo esto se transfiere y sobre eso se hace el análisis de datos, que se conoce como Big Data, que es una especialidad en sí misma. Pero con estos datos las empresas pueden conocer mucho más que lo que justificó la instalación del sensor, porque los datos se pueden leer con distintas miradas profesionales. Entonces, a partir de ahí se van configurando situaciones que pueden ser complicadas para la población. En ese punto estamos.

–¿Por ejemplo?

–Estas empresas concentradas son dueñas de los dispositivos donde se hacen estas transferencias, y de las plataformas donde se almacenan estas transferencias, y del software que se utiliza para hacer el Big Data. Por lo tanto, tienen la posibilidad de revender esa información a otras empresas, a las que les pueden interesar otras cosas. Por ejemplo, un seguro médico puede saber que una persona de 25 años con determinada frecuencia cardíaca puede llegar a tener problemas cardiológicos a los 50; entonces, el seguro médico va a pensar políticas de pago distintas.

–¿El territorio digital tiene su soberanía como lo tiene el territorio analógico?

–Un río en una provincia, ¿de quién es? ¿Del que compró el terreno o de la provincia? Si es de la provincia, es público, y si pasa por un terreno privado, el dueño tiene que habilitar el acceso al público. En el terreno digital, los conceptos son iguales pero sobre otras cuestiones: los datos y el acceso a la conectividad y a los dispositivos. Para el mundo que se está configurando, los datos son el nuevo petróleo, porque todo va a pasar por ahí.

Escrito por
Virginia Poblet
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