• Buscar
           

“CUANDO MURIÓ ME SENTÍ DESPOJADA DE UN PRESENTE Y UN FUTURO MARAVILLOSO”

Estela Barnes de Carlotto es la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y un bastión que nos enseñó a mantener vivas la memoria, la verdad y la justicia. En este reportaje revela lo que significó Néstor Kirchner para ella y reflexiona sobre su legado.

“En la vejez una pierde la memoria. No recuerdo con precisión todos los actos, los festejos, las conmemoraciones y los abrazos que nos dimos con Néstor Kirchner. Tengo muchos años, he hecho muchas cosas y tengo la memoria completamente gastada”, advierte por teléfono Estela Barnes de Carlotto, la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, la institución bastión que nos enseñó a mantener vivas la memoria, la verdad y la justicia. Sin embargo, el afecto le hará surgir anécdotas y recuerdos nítidos del presidente que Estela abrazó como a un hijo, como la última vez que habló con él: “El 22 de octubre de 2010, Néstor y Cristina me llamaron a casa para desearme feliz cumpleaños. Me habían mandado plantas y bombones y quedamos en que pronto nos íbamos a ver. Menos de una semana después me enteré de su fallecimiento por televisión. Ay, me agarró un ataque. Empezamos a reunir a la familia acá en casa, ¡yo había hablado con él cinco días antes! Ese día comimos los bombones a modo de despedida, llorando y abrazándonos. En el velorio estuve al lado de Cristina, y mis nietos, todos militantes, estaban en la calle haciendo la cola: el amor que tenían por ese hombre era entrañable. Le di mi pañuelo a Cristina para que lo pusiera en el féretro. Después fui a Río Gallegos, al entierro; estuve con su madre, con su hermana Alicia. Me sentí despojada de un presente y un futuro maravillosos”.

–¿Cuándo se conocieron personalmente?

–A Cristina la conocía de hacía bastante, ella ya era parlamentaria y habíamos coincidido en varias actividades. Cuando Néstor estaba por asumir la presidencia, Cristina me invitó a su casa. Estábamos tomando el té y de repente se abre una puerta y aparece primero la nariz, que era la forma en que él entraba, y después su cara, con ese ojo medio torcido, y nos dice: “Disculpen que las interrumpa, tengo que decirle algo a Cristina”. Nos saludamos y le dice: “Me voy a ir a comprar zapatos para la ceremonia”.

Cristina Kirchner: –No te compres mocasines.

Néstor Kirchner: –Sí, me voy a comprar mocasines.

C. K.: –Ay, Néstor. Por lo menos que no tengan hebilla, que sean más serios.

–Ese fue el diálogo que escuché. Después nos invitó a la ceremonia de asunción.

–“Llegamos sin rencores pero con memoria”, pronunció en su primer discurso.

–Él con sus palabras no mostró guerra, sino paz. Néstor tenía una predilección especial por la gente de los derechos humanos, por las Madres, por las Abuelas. No tengo memoria de todos los actos, escenarios y festejos que compartimos con él. Nos abrazaba, era una persona muy afectiva, muy cálida y muy segura de sus actos. A Néstor lo sentía como a un compañero de mis hijos, y cuando me pasa eso con alguien, hablo sin pruritos. En una reunión con todos los organismos, habrá sido en 2004, yo tenía un encargo de mi gran amiga Clelia Luro, la esposa del obispo Jerónimo Podestá, uno de los pocos hombres de bien de la Iglesia, como Jorge Novak, que nos ayudaron y nos cuidaron. Clelia era muy amiga de Jorge Bergoglio. Cuando se hizo el primer tedeum, Bergoglio fue medio fuerte y Néstor se enojó de tal manera que nunca más lo quiso ver ni tampoco hacer los tedeums en la Catedral de Buenos Aires. Un día que yo tenía un evento con Presidencia y los organismos, Clelia me dio una tarjetita para dársela a Néstor. Allí le solicitaba que se reuniera con Bergoglio porque era un sacerdote bueno y tatatá. Me sentaron al lado de él, como siempre, y le dije: “Néstor, traigo una tarjetita de una gran amiga mía que es amiga de Bergoglio”. Se puso tieso y empezó a farfullar, no sé bien las cosas que me dijo, y yo le respondí: “Pero, Néstor, es el arzobispo de Buenos Aires, una autoridad,¿cómo no se va a reunir con él el presidente? Usted parece un muchacho setentista”. Después, cuando me di cuenta de lo que le había dicho al presidente, me quise morir. “Néstor, ¿no se ofendió por lo que le dije?” “¡No, Estela, por favor!”, y me abrazó. Fue como un reto de una madre a un hijo.

–Hay grandes hitos en su presidencia: cuando pidió perdón en nombre del Estado nacional en la ex ESMA, cuando bajó los cuadros de Videla y Bignone…

–Abrir la ex ESMA fue de un simbolismo tremendo. Recuerdo que me daba miedo pisar el pasto, tenía temor de estar pisando tumbas. Él siempre hacía cosas de un peso histórico. Un sábado yo estaba en casa barriendo el patio y me llamó Oscar Parrilli. “Néstor quiere que lo acompañe a bajar los cuadros de la Casa Militar”, me dijo. Yo me quedé dura, con el escobillón en la mano, era bravo lo que me estaba diciendo. Lo pensé un poco y le dije: “Parrilli, dígale a Néstor que le agradezco mucho, pero no voy a ir, sería una provocación que yo fuera”. No me hubiera sentido cómoda, mi gestión no era sacar cuadros, mi gestión es luchar para que todos esos vayan a la cárcel.

–¿A partir de Néstor y Cristina hubo un boom de personas que tocaron la puerta de Abuelas en busca de su identidad?

–Los de Néstor y Cristina fueron años de más encuentros, sí, porque se garantizaba la privacidad que queríamos preservar. Una cosa era cuando los nietos eran chiquititos y tenía que intervenir un juez de menores, pero la mayoría de edad ya le da autodeterminación al que se supone que es un nieto y a veces no quiere saber nada. Nuestro procedimiento siempre ha sido respetuoso: después, en algún momento tiene que intervenir la Justicia, que cambia con cada gobierno. Nosotros también progresamos mucho como institución.

–¿Florecieron mil flores?

–Tenemos una juventud activa, maravillosa, por los temas que quieras: por la secundaria, por los derechos de la mujer, por la igualdad. Nosotros aplaudimos cada actividad y siempre advertimos que sea sin violencia. Todo lo contrario a estas marchas que hace esa gente que desafía al virus, que deshonra la bandera usándola de poncho. Ellos se quieren limpiar la conciencia engañando, poniéndose esa careta de patriotas. La patria somos todos los que la habitamos. Hacen esas marchas y lo que logran es contagiarse y contagiar a otros. Lo peor es la agresividad que tienen. Nosotros les insistimos a los chicos que se manifiesten sin violencia, porque la violencia demuestra que no tenés poder. Felizmente, ahora estamos con un gobierno que nos escucha y que está luchando a brazo partido por la deuda externa, las fábricas, las cosechas, los hospitales y el tema del virus.

–¿Qué nos legó Néstor?

–Néstor es como un hijo nuestro y el legado es el mismo que dejaron nuestros hijos: dar la vida, si fuera necesario, por salvar a la patria. Y él la dio; evidentemente murió tan temprano porque se gastó mucho antes de tiempo. Con mi esposo teníamos todo listo para sacar del país a mi hija Laura, a la que asesinaron, a la que le robaron el bebé, ¡las que habrá pasado en esa prisión clandestina! Pero ella me dijo: “Mamá, no me voy a ir, mi lucha está acá, mi misión está acá, tenemos un proyecto de vida. Nadie quiere morir, es probable que mueran miles, pero nuestra muerte no va a ser en vano”. Tenía 19 años y daba la vida por la justicia social. Néstor está entre ellos como ese hijo bendito que militó, que por suerte se salvó y después salvó a la patria. Néstor cumplió con el deseo de aquellos que no viven y que todavía no sabemos dónde están.

Escrito por
Virginia Poblet
Ver todos los artículos
Invalid OAuth access token.
Escrito por Virginia Poblet
A %d blogueros les gusta esto: