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“NÉSTOR PROCURÓ UNA AGENDA PROGESISTA, DIVERSA”

El director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas LGBT+, Esteban Paulón, recuerda a Kirchner como a uno de los más grandes promotores del consenso previo que fue preciso construir para lograr la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario, que dio pie a nuevas normas en el sentido de la ampliación de derechos.

“Néstor Kirchner tuvo la inteligencia y la sensibilidad política de plantear una agenda transversal de temas que permitieran construir distintas mayorías, de normas ligadas a ampliaciones de derechos reclamados durante décadas”. En pocas palabras, casi al vuelo, Esteban Paulón define a un hombre, a un momento histórico y a un movimiento que generó conquistas allí donde imperaba el vacío. El 21 de julio de 2010, Paulón, actual director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas LGBT+, era uno de los referentes de la Federación Argentina LGBT que, con María Rachid y Claudia Baudracco, sostuvieron esa bandera junto a Cristina Fernández, cuando promulgó la Ley de Matrimonio Igualitario en el Salón de les Patriotas y ante la mirada valiente de su marido. Aquella ley de la que Néstor se había ocupado casi transgresoramente, “juntando voto por voto”, y que CFK reconoció como un hito fundamental en el camino a la igualdad. “No hemos promulgado una ley –dijo entonces–, hemos promulgado una construcción social transversal, diversa, plural, y le pertenece a quienes la construyeron, la sociedad”.

–¿Recordás esa trama legislativa con Néstor como diputado?

–Néstor fue capaz de reponerse de una derrota electoral con Francisco de Narváez en 2009 y salir a buscar una mayoría pensando en una agenda que alterara la debilidad en la que había quedado el kirchnerismo en ese momento. En la campaña de ese año fue uno de los pocos candidatos de la primera línea que hablaron abiertamente a favor de la Ley de Matrimonio Igualitario. En 2005, desde la Federación LGBT ya habíamos lanzado nuestra campaña y un manifiesto de reivindicaciones que incluía la Ley de Identidad de Género, pero recuerdo que tanto él como su gabinete planteaban la necesidad de construir consenso y un marco social previo.

–¿Cómo se logró esa articulación entre las organizaciones y el kirchnerismo?

–Funcionó muy bien un trabajo a conciencia por parte de los movimientos sociales, en este caso de la Federación LGBT, que lideró toda la campaña por el matrimonio igualitario. Pudimos generar condiciones que se unieron a la necesidad política de construir esa mayoría transversal, en un diálogo permanente con el Gobierno y con sectores de la oposición, y el sentido de oportunidad y la decisión política de Néstor al ver que era un tema que le permitía retomar la iniciativa política y partir a la oposición en el Congreso. Él procuró una agenda progresista, diversa, que permitiera ir desarmando las mayorías que se habían constituido y construir otras mayorías para proyectos de esta índole.

–Fue revolucionario entender la visibilidad como una herramienta política.

–Las organizaciones lo teníamos claro. Nuestra política es visibilizar para transformar la realidad y para que la gente aprenda a convivir y a reconocer que la diversidad es parte de la sociedad. Néstor comprendió que socialmente estos temas no eran piantavotos. Supo ver que había que animárseles, no restaban. Con el matrimonio igualitario, si bien había sectores de algunas provincias que no querían votarlo, cuando la ley se aprobó fue un tema que consolidó las adhesiones a los espacios políticos que la acompañaron.

–Y que contaba con una aprobación social mayoritaria.

–Cualquier encuesta que hagas ahora te va a dar 25 puntos más que en ese momento. Parte de eso también termina impactando en que en 2012 la Ley de Identidad de Género se aprueba prácticamente sin debate parlamentario, por unanimidad en el Senado, con una abstención. Hubo una ola muy fuerte, el matrimonio fue el emblema de un movimiento por la igualdad y por la diversidad, que va más allá de la cuestión de la sexualidad, y Néstor lo advirtió de inmediato. Le dio visibilidad porque sabía que iba a generar un impacto positivo en la agenda pública. No por nada es la única ley que votó.

–Alguna vez dijiste que se convirtieron en causas abrazadas por todo el colectivo social.

–Primero, lo que era matrimonio gay en la Argentina se transformó en matrimonio igualitario. Se dejó de pensar en una ley que en su propio nombre identificaba la causa de un colectivo específico, para vislumbrar una ley que identificaba una causa por la igualdad social. Esa nominación cataliza todo un movimiento de la diversidad que logró romper el cerco de “nuestras leyes”: pasaron a ser los temas de la sociedad. La sociedad sintió que era una ley que nos mejoraba, porque las normas que amplían derechos producen ese efecto. Tenés que ser medio malparido para querer estar en los lugares del odio, de la discriminación.

–Y como decías, pesó la decisión política de Néstor y de Cristina de sostener y hacer carne esas leyes.

–En lo gestual, en lo simbólico y en lo concreto. El Gobierno se hizo cargo y eso también se reflejó en otras leyes que vinieron después y recogieron estos principios. Reproducción asistida, salud mental, uniones convivenciales, la ley de femicidio cuando se incorpora el agravante crimen de odio por orientación sexual, identidad de género. Todo esto terminó impregnando la agenda política, y tiene que ver la actitud del Estado. Un ejemplo es la ceremonia de promulgación de la Ley de Matrimonio Igualitario, que fue destacada y relevante. Hubo un hacerse cargo del Gobierno, de Cristina cuando dijo en su discurso que esta ley nos mejora como sociedad. A partir de ahí no existió intendente que no quisiera estar en el primer matrimonio igualitario de su pueblo (risas).

–¿Qué atesorás de la noche en que el matrimonio igualitario se convirtió en ley?

–De la helada madrugada del 14/15 de julio, querrás decir, y muy calientes los corazones. Había fragor y mucha expectativa, hasta que se sentó en su banca Carlos Saúl (Menem), dio quorum a las 2 de la tarde y después se levantó para no votar en contra. Nos miramos todes y dijimos “ya está” (risas). Después, algunos senadores se retobaron, pero el Gobierno no iba a exponerse a una derrota política en el Senado y había movido las fichas que debían moverse. La pelota ya estaba en la cancha y no hubo vuelta atrás. Recuerdo que iba todo el tiempo del recinto a la plaza. Cuando se aprobó la ley, corrí hasta el escenario montado frente al Congreso, escuché por los altoparlantes “el matrimonio gay es ley en la Argentina”, y fui testigo de una explosión popular conmovedora. Esa energía contenida pudo liberarse en un grito de llanto y celebración colectiva. Fue una noche mágica y agradeceré toda la vida haber estado ahí. Muches que lo vivían en silencio, en el armario, a partir de ese derecho ganado y esa plaza se sintieron parte de algo más grande. Nos dio y nos sigue dando mucha fuerza. Más allá del activismo, con la aprobación de la ley, esa noche nacimos como colectivo social.

Escrito por
Roxana Sandá
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