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“LOS GOBIERNOS DEJARON UN POCO DE LADO A LA CIENCIA”

Laura Bover es doctora en Química Biológica, trabajó en nuestro país durante 30 años y ahora dirige un laboratorio en Houston. Es una de las investigadoras y promotoras del tratamiento con plasma de enfermos de covid-19 recuperados.

En 1918 no había cura ni tratamiento para la llamada “gripe española”. Por eso la enfermedad se expandió rápidamente por todo el mundo infectando a un tercio de la población mundial y matando a más de 40 millones de personas. En ese momento era muy poco lo que se sabía acerca de los virus. Durante esa pandemia se probó un nuevo tratamiento: la transfusión de plasma. Con este sistema se filtra la sangre de una persona que se recuperó de la enfermedad y se separan los glóbulos blancos, rojos y las plaquetas –que vuelven al paciente– del resto. Ese líquido amarillento que se obtiene es el plasma y contiene anticuerpos específicos contra la enfermedad a tratar. Hoy, a más de seis meses de iniciada la pandemia por la covid-19, este viejo método retoma vigencia.

Laura Bover es doctora en Química Biológica, formada en la Argentina en inmunología e inmunoterapia. Trabajó en el país durante 30 años. Veinticinco de ellos en el Instituto Leloir, para el Conicet. Ahora vive en Houston y dirige un laboratorio en el Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas. El 28 de marzo leyó que un hospital vecino había hecho la primera transfusión de plasma en Estados Unidos. Al día siguiente armó un grupo de WhatsApp con amigos y conocidos –médicos y científicos que trabajan en este proyecto ad honorem– para promover el uso en el país del tratamiento con plasma de convalecientes de covid-19.

–¿Conocía este tratamiento antes de la pandemia de coronavirus?

–Lo conocía. En enero empecé a pensar “ojalá en China se les esté ocurriendo juntar plasma”, como en cada pandemia que ha habido. Se ha utilizado en prácticamente todas (la gripe española de 1918, la del SARS en 2003, la del MERS en 2018) con distintos resultados, porque el virus es distinto. Lo mismo para este virus. Todas las terapias son experimentales, porque por más que sea un medicamento conocido, no sabés cómo va actuar con este virus que se comporta diferente. Y lo mismo ocurre ahora. No sabíamos qué iba a ocurrir, si iba a ser efectivo o no.

–¿Qué fue lo primero que hicieron en el grupo?

–Junto con otra investigadora de Estados Unidos tradujimos un protocolo de utilización de plasma de pacientes con covid-19 que habían hecho de acceso libre en el Centro Johns Hopkins. El protocolo que usamos era para pacientes severos y críticos, porque fue lo que yo estimé en ese momento que iban a ser los que menos posibilidades tendrían con respecto a otros medicamentos. Además de traducirlo, lo hicimos público.

–¿De qué manera?

–Nos pusimos en contacto con la Dirección de Sangre y Medicina Transfusional del Ministerio de Salud de la Nación y le entregamos los protocolos, a la vez que los hicimos públicos en la web, de manera de que cualquier hospital, provincia o incluso país pudieran usarlos. Se los facilitamos a los hospitales para que pudieran hacer sus propios protocolos bajando el nuestro y modificándolo de acuerdo con sus requisitos y necesidades. Lo distribuimos en Bolivia, Chile, Perú, Colombia, México y Ecuador.

–¿Hay mejores y peores donantes?

–No todos los plasmas son iguales. Es muy importante saber la cantidad de anticuerpos contra el virus que tiene el plasma de cada donante. Porque hace seis meses no se sabía tanto. Ahora ya se sabe que a más alto título (valor de laboratorio), más cantidad de anticuerpos en el plasma. Ese plasma es más rico y mejor, y va a producir más efectos beneficiosos en el paciente. Eso hubo que agregarlo a los protocolos. En los pacientes que son asintomáticos o que tienen muy pocos síntomas, la cantidad de anticuerpos contra el virus es baja comparada con un paciente que tomó mayor implicancia en la enfermedad, que haya tenido mayores síntomas o que incluso haya sido hospitalizado.

–Con esta nueva variable en consideración, ¿el tratamiento es más efectivo?

–Al principio se daba el plasma a ciegas, porque no tenían los kits de laboratorio para determinar la cantidad de anticuerpos. En el Leloir se desarrolló el kit a través del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Ahora están en todo el país y se puede determinar en el plasma qué cantidad de anticuerpos tiene. Con la experiencia aprendimos que un buen valor es 1/800. Al principio se usaba 1/400, 1/200… Se usaba todo. Pero la eficacia era menor y no se sabía por qué.

–¿Cuándo se empezó a usar en la Argentina?

–Primero fue en algunos pacientes en hospitales privados de CABA, pero nos enteramos cuando ya había ocurrido. Oficialmente, en la provincia de Buenos Aires, el 15 de mayo. Se empezó a aplicar a pacientes severos y críticos, pero también al personal de salud porque se sabe que cuando un médico o un enfermero se contagian van a tener una carga viral importante. Y en todo este período se supo también que la cantidad de virus en el cuerpo es crucial para determinar la gravedad de la enfermedad: a mayor carga viral, el paciente va a evolucionar peor. El personal de salud respondió maravillosamente porque se les administra temprano. Eso ayudó también a determinar que cuanto antes se administra el plasma es más eficaz. Al principio se usaba para pacientes graves. Ahora se utiliza en todo el rango, desde leves hasta graves. El problema que existe es que el plasma está escaseando, se necesita que la gente done.

–¿Siente que la ciencia vuelve a un primer plano en este momento?

–¡Oh, sí! No sé si vuelve, entra con todo. Pienso que también los gobiernos dejaron un poco de lado a la ciencia. En los 30 años que yo trabajé en la Argentina hacíamos todo lo posible, no teníamos subsidios, los sueldos eran bajos. No se valoraba, porque no se veía cómo lo que uno producía en el laboratorio se traducía en algo que le pudiera servir a todo el mundo. A veces lo que descubrís en el laboratorio no te da una respuesta inmediata o un beneficio económico para el país, pero sí te ayuda a entender una enfermedad, un metabolismo. Y eso es lo que este virus nos está mostrando. Nos está mostrando a la humanidad cómo algo que se inicia en un laboratorio puede ser útil para salvar vidas.

Escrito por
Juan Pablo Urfeig
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