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Caras y Caretas

           

“Soy una actriz a la que le gusta cantar”

Foto: Claudina Oliver

Rita Cortese dará una serie de conciertos en la ciudad de Buenos Aires. En esta entrevista cuenta detalles sobre esas presentaciones, habla sobre sus trabajos más recientes y sobre el estado de la cultura.

Rita Cortese es una actriz popular, y este adjetivo no habla solo del interés que tiene el público en su trabajo sino también de un modo de posicionarse como artista en la impronta que otorga a sus personajes y en la cercanía que tiene con los intereses, el habla y el gusto de las mayorías. Esto hace que su trabajo siempre tenga algo de cercanía y empatía en ese vínculo tan particular que se genera entre artista y espectador.

Desde hace años combina su trabajo como actriz con conciertos como cantante, donde predomina el tango, aunque no es el único género que recorre. En los próximos meses se presentará en distintos espacios porteños con un nuevo espectáculo, donde como siempre los espectadores podrán encontrarse con una interpretación muy personal e íntima, que bucea en tradiciones, en nuevas formas y letras que le permitan contar algo, dejar un color, como ella dice en esta conversación con Caras y Caretas.

Cortese está preparando conciertos en la ciudad de Buenos Aires, en La Carbonera (Carlos Calvo 299, los sábados 5 y 12 de septiembre), en Café Berlín (avenida San Martín 6656, el 13 de noviembre) y en el Torquato Tasso (Defensa 1575, el 11 de diciembre). Sobre lo que presentará en estas fechas, su relación con el canto y con el público y su mirada para este tiempo político conversamos en la entrevista.

–¿Cómo van a ser los conciertos de los próximos meses?

–Arrancamos en septiembre en La Carbonera, un lugar precioso en el que voy a cantar por primera vez. Voy a estar con Aldo Vallejos en la guitarra y Sebastián Zasali en piano y bandoneón. Cada vez que armo un concierto necesito encontrar el comienzo del espectáculo, alojar el espectáculo en algún lado. Pero este es un tiempo particular y me costó bastante, pero finalmente lo encontré. A partir de ahí todo va fluyendo, así que creo que va a ser algo lindo lo que compartiremos en este tiempo difícil que estamos viviendo.

–¿Con qué repertorio nos encontraremos en estos conciertos?

–Por suerte vamos a tener muchas cosas nuevas, pero lo estamos armando todavía, porque ensayamos mucho para que eso ocurra. Para conseguir un comienzo que me interpele y que me interprete. Finalmente, el repertorio termina saliendo de lo que necesita mi alma decir, para eso pretendo ser una artista. Pretendo, pretendí, pretenderé. Como muy bien decía Zito Lema, siempre lo cito a Zito, “el arte no detiene la mano de quien humilla la vida, pero sí te muestra la herida”. No me puedo subir vacía al escenario, porque el escenario no es decorativo. Y yo mucho menos decorativa que el escenario. Pretendo subir al escenario para algo. Para ser feliz, por supuesto, obvio, pero fundamentalmente para alguna almita tocar, quiero poner alguna cosita, un color.

–Sobre el escenario construís un lindo diálogo con el público. ¿Cómo es esa relación y cómo la percibís desde tu lugar?

–El escenario es un estar. Estás con todo, estás con el cuerpo, con el alma, con el corazón; y si no, no estés. Ahí estamos todos iguales. Yo puedo mandar más, porque siempre parecería que el escenario da mucho poder, pero el que tiene el poder es el público. Yo tengo una gran vulnerabilidad. Uno está mostrándose ahí, expuesta a las balas, digamos. Como ha pasado tantas veces. El escenario no es para subir a decir pavadas. Personalmente me gusta que se arme algo, quiero que la gente sepa quién soy, qué pienso, no porque tenga alguna verdad, sino porque quiero que funcione como un encuentro que nos haga pensar, que se genere un ida y vuelta, porque la gente que viene necesita también ser escuchada, ser mirada, ser interpretada. Y nosotros también, porque al fin y al cabo somos gente, ¿no?

–Aunque hace años que te escuchamos cantar, para muchos sos una actriz conocida. ¿Cuándo te encontraste con el canto?

–No me considero una cantante, te confieso. Me considero una actriz que canta. ¿Sabés quién lo descubrió en mí? Jaime Kogan. Yo cantaba porque me gustaba. En mi generación en todas las casas había una guitarra o un piano. Era muy común lo musical. Como dice Thomas Bernhard sobre Austria en la obra que dirijo e interpretan Julieta Cardinali y Vera Spinetta (No tiene un desgarrón), “este es un pueblo musical y seguirá siendo un pueblo musical”. Argentina es profundamente musical. Y como yo cantaba, Jaime siempre me hacía cantar. Ahí empecé. Y me gustaba. Es cierto que en el teatro mi tarea era fundamentalmente como actriz. Pero me subo el escenario y canto. Soy una actriz a la que le gusta cantar, y canta.

Foto: Claudina Oliver

–¿En tus conciertos aparece la actriz cantando, o no usás esos recursos?

–La actriz nunca se va, porque soy eso fundamentalmente. Pero no es que interpreto los temas como una actriz. No subrayo eso, les tengo mucho respeto a los que cantan muy bien.

–En los últimos años tuvimos la suerte de verte en películas y series. ¿Estás trabajando en algo o hay algo que todavía no se haya estrenado?

–Hace dos meses terminé una película con Damián Szifron. En principio se llama El sobrino, donde trabajé con Leo Sbaraglia y Valeria Lois. Szifron es siempre intenso e interesante, a mí me gusta mucho, es un gran director. También estuve en Uruguay filmando, y también hice Cautiva con Paula Hernández. Este fue un año de mucho trabajo, muy intenso. Hay características que a mí me protegen mucho con el trabajo: la edad, que todavía me acuerdo la letra, y que la gente más o menos me elige. Son tres puntos importantes, que me ayudan, porque actores inconmensurables, divinos, jóvenes o de media edad, hay montones.

–Mencionaste que la gente necesita ser mirada y escuchada, y eso es parte de este momento político en el que el artista encarna a un sujeto público con el que hay una conexión, empatía y afecto, algo que no ocurre tanto con otras formas de representación.

–Sí, el arte siempre tuvo eso, y si no lo tiene es decoración. Hay una sola cosa en la vida que es importante para que eso se replique, que es tratar de ser feliz. Y tratar de ser feliz implica comer todos los días, tener un baño todos los días, tener tu dinero para llegar a fin de mes, poder dar educación a tus hijos. No estamos hablando de grandes cosas. Esas son las necesidades básicas. Estamos viviendo un tiempo complicado. Estamos frente a una tercera contienda mundial. Rara, diferente, alejada, como cada uno la entienda, pero en ese punto estamos. Tenemos un gobierno, votado por el pueblo, que es desconcertante, y tiene, y tuvo siempre un proyecto de exterminio organizado en función de las grandes potencias. Me acuerdo de la señora Mondino, cuando era canciller, diciendo que no habría luz y habría que comprar generadores. Ella dijo, muy suelta de cuerpo, que “no hay pa’ todos”. Lo dijo desde ese lugar, muy camperamente. Ese es el proyecto. Algunos van a vivir, otros no. Y parecería que se está aceptando ese concepto.

–En el programa de Mirtha Legrand, hablando sobre los jubilados, dijo que como son personas grandes se van a morir pronto.

–Claro, mirá qué lindo (se ríe). Como escribió Borges, Manuel Flores va a morir / eso es moneda corriente / morir es una costumbre / que sabe tener la gente.

–¿Qué pensás de este momento de la cultura en general, más allá de las políticas de Milei?

–La cultura está en todo, también es lo que comemos, cómo comemos, con quién comemos. Una cosa es el arte, otra cosa es la cultura, otra cosa es el mundo del espectáculo. Empecemos a diferenciarlos, porque si no mezclamos todo, algo que nos pasa mucho. La cultura es una manera de vivir, es el punto de vista de la vida. Estamos en un momento cultural internacional de guerra. Es un momento de gran retroceso, donde nuestras almitas están dolidas y un poco perdidas. Hay desesperación, mucha gente está desesperada por tener un plato de comida para sus hijos, provocada, insisto, por un gobierno de exterminio votado por el pueblo argentino. Entonces, creo que nos falta una profunda reflexión. Ellos saben muy bien lo que tienen que hacer. Eso está clarísimo. Los que tenemos que reflexionar somos nosotros. De verdad, sin miedo. No les tengamos miedo a las palabras. No le tengamos miedo a lo que conseguimos y no le tengamos miedo a lo que perdimos. Y por qué y para qué. Y cuáles son nuestros agujeros negros. Reflexionemos, estudiemos. No repliquemos.

–Tuviste una participación muy activa dentro del peronismo y particularmente en el kirchnerismo. ¿Cómo estás viviendo este momento?

–Estuve en el Instituto Patria y con mucha convicción. Creo que lo único que tiene que haber es encuentro, debate entre nosotros, profundo, verdadero, auténtico. Dejar claro qué sí, qué no y qué ni. Hasta dónde llegamos, a qué no llegamos. El proyecto es un proyecto de inclusión y no de exclusión, como es el de Milei. El peronismo siempre lo intentó y lo logró. Tengamos en cuenta que es un momento de posverdad, muy complejo, que nosotros podemos analizar. Pero el señor que se levanta todos los días a las cuatro de la mañana para tomar dos trenes, que no le alcanza la plata, que no le pagan, que no puede pagar el alquiler, que padece el hospital público desfinanciado, ¿vos creés que quiere, que puede, que tiene tiempo y el alma predispuesta para sobreponerse y batallar? ¿Qué queremos? ¿Héroes? Ya lo decía Brecht, desdichado del país que necesita héroes. Lamentablemente esto es lo que votó el pueblo argentino en su mayoría. Pero creo que se está dando cuenta.

Escrito por
Daniel Cholakian
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