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Caras y Caretas

           

“A mi hija se la llevaron viva”

Desde el 25 de junio de 2025 Vanessa Gámez busca a su hija Ana Amelí García Gámez, vista por última vez en el Ajusco, al sur del DF. El caso se enmarca en la profunda crisis de desapariciones que atraviesa México.

Ana Amelí García Gámez, estudiante de 19 años de Biología y Arte, desapareció el 12 de junio de 2025 en el Pico del Águila, en el Ajusco, al sur de la Ciudad de México. Desde entonces, su familia la busca ante la falta de avances en la investigación de las autoridades capitalinas. Su madre, Vanessa Gámez, sostiene que el caso de Ana Amelí no puede entenderse como un hecho aislado, sino como parte de la profunda crisis de desapariciones que atraviesa México. En esta entrevista, reconstruye las últimas horas conocidas de su hija, explica por qué considera al Ajusco una zona especialmente vulnerable y denuncia graves fallas en los mecanismos de búsqueda e investigación. Su reclamo es inequívoco: no busca restos. Sostiene que Ana Amelí fue privada de su libertad y exige que el Estado la busque con vida, utilizando todos los recursos de inteligencia, investigación y tecnología disponibles. En el marco del Mundial 2026, Vanessa volvió a visibilizar el caso y a interpelar a un país preparado para mostrarse ante el mundo mientras miles de familias continúan buscando a sus desaparecidos.

–¿Quién es Ana Amelí y por qué su desaparición rompe con la narrativa que suele construirse sobre las víctimas?

–Ana Amelí es una estudiante de 19 años de Biología y también estudiaba Arte. Una excelente hija: amorosa, cariñosa, muy preocupada por el ambiente, ambientalista y ecologista, y sobre todo buscaba el bien en la gente. Vivíamos en una especie de burbuja donde sentíamos que nada podía pasarnos. Su desaparición demuestra que esto ya rebasó cualquier explicación simplista. Durante años se quiso instalar que quienes desaparecen están vinculados al narcotráfico, a bandas o a situaciones delictivas. Ana Amelí no tiene nada que ver con esa narrativa.

–¿Qué se sabe de lo que ocurrió el día de su desaparición en el Ajusco?

–Ella sube hacia el Pico del Águila. En un punto llamado Cruz del Marqués se encuentra con tres mujeres y se toma una fotografía con ellas. Después se separan: ellas bajan y Ana Amelí continúa sola. A mí me parece fundamental ese momento, porque queda claro que quienes estaban allí pudieron advertir que ella iba sola. Desde el primer día, al ver las fotografías, dije que había que investigar esa circunstancia. Nunca encontramos su celular y tampoco apareció una pista concluyente sobre su paradero.

–¿Por qué el Ajusco es un territorio tan difícil de controlar?

–Es una zona enorme, volcánica, con mala recepción de telefonía e internet. Hay cientos de senderos, algunos conocidos y otros que solamente conoce la población local; hay cuevas, hundimientos y sectores completamente oscuros. Además, conecta con el Estado de México y Morelos. Todo eso hace que sea un territorio muy complejo para una búsqueda. Pero justamente por eso debería existir una política de seguridad e investigación mucho más fuerte.

–¿Existen otros casos de desaparición vinculados con la zona?

–Sí. No conocemos otro caso idéntico al de Ana Amelí, pero hay otras desapariciones en el Ajusco. Dos meses después desapareció Luis Óscar Ayala, un dentista de 48 años que conocía perfectamente el lugar y salió solo a caminar. También está el caso de Olin Hernando y el de Pamela Gallardo Volante, desaparecida en 2017 en la parte baja del Ajusco. Las familias de varios de estos casos estamos en contacto. Desde 2010 se acumulan cientos de reportes de desaparición en Tlalpan.

–¿Qué falló en las primeras horas de la búsqueda de Ana Amelí?

–Falló lo esencial: la reacción inmediata. Después de la desaparición se dejaron perder indicios y rastros. La fiscalía no produjo suficiente información al principio y las diligencias comenzaron tarde, en buena medida porque nosotros presionamos. En una desaparición las primeras horas son decisivas. Había que revisar testimonios, movimientos, teléfonos, cámaras, casas, ranchos y todas las rutas posibles. No se aplicaron los protocolos con la urgencia que correspondía.

–Usted cuestiona la idea de que las madres deberían limitarse a buscar restos. ¿Por qué?

–Porque a mi hija se la llevaron viva. Yo no voy a partir de la idea de que tengo que encontrar restos. Se la llevaron caminando, seguramente bajo amenaza o violencia, y mi convicción es que fue privada de su libertad. Eso es un crimen y tiene que investigarse como tal. El Estado ha instalado entre muchas familias la idea de que, si alguien desaparece, solo queda salir con pico y pala. Yo reclamo otra cosa: inteligencia, investigación criminal, tecnología, geolocalización y todos los recursos disponibles para saber quién se la llevó y dónde está.

–¿Qué respuesta recibió del gobierno y de la presidenta Claudia Sheinbaum?

–No me ha recibido la presidenta. Para mí eso expresa una falta de voluntad política y una negación de la dimensión de la crisis. Las familias no estamos politizando las desapariciones: estamos pidiendo respuestas. El propio registro oficial muestra la magnitud del problema. Queremos que nos escuchen y que el Estado asuma que tiene la obligación de investigar.

–¿Cómo describe la relación entre crimen organizado, desapariciones y estructuras estatales?

–Lo que vemos las familias es que el crimen organizado no funciona en un vacío. Hay territorios donde todo el mundo sabe quién controla qué, y por eso resulta increíble que las autoridades digan que no pueden saber quién se llevó a una persona. Hay policías, fiscalías e instituciones que deberían tener capacidad para investigar. Cuando esa capacidad no se usa, o cuando hay corrupción y complicidades, las familias quedan completamente desprotegidas. Hoy las personas, y especialmente los jóvenes, se han convertido en una mercancía para distintas economías criminales.

–¿En qué punto se encuentra actualmente la investigación?

–Una agencia de inteligencia nos ayudó a analizar la información y buscó apoyo para realizar estudios tecnológicos más avanzados. Yo pedí que se revisaran sistemas satelitales e imágenes del momento de la desaparición. Primero me dijeron que esa información no existía o que ya no podía recuperarse, pero después supimos que hay sistemas que permiten acceder a imágenes históricas con enorme precisión. Esa información fue entregada a la fiscalía y seguimos presionando para que se investigue de manera efectiva, sin dejar pasar más tiempo.

–¿Qué exige hoy como madre de Ana Amelí?

–Que investiguen. Que utilicen tecnología de punta, inteligencia y cooperación nacional e internacional si es necesario. Se han gastado millones en búsquedas que no han dado resultados; entonces hay que cambiar el enfoque y ser contundentes. Mi hija importa, pero esto no es solamente por ella: todos importamos. Si una herramienta sirve para encontrar a Ana Amelí, tiene que poder utilizarse también para las demás personas desaparecidas. Sigo con la firme convicción de que se la llevaron viva y de que el Estado tiene los recursos para saber qué ocurrió.

Escrito por
Silvina Pachelo
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