En septiembre de 1951 Perón fue invitado a dar el discurso de clausura del Primer Congreso Nacional de Periodistas. Allí hizo referencia a la visión del justicialismo no solo sobre este oficio, sino también sobre los mismos periodistas, la libertad de prensa y el concepto de libertad en general.

Su discurso fue publicado un mes más tarde en la revista partidaria Hechos e Ideas, bajo una introducción que señalaba que cuando el diputado radical Víctor Juan Guillot fundamentó en el Congreso un primer borrador del Estatuto del Periodista, señaló que para ejercer esa profesión había que “tener vocación para la miseria”, pues los periodistas “parecían estar más condenados a vivir de ilusiones”, mientras que por el contrario en aquella actualidad, resaltaba la publicación, ya existía un “amparo al gremio eternamente explotado y vejado por los negreros empresarios del periodismo”.
Luego, reseñaba que la conferencia se tituló “Los hombres de ideales”, y daba paso al discurso de Perón que, afirmaba, se concebía él mismo un hombre de ideales y se sentía unido con los periodistas, por ser también este tipo de personas: “Lo que une a los hombres es el tener ideales, aunque se opongan, lo que los divide es tener intereses, porque raras veces son comunes y cuando lo son, no siempre son permanentes”, dijo, y añadió que por eso prefería tener a su lado o como adversarios a los idealistas, “antes de los que luchan por sus intereses o son testaferros de intereses ajenos”. Ello, afirmaba, regía para todas las profesiones, entre ellas la periodística, y era por eso que desde el periodismo “solo sometiendo los intereses a los ideales se podía servir al pueblo”, ya que “de colectividades sin ética y hombres sin honor, no puede sino esperarse un periodismo sin objetivo, sin valores morales y sin virtudes. Cada pueblo tiene también el periodismo que se merece”. Y criticaba especialmente a las “empresas editoras destinadas a bastardos intereses, el periodismo del sofisma y la calumnia”, además de manifestar su “desprecio y condena por todos los mercenarios de la pluma y de la inteligencia que vendieron ignominiosamente sus ideales y pusieron en manos extranjeras este formidable instrumento”.
Componedores del mundo y libertad de expresión
Manteniendo su idea de trazar un vínculo entre actividad política y periodística, señalaba luego: “No he conocido ningún auténtico periodista que no se creyese, en cierto modo, un componedor del mundo y en eso se parecen a nosotros, los que por medio del poder político quisiéramos hacer la felicidad de nuestro pueblo”. Y agregaba: “Nadie mejor que ustedes para comprender este concepto justicialista de la libertad de prensa y que la verdadera libertad de prensa no existe cuando su ejercicio no es socialmente justo”.
En este punto, iría más allá de la libertad de expresión para ampliar su idea a la de libertad en general, al señalar que la doctrina justicialista había abandonado ya definitivamente el antiguo concepto liberal e individualista de la absoluta libertad, por entender que la libertad absoluta es el medio más propicio para el abuso de la libertad, que conduce a la explotación y la opresión del poder por parte de unos pocos frente a la debilidad de una inmensa mayoría. Añadía que el justicialismo se diferenciaba del capitalismo y el comunismo porque “el mundo capitalista sostiene como un axioma, a pesar de sus derrotas, que la libertad es un bien individual como la propiedad, el capital o la economía, creando así la explotación del hombre por el dinero, y esa libertad fue utilizada por los intereses mezquinos del capitalismo internacional y de la oligarquía nacional contra la justicia y el pueblo”, mientras que “el comunismo dice que la libertad, la propiedad y el capital son bienes sociales, y así el Estado se adueña de todo ello sustituyendo la explotación capitalista por la ominosa explotación del Estado”.
De esta forma, afirmaba que “el justicialismo entiende que la libertad es un medio y no un fin, que no es lógico luchar por la libertad como tal, por sí misma, sino que ella es un instrumento necesario e insustituible para el hombre que ha de usarlo en su propio beneficio, pero también en beneficio de la comunidad”, y que su doctrina no concebía que “se use la libertad como medio para atacar o destruir los objetivos fundamentales del pueblo argentino”, que sintetizaba en la fórmula peronista de una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana, lo cual “no se puede discutir en nombre de la libertad porque ese es justamente el fundamento básico de la libertad de nuestro pueblo”.
Finalmente, buscó tender un puente con los allí presentes al afirmar su intención de rendir un público homenaje “en primer lugar a los periodistas argentinos que han comprendido mis propias luchas pero sin olvidar tampoco a quienes me han combatido en nombre de un ideal”, y pedir “en la misma lucha y con la misma bandera olvidar nuestras pequeñas diferencias de opiniones y enfrentar la amenaza exterior por haber nosotros levantado la bandera de los pueblos, ya que en medio de un mundo manejado con prescindencia de los pueblos, hemos sido ya marcados con el sello de los contaminados, pero tenemos fe en triunfo final del justicialismo porque creemos en el triunfo de los pueblos”.

