La imagen digital de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, se vuelve difusa. Sonríe. Un zoom out muestra luego un plano general. Aparece rodeada por funcionarios de la Unión Europea, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del gobierno de Singapur, según indican las placas. Atrás, sobre las pantallas gigantes, emergen los logos del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y, sobre el centro de la mesa, dos siglas: SISOC y SIIS. “Por primera vez, la Argentina lidera un cambio de paradigma en políticas sociales”, dice la voz en off del video. Anuncia la creación del Gemelo Digital Social. Se trata, según la narración, de “una herramienta orientada a transformar datos en capacidad de predicción y diseño estratégico de políticas públicas”. Parece un anuncio trunco.
Ante los pedidos de informes de diputados y senadores, y el temor de sectores de la opinión pública de que el proyecto de creación del Gemelo Digital Social avance sobre la privacidad de las personas y se transforme en una herramienta de control social por parte del Estado, el gobierno de Javier Milei salió a desmentir la puesta en marcha de una idea que el propio presidente respaldó en Twitter. Luego pareció desdecirse. Según el sitio de fact checking Chequeado, ante un pedido de información pública, la respuesta fue “no está en curso ni en etapa de diseño”. Sin embargo: el Sistema Social (SISOC) y el Sistema Integrado de Información Social (SIIS), que están en el centro del video del anuncio, operan desde hace tiempo. Y, según el detalle de las resoluciones de creación y sus anexos, podrían suponer un avance sobre las libertades individuales. Sobre todo las de los ciudadanos más vulnerados.
El SISOC fue aprobado por la resolución 423, publicada en el Boletín Oficial el 1° de agosto de 2025. Da nombre a la “Plataforma del Sistema Social” y, según la reglamentación, busca “centralizar, sistematizar y analizar la información vinculada a las políticas públicas vigentes y aquellas que en el futuro sean diseñadas por la Secretaría Nacional de Adolescencia y Familia del Ministerio de Capital Humano, a fin de contar con datos en tiempo real, identificar riesgos y tomar decisiones integrales y eficientes orientadas a las necesidades específicas”.
El SIIS se aprobó mediante la resolución 652 del Ministerio de Capital Humano del 20 de septiembre de 2024. Su objetivo es “disponer de un repositorio de bases de datos que permita la integración e interoperabilidad de la información, contribuyendo al diseño de políticas sociales que tiendan al uso eficiente de los recursos del Estado”.
Datos y vigilancia
Si bien en las resoluciones de creación del SICOC y del SIIS existen anexos en donde se declara que los datos recabados se gestionarán de acuerdo con la Ley N° 25.326 de Protección de Datos Personales, y en el caso del SISOC se plasma un compromiso de “no requerir ni suministrar datos personales que revelen origen racial o étnico, opiniones políticas o sindicales, convicciones religiosas, filosóficas o morales, o información referente a la salud o a la vida sexual de las personas destinatarias”, en los apartados finales puede leerse bajo el título de “Cambios en esta política de privacidad” lo siguiente: “La Secretaría se reserva el derecho de modificarlas en cualquier momento, en ese caso, se notificará a los usuarios a través de la plataforma o por correo electrónico. El uso continuado de la plataforma implica la aceptación de los cambios”. ¿Cuál sería el destino de estos datos ante personas escasamente alfabetizadas en entornos digitales?
Si el video que anuncia la creación del Gemelo Digital Social se basa en imágenes reales y no en la creación de inteligencias artificiales, todo lo anterior supone algunas cuestiones que podrían derivar en un estado de vigilancia permanente. Las resoluciones se encuentran vigentes y la centralidad visual de las siglas indicaría que son patas importantes en el proyecto.
Además, el propio anuncio dice que no hay experiencias de modelos de gemelos digitales para políticas sociales. Aunque sí lo hay para el caso del desarrollo de ciudades: una es la ciudad de Xiong’an, en China. Y el otro es Singapur, ciudad-Estado isleño de apenas 800 kilómetros, que aprovechó la pandemia de coronavirus para profundizar su modelo de vigilancia digital en el sudeste asiático.
Un informe de Engage Media, una ONG que lucha por los derechos digitales en el sudeste asiático, dice sobre el caso Singapur: “Los organismos encargados de hacer cumplir la ley del país cuentan con ‘amplias redes para recopilar información y realizar vigilancia y capacidades altamente sofisticadas para monitorear (…) las comunicaciones digitales destinadas a permanecer privadas’. Estas capacidades fueron utilizadas contra críticos del gobierno y activistas políticos, como lo revelan informes y documentos filtrados. Por ejemplo, en 2021, el gobierno supuestamente intentó utilizar software espía para piratear las cuentas de Facebook de dos periodistas singapurenses cuyos artículos a menudo critican al gobierno”.
James Gomez, autor del informe, cuenta que, en una superficie que no supera los 800 kilómetros cuadrados, en mayo de 2023, había un poco más de 109 mil cámaras, lo que representa 17,94 cámaras por cada mil habitantes. Y se prevén unas 180 mil cámaras para 2030. Más de doscientas cámaras por kilómetro cuadrado. “El autoritarismo digital es una forma de gobierno político bajo el cual los gobiernos utilizan herramientas digitales y cibernéticas para controlar y manipular los flujos de información. A través de estas herramientas, los gobiernos pueden vigilar de cerca a quienes desafían su preponderancia. Esto les permite reforzar su control político del poder a expensas de los derechos de los civiles a la privacidad.” La presencia de un representante de Singapur en la mesa de Pettovello durante el anuncio del Gemelo Digital Social no parece casualidad.
El ojo de Xiong’an
El Ojo de Xiong’an es un edificio gigantesco ubicado en el centro de la ciudad de Xiong’an, a 50 kilómetros de Pekín. Tiene forma de un ojo que todo lo ve y todo lo espía. En él se aloja toda la información de la ciudad en su gemelo digital. Ese gemelo digital se desarrolla en tiempo real con la ciudad. Fundado en 2017, el nuevo espacio diagramado por el gobierno chino será en 2050, según el proyecto, una de las ciudades más importantes. Allí, todo, absolutamente todo, tiene su doble digital. El ojo de Xiong’an todo lo sabe. Cada calle, cada escuela, cada departamento, tiene su doble digital.
La gestión del proyecto de ciudad y de su gemelo digital está a cargo de la empresa británica Chapman Taylor. Y, regularmente, el sitio web del Foro Económico Mundial con sede en Davos habla de él en forma positiva. “El desarrollo de Xiong’an pone de relieve una dimensión paralela de la transformación urbana: mientras que algunas ciudades se adaptan en tiempo real a las crisis, otras se construyen específicamente para anticiparse al futuro.”
Con todo, la imagen del Ojo de Xiong’an se parece demasiado a las ciudades distópicas que inauguró en la literatura del siglo pasado la novela Nosotros, de Yevgueni Zamiatin, que inspiró otras narraciones como 1984, de George Orwell, o Un mundo feliz, de Aldous Huxley. En Nosotros, los seres humanos se han vuelto números. Caminan en fila. Buscan cinco minutos de sol.
“Puede ser que esta ‘descarga’ haya curado por fin mi alma martirizada y que ahora vuelva a ser como todos los demás. Por lo menos, veo ahora con la imaginación a O encima de los escalones del cubo y a mí mismo debajo de la campana de gas. Ni siquiera experimento el menor dolor ante este espectáculo. También me resulta indiferente el hecho de que en la sala de operaciones acaso revele mi nombre, pues en mi última hora, con gratitud y conformidad, besaré la mano castigadora del Protector. Frente al Estado único tengo el derecho de someterme al castigo, y este derecho no me lo dejaré arrebatar. Ninguno de nosotros, los números, puede ni debe atreverse a pensar en la renuncia a este derecho único y por esta razón tan apreciado”, dice el personaje de Zamiatin, homenajeado por Giuliano da Empoli en muchos pasajes de El mago del Kremlin.

Tecnologías etnocéntricas
“Las tecnologías biométricas actuales y las marcas de los esclavos, por supuesto, no son lo mismo. Sin embargo, cuando pensamos en la actualidad, los ciudadanos ‘sospechosos’, los viajeros, los prisioneros, los beneficiarios de la asistencia social y otros cuerpos son sometidos a las tecnologías de la vigilancia biométrica, y luego esa información es almacenada en bases de datos automatizadas a gran escala (…) De la misma manera, podemos encontrar historias de estas contabilizaciones del cuerpo en, por ejemplo, ese inventario que es el ‘Libro de los negros’ (…) Los bancos emitían pólizas de seguro a dueños de esclavos contra la pérdida de trabajadores esclavizados, y las marcas (a fuego) funcionaban como una tecnología de seguimiento de la negrura que buscaba hacer legibles ciertos cuerpos como propiedad”, escribe Simone Browne en Dark Matters: On the Surveillance of Blackness.
Pero, ¿qué implica tener dobles digitales? ¿Es posible que esos dobles permanezcan en el limbo biométrico digital más allá de nuestras propias muertes, como parte de una narrativa capaz de someter a nuestros descendientes, por ejemplo? En Doppelganger. Un viaje al mundo del espejo, Naomi Klein bucea la noción judeocristiana de alma, como primera manifestación con la capacidad de proyectarnos a la eternidad, más allá de la muerte de los cuerpos. Y en ese desarrollo cita a Sigmund Freud: “‘El doble era originalmente un seguro contra la extinción del yo (…), un enérgico rechazo del poder de la muerte’, y parece probable que el alma ‘inmortal’ fuese el primer doble del cuerpo”.
Cosificación de la vida
“Si logras cosificarte con éxito, los demás empezarán a creer que eres una cosa y te lanzarán todo tipo de objetos duros con la seguridad de que no sangrarás”, escribe Klein. Las múltiples identidades digitales parecen funcionar a manera de espejos yuxtapuestos que tienen por objetivo proyectar sobre los mundos (reales y digitales) distintas facetas del yo. Uno de los primeros en analizarlo fue Otto Rank, un psicólogo austríaco discípulo de Sigmund Freud que desarrolló su teoría inspirado en una de las primeras películas del impresionismo alemán: El estudiante de Praga, que en 1913 contaba la historia de un hombre que vendía su sombra para ascender de clase social.
En la década del 40, Adolfo Bioy Casares escribió La invención de Morel. “¿Adónde vamos? ¿En dónde yacemos, como en un disco de músicas inauditas, hasta que Dios nos manda nacer? ¿No perciben un paralelismo entre los destinos de los hombres y de las imágenes? La hipótesis de que las imágenes tengan alma parece confirmada por los efectos de mi máquina sobre las personas, los animales y los vegetales emisores”, les dice Morel a sus amigos para presentarles su proyecto: una máquina que proyecta constantemente imágenes de la vida de un grupo de personas, que pasa una semana en una isla perdida del Pacífico. Un fugitivo solitario, testigo de esa narrativa, decide modificar el relato para vivir eternamente junto a Faustine, la mujer de la que se enamora perdidamente.
“Por casualidad recordé que el fundamento del horror de ser representados en imágenes, que algunos pueblos sienten, es la creencia de que al formarse la imagen de una persona, el alma pasa a la imagen y la persona muere”, escribe el fugitivo hacia el final de la novela. “Mi alma no ha pasado, aún, a la imagen; si no, yo habría muerto, habría dejado de ver (tal vez) a Faustine, para estar con ella en una visión que nadie recogerá. Al hombre que, basándose en este informe, invente una máquina capaz de reunir las presencias disgregadas, haré una súplica. Búsquenos a Faustine y a mí, hágame entrar en el cielo de la conciencia de Faustine. Será un acto piadoso”, escribe el personaje del narrador fugitivo en la novela de Bioy Casares.
Naomi Klein, para graficar la disociación de los dobles, cuenta la historia de Dante Rossetti, un escritor y pintor inglés, que vivió a principios del siglo XIX. Al parecer el hombre selló su suerte personal en una de sus pinturas, realizada durante su luna de miel en París. Jorge Luis Borges lo cuenta: “La tela, que no tiene –me parece– mayores méritos pictóricos, y que está en la Tate Gallery o en el British Museum, no recuerdo, se titula: ‘How they met themselves’, ‘Cómo se encontraron consigo mismos’. No sé si ustedes saben que hay una superstición que se ha dado en muchos países del mundo, la superstición del doble. En alemán, el doble se llama Doppelgänger, viene a ser el doble que camina a nuestro lado. Pero en Escocia, donde la superstición perdura todavía, se llama al doble ‘fetch’, porque fetch en inglés es ‘buscar’, y se entiende que si un hombre se encuentra consigo mismo, eso es el indicio de su próxima muerte. Es decir, esa aparición del doble viene a buscarlo”.
Y en un mundo de espejos y dobles, la historia de Rossetti se vuelve trágica. Una noche decide visitar a su amante y modelo principal, una mujer Fanny Cornforth. Al regresar, encuentra a su esposa –la del cuadro de París– muerta. La profecía del doble se cumplía. Sintiéndose culpable, antes del entierro, colocó entre las manos del cadáver un manuscrito inédito de poemas. La casa de la vida, se llamó el libro. Cuenta Borges que los amigos de Rossetti, años más tarde, lo convencieron de desenterrarlo. “¿Qué es un espejo sin ella?”, se pregunta en un soneto el poeta. Como en el caso de los dobles digitales las respuestas son oscuras. Y provienen de caminos inciertos. Acaso perduren imágenes de un Nosotros, capaces de someter a generaciones enteras. En un mundo de desalmados.
