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Caras y Caretas

           

“Son dos ficciones argentinas que hay que aplaudir”

Lola Berthet

Actriz de raza, Lola Berthet descolla en El tiempo de las moscas y En el barro 2, dos series ambientadas en cárceles y protagonizadas por mujeres.

Lola Berthet comenzó 2026 con una renovada presencia como actriz. Fue coprotagonista de dos series argentinas que llegaron rápidamente al número uno entre las más vistas en Netflix: El tiempo de las moscas, basada en dos novelas de Claudia Piñero, y En el barro 2, la segunda temporada de la serie de cárcel de mujeres, que comenzó como un spin off de El marginal y ya está adquiriendo propia personalidad, con muchas personas fanáticas dentro y fuera de la Argentina. Una particularidad de sus personajes en estas series, Sonia en El tiempo de las moscas y la Bizca en En el barro, es que tienen en común el pasó por la cárcel. La Bizca parece intrascendente, pero ese mismo aspecto le permite manejar poder e información. “La Bizca podía estar colgándose de las rejas en algunas escenas, pero la densidad del personaje en algún momento aparece”, explicó Berthet en diálogo con Caras y Caretas

En su carrera participó de muchos de los grandes éxitos de la televisión argentina, donde comenzó en Gasoleros y siguió con personajes en Verano del 98, Son amores, Los Roldán, Costumbres argentinas y Lalola, entre muchos. En el cine tuvo una aparición destacadísima en Un día de suerte, de Sandra Gugliotta, una película que muestra la crisis de 2001 desde el cotidiano de mujeres jóvenes. En su última película, El apego de Valentín Diment, un gran trabajo sobre el terror con derivaciones góticas, construyó un personaje oscuro y misterioso que admite lecturas multiples. 

Hasta el 10 de diciembre de 2023 fue directora del Centro Cultural Haroldo Conti, en la ex ESMA, y en 2025 tuvo notoriedad por ser una de las caras visibles de la lucha de los familiares de personas con discapacidad. 

–Este año Netflix estrenó dos series en las que actúas, las dos estuvieron en el número uno de las más vistas en la Argentina y en las dos tu personaje está o estuvo presa.  

–¿Loco, no? Dos series maravillosas, que además son sobre mujeres. Me parece interesante la decisión de mostrar el mundo femenino, tanto de una productora como Vanessa Ragone y de productores como Sebastián Ortega y Pablo Cullel. El tiempo de las moscas transcurre más tiempo afuera de la cárcel que adentro, y la historia va por otro lado. En En el barro también hay una cuestión de sororidad que va y viene entre los pabellones, y trabaja mucho sobre los códigos propios. Recalquemos que En el barro es una ficción, porque hay mucha gente que dice que no muestra la realidad. Y aunque hay un montón de cosas que sí suceden, y otras que no, es importante repetir que es una ficción. Pero me parece interesante que dos ficciones tan distintas puedan mostrar a las mujeres construyendo diferentes cofradías en diferentes mundos. Yo venía de hacer El apego, una película maravillosa, que muestra también un mundo femenino, cruel y muy violento, que lamentablemente existe. Las ficciones, esto es interesante, a veces exacerban algo que realmente sucede. Poder meterse en esos personajes es algo maravilloso. Lo que hablamos con Vero Llinás, que creó un monstruo sublime, era desde qué lugar de la actuación y desde qué lugar personal íbamos a contar esto. En conjunto con nuestras compañeras, los autores y los directores fuimos armando ese pabellón, tan cotidiano y monstruoso a la vez. Eso fue muy interesante. El espectador va aceptando como normales y previsibles muchas situaciones tremendas. En uno de los últimos capítulos hay una escena mía, en la que gozo de lo tremendo que hace Verónica. Siempre hablamos de esa morbosidad. La Bizca podría tener un toque cómico, pero en el interior yo trabajé mucho el disfrute de la jefa. Si la jefa lo hace, es así. Se la defiende.  

–Pensando en esa relación, hay un momento interesante, donde hay un giro en la Bizca. Parece pararse frente a la Gringa de otra manera, más firme. Le tenía que decir algo que ella no quería escuchar. Parecería que asume su adultez frente a la jefa.  

–Y ella me manda un poco a la mierda. Yo le digo la verdad y la quiero aconsejar, para cuidarla, porque con esa posesión de amor-odio e intensidad que maneja el personaje de Vero estaba sacada con todo lo que le estaba pasando. Esa escena era “te la tengo que decir porque porque es así”. El trabajo en general lo fuimos armando escena por escena, y no tenés idea de lo que nos hemos reído grabando esta parte. Como no se graba en el orden de la historia, sino que pasás de un capítulo a otro en la misma jornada, analizábamos cada escena para entender por dónde venía la situación, y así se trabaja el personaje. Eso nos permite construir cómo mostrar la cotidianeidad de estas mujeres que están en un contexto de encierro, de convivencia constante, de observación, de traición, de negociaciones, de amor y de odio. Toda esa construcción se fue dando colectivamente. Yo no podría haber sido la Bizca sin la Gringa, sin el Gitano (el personaje de Charo López), sin el personaje de la querida Meche (Portillo), que no pudo ver la serie, sin el personaje de Cachete (Ana Devin), sin las gemelas (Daiana y Carmina Gonella). Ningún personaje pudo haber sin la comunidad que se armó.  

–Cada una de ustedes tiene su vestuario característico y particularidades que construyen al personaje, además de haber trabajado todo el tiempo en el mismo ámbito. ¿Cómo transitaste esto en la grabación?

–En una grabación así las decisiones hay que tomarlas sin mucho tiempo. Por eso hablábamos mucho entre nosotras y con los directores. La actuación no es solamente cosa de uno, sino es de observar a la compañera, de conectar también con eso. El espacio te da un montón. La verdad es que el trabajo de arte de Julia Freid es maravilloso, era entrar a la grabación y entrabas en una cárcel y vivías el pabellón. Eso ayuda muchísimo. Te da esa corporalidad el estar acompañada, la cantidad de objetos propios que nos fuimos eligiendo. La corporalidad la fui buscando de a poco. Cuando vi la serie, encontré cómo fue creciendo y cómo lo logramos. Tiene que ver con el hilo conductor que uno se arma de pensamiento, con la energía que uno lleva adentro. Era decir “bueno, cómo entro yo a mi pabellón o cómo entro hablarle a la Gringa”, y empezábamos a probar cosas con los directores. Se fue construyendo de a poco, y a la vez a mucha velocidad. Antes de grabar observábamos cuál era la prioridad de esa escena. Aparte proponíamos todo el tiempo. Había escenas en las que yo me colgaba de una reja, por ejemplo, y de ahí empezamos. Me llamaban la monita. Y así me quedó el brazo por joder (se ríe).  

–Sorprende lo bien que puede funcionar un elenco muy grande con diversidad de tradiciones actorales, incluso ni siquiera actorales o artísticas, desde Alejandra Oliveras a varias de ustedes, que vienen de la tradición antirrealista central en la posdictadura, pasando por chicas que son músicas, o Silvina Sabater, una maestra del método y del teatro realista.  

–Totalmente, y nunca perdiendo la verdad. Cuando uno actúa con la verdad, puede hacer lo que quiera. La verdad tiene que ver con creerse el personaje, armarlo y hacerlo verdadero. Desde ese lugar vos podés manejar todos los géneros. Te repito, lo que el elenco tuvo claro era lo esencial en cada escena para que se lograra la historia, y no pensar en qué hacer para que le sirviera individualmente. Trabajamos siempre sobre cuál era el mensaje principal de cada escena. 

–Algo que se ve, hablando de códigos, es que cada pabellón parecía interferido por registros estéticos propios. El pabellón de ustedes tiene una construcción cercana al terror, el familiar tiene una cosa naturalista, el de la Zurda (Lorena Vega) más cercano al género concreto de la cárcel tradicional, y el de jóvenes está marcado por una estética urbana muy actual. Todo se puede ver en las relaciones internas, en cómo se mueven, cómo funcionan los colores, cómo funcionan los vestuarios. Y todas esas diferencias funcionan perfectamente bien cuando se encuentran en espacios comunes  

–Hay algo ahí que tuvo que ver con la magia de la construcción, de la dirección, de la producción, de la escucha que tuvieron todos. Me parece que hubo mucha atención de parte de los directores en cada pabellón, porque una cosa es grabarlo y otra es cómo queda al final. Porque con algunas compartíamos espacios en común, pero no sabíamos qué pasaba en los otros pabellones. Lo leés en el guion, pero no sabés cuándo se va a grabar o cómo trabajarán en el otro pabellón. Terminás resumiendo todo cuando te sentás a verla, como cualquier espectador. Y quedó muy bien. Sobre lo que planteás respecto de cada pabellón con su género, existen, pero cuando nos encontrábamos todas en lugares comunes, esos códigos se unían automáticamente.  

–¿Qué te pasó al ver la serie?  

–Cuando vi la serie entera dije ¡guau! Había escenas que no me acordaba. Fue genial. Vimos el primer capítulo todas juntas, y había escenas que no había visto nunca porque las grabaron otras compañeras. Me devoré los guiones en la previa, y después empezamos a grabar y no pude seguir a todas las compañeras. Íbamos hablando cada una cuando nos encontrábamos. Pero cuando la vi dije ¡qué producción y qué producto maravilloso!  

–¿Tuvieron repercusión en otros países? Porque es una producción global y desde los primeros días se posicionó muy bien en la plataforma. 

–Sí, y en mis redes tengo montones de mensajes sin contestar. Una mujer me escribió desde Perú, donde en los primeros tres días ya estaba en el puesto número seis. Sé que estamos primeros en la Argentina y en muchos países de Latinoamérica. En España nos está yendo muy bien y eso se nota en el amor de la gente, en las redes. Y aparte están los fanáticos de la primera temporada, que ya la vieron. Es increíble cómo genera esta cosa de la maratón. Primero me alegra mucho porque es una ficción argentina, igual que El tiempo de las moscas. En estos momentos tan difíciles me alegra mucho el amor de la gente defendiendo a los actores y a las actrices argentinas. Cuando algo logra estos éxitos, el amor de la gente es lo mejor que te puede pasar. Días atrás estaba en la plaza con mi hijo y él no entendía, me preguntaba “¿mamá, por qué te saludan tanto?”. El amor de la gente es la respuesta más maravillosa. Son momentos que hay que disfrutar porque de verdad son dos ficciones argentinas que hay que aplaudir, y pedir por más. En este momento tan, tan difícil que estamos pasando con el Incaa. Con los dos artículos de la ley de reforma laboral que van a desfinanciar al audiovisual a partir del 1 de enero de 2028, y este presente casi sin apoyos, es demencial lo que está pasando.  

–El año pasado fuiste una de las personas que por su popularidad acompañó la visibilización de los recortes presupuestarios para atender a las personas con discapacidad.  

–Es muy grave la crisis que atravesamos las familias con una persona que padece algún tipo de discapacidad. Mi hijo es autista, así que la fuerza para luchar me sale de las entrañas de madre. Hay algunas cositas que vamos logrando dentro de la ley, pero lo que está ocurriendo es un desguace que en la vida cotidiana se está viviendo demasiado duro, porque discapacidad es un sector muy vulnerable. Es cruel lo que hicieron, una crueldad a un nivel muy alto. Porque no olvidemos que el centro de la corrupción fue la Andis. Ellos jugaron con la medicación y con mucha plata de la gente, de las personas con discapacidad. Yo creo que es odio puro, no tiene otro análisis. Instalan que una persona con discapacidad no produce, y por eso no les interesa cuidarlos. No les interesa que la sociedad crezca en empatía, en inclusión. Pasan por arriba de todas las leyes, hasta las internacionales. No tengo idea cómo va a terminar esto, porque el gobierno no le hace caso a la Justicia. Estamos hablando de una ley de emergencia que tuvimos que pedir cuando la ley de discapacidad ya existe. Ahora está colapsado el sistema. Los prestadores están cobrando lo trabajado en noviembre. El daño que hicieron, por más que corrijan ahora, no tiene vuelta atrás. Los pibes que ya perdieron sus terapias el año pasado, hay chicos que no van a poder ir a la escuela porque los montos para los transportistas siguen muy en baja. Es una cotidiana muy dolorosa, muy angustiante.  

Escrito por
Daniel Cholakian
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