• Buscar

Caras y Caretas

           

Una fuga de película

Ilustración: Juan José Olivieri

Con una estrategia que demandó tiempo e inteligencia, Blanca Luz Brum ayudó a Guillermo Patricio Kelly a evadirse de la cárcel en Chile. La jugada le valió su propia libertad y la elevó al podio de los próceres del peronismo.

Son los días previos al 17 de octubre de 1945. El coronel Juan Domingo Perón está preso en la isla Martín García. Los militantes, sus seguidores, advierten que si no lo liberan están preparados para salir a enfrentar a “los milicos” con los fierros. Se dice que hay un departamento donde buscar las armas. Y que el operativo lo organizaron Bianchi, Andreotti y Cipriano Reyes, todos del gremio de la carne, con la ayuda de una empleada de prensa y difusión de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Una uruguaya llamada Blanca Luz.

La misma que desde su programa Argentina de pie, en Radio Splendid, se convirtió en una de las principales voceras del peronismo y de ese “Coronel del pueblo”; la que estuvo detrás del festival solidario de enero del 44 en el Luna Park por el terremoto en San Juan (donde se conocieron Perón y Eva) y la que se adjudicó la frase “Braden o Perón”. Esa uruguaya que ahora organiza al peronismo desde el anonimato con el líder preso: “Las barriadas peronistas hasta entonces no habían conocido el centro de la ciudad de Buenos Aires, las elegantes avenidas donde se aislaba la soberbia aristocracia vacuna, que detrás de esos muros, se preguntaba aterrada: ‘¿Y estos grasas, son también argentinos?’”, escribirá luego.

Según contó Araceli Bellotta en su libro Las mujeres de Perón, cuando el General recién asumido presidente el 4 de junio de 1946 regresaba de prestar juramento en el Congreso, Blanca Luz contemplaba la escena desde uno de los balcones del diario Democracia, en Avenida de Mayo 654. Detrás del coche presidencial marchaba otro auto en el que viajaba Evita. Blanca Luz dijo con cierta amargura: “Allí debí estar yo”. Por pedido de Eva, debe dejar el país en 48 horas. Irá rumbo a Chile. Recién se reencontrará con Perón cuando jure por tercera vez como presidente. Ese día mantienen un encuentro de tres horas en el Hotel Castelar. En medio de la charla recordarán entre risas la participación clave de Blanca en la fuga de Kelly, uno de los episodios míticos de la Resistencia peronista.

KELLY

Es la madrugada del 21 de septiembre de 1955. La sede de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), un edificio de tres pisos en avenida Corrientes y San Martín, corazón de la city porteña, es el último bastión de resistencia civil al golpe militar. Afuera, dos tanques Sherman. Adentro, el líder del lugar, Guillermo Patricio Kelly, jura junto a centenares de militantes que dará “la vida por Perón”. Comienzan a disparar. La mayoría muere. Kelly es detenido y trasladado a la prisión de Río Gallegos.

De allí se escapará hacia Chile junto a Jorge Antonio, Héctor Cámpora, José Espejo, John William Cooke y Pedro Gomiz. Todos detenidos peronistas. La fuga conmocionó al continente. No era una simple fuga. Era un gesto político. Aramburu, visiblemente humillado, pidió al gobierno trasandino la inmediata extradición de los prófugos. Su presidente, Carlos Ibáñez del Campo, no accedió a la demanda. Salvo por uno: Kelly. Tenía los días contados en Chile. Debía fugarse también de ahí. Y para eso lo iba a ayudar Blanca Luz.

El plan consistía en hacer cotidiano su ingreso a la penitenciaría de Santiago para visitar a Kelly. Todas las tardes a las 7:30 Blanca atravesaba la puerta junto a otra acompañante. Una hora después salían. El ritual se repitió durante todo un mes. Uno de los días, en el doble fondo del termo, le llevaron una peluca y una pistola. Kelly empezó a practicar.

El 20 de septiembre de 1957, el embajador argentino en Santiago previno al gobierno de Chile que Kelly, con la extradición ya en trámite, preparaba la fuga. La dirección tomó nota e inició el papeleo para trasladarlo al Patio Siberia, frente al paredón de los fusilados. El trámite se demoró unos días. El 28 de septiembre a las 7:30 ingresaron Blanca y su hija. Saldrían a las 8:35, como las treinta visitas anteriores. Pero la mujer que se fue acompañando a la joven (que se dedicó a coquetear con los vigilantes de siempre) era Kelly. Para que eso ocurriera, antes Blanca se quitó su atuendo dentro de la cárcel, y lo maquilló en los ocho minutos que disponía de plazo cronometrado. La barba dura se tapó con crema que usaban viejos actores de teatro. La propietaria de las ropas salió dos minutos después de él por una puerta sin guardias. Media hora más tarde el director de la penitenciaría fue a buscar a Kelly para trasladarlo a la celda de los condenados a muerte.

BLANCA Y KELLY

Esa misma noche fue allanada la casa de Blanca Luz, encontraron la peluca que usó Kelly y terminó detenida. Su marido, el empresario Carlos Brunson, no salía del asombro. En el momento en que trasladaban a su amiga al Correccional de Mujeres, Kelly estaba comiéndose un bistec a caballo en un restaurante céntrico de la ciudad. Sin disfraz.

Kelly permaneció casi dos meses prófugo en Chile. Las primeras noches durmió en el zoológico de Santiago, en un compartimiento desocupado de la jaula de los leones. Luego se refugió en el balneario de Papudo, pernoctaba en tres apartamentos diferentes y antes de emprender un viaje de fugitivo hacia el norte decidió recoger los retratos de su hijo y su hija, que estaban en poder del juez Ortiz Sandoval. Dirá Kelly: “Uno valora los riesgos de acuerdo con la importancia de los actos”. Entró diciendo que era el deshollinador. Ante la posibilidad concreta de un allanamiento, se escondió en la chimenea. Antes de irse, deshollinó la chimenea.

Antes de abandonar Santiago, hizo algo más: fue a darle las gracias a Blanca Luz. La visitó en el Correccional, disfrazado de sacerdote. Charlaron 56 minutos en presencia de dos guardias. Luego llegará a Caracas, donde estaba Perón. Allí era el “doctor Vargas”, y se presentaba como “psicoanalista”. Hizo tareas de inteligencia y fue contactado por el entonces reportero colombiano Gabriel García Márquez, quien escribió el artículo “Kelly sale de la penumbra”: “Él ha puesto en práctica, hasta un grado increíble, sus profundos conocimientos de la psicología de la vida corriente… Kelly no rompió jamás un candado ni sometió un guardián por la violencia”. Su virtud fue “no apresurarse”.

Los destinos de ambos protagonistas de esta historia resultaron tan inverosímiles como el devenir de la Argentina: Blanca Luz, defendiendo a Augusto Pinochet en los 80 hasta su muerte en 1985 en la isla Robinson Crusoe. Kelly, furioso menemista, con un programa en ATC llamado Sin concesiones, levantado en 1991 por hablar sobre la adopción de los hijos de Ernestina Herrera de Noble. Se quedó sin programa y deambuló por los medios hasta su muerte en 2005. Fue de lo único que no pudo escapar.

Escrito por
Gustavo Sarmiento
Ver todos los artículos
Escrito por Gustavo Sarmiento

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo