• Buscar

Caras y Caretas

           

A sangre fría 

El asesino de Lennon era un hombre común, anónimo, sin antecedentes. Pero con un historial de violencia familiar y bullying que caló en su psiquis y que nadie supo ver.

Mark David Chapman trataba de llevar una vida vacua y normal. Leía la Biblia como el promedio de los estadounidenses, era empleado de seguridad en una torre de departamentos en Honolulu, se había casado hacía un año con Gloria Abe, una agente de viajes, y se mostraba cordial con sus compañeros de trabajo a la hora del almuerzo.   

Nadie había notado que ese joven texano de 25 años de carácter introvertido estaba atravesado por la violencia ejercida por un padre militar, que lo había golpeado y abusado de chico, y una madre enfermera, que lo único que pudo hacer es divorciarse y llevárselo a vivir a Hawai.  

Nadie sabía que desde los 9 años escuchaba voces que le hablaban en su cabeza y que se había creado un reino imaginario habitado por pequeños seres a los que gobernaba a su caprichoso antojo, a diferencia de la vida real, donde su figura regordeta y poco apta para las actividades físicas era el centro de la burla de sus compañeros en la primaria.  

No parecía un bicho raro en la secundaria cuando comenzó a escuchar a Los Beatles y experimentar con LSD y anfetaminas. Nadie sospechó cuando a los 15 años empezó a recitar de memoria distintos fragmentos de la Biblia, al igual que centenares de chicos que asistían a los campamentos de verano de la Asociación Cristiana de Jóvenes. Ni siquiera su novia hasta los 22 años notó un rasgo de violencia: ella lo dejó por una infidelidad, no porque fuera un potencial asesino.  

Cuando un amigo le prestó El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger, un libro publicado en 1951 que funcionaba como un rito de iniciación y rebeldía para los jóvenes de la época, se obsesionó con el personaje de Holden Caulfield, el adolescente hastiado de la hipocresía del mundo adulto y la sociedad. Chapman se identificó con ese joven solitario, amargo y rabioso que escapó de su vida ordinaria para tener una serie de experiencias en Nueva York.

Una realidad paralela

Un mecanismo extraño se disparó en la psiquis de Chapman –un depresivo crónico con un intento de suicidio, que había estado internado en un psiquiátrico–, que conectó la historia del libro con la reacción de rechazo que le provocaba la figura de John Lennon, el ídolo de su adolescencia, desde que declaró que Los Beatles eran más populares que Jesús.  

Con los años, el resentimiento hacia Lennon fue creciendo en la realidad paralela de su mente y nadie lo notaba, ni siquiera su esposa. “Hazlo, hazlo”, repetían las voces en su cabeza. El alcohol no lograba acallarlas.  

En octubre de 1980 compró un revólver calibre 38 y tomó un vuelo a Nueva York. Se paseó frente al edificio Dakota, donde John Lennon vivía con Yoko Ono y su pequeño hijo Sean. Nadie notó su presencia, pero Chapman no pudo hacerlo. Llamó a su esposa, le confesó lo que tenía planeado, dijo que la amaba y que volvería a Hawai, pero no tiró el arma al río como había prometido. Regresó al mismo lugar el 8 de diciembre con un ejemplar de El guardián entre el centeno y la 38 en el bolsillo.  

Estuvo todo el día parado frente al edificio de la 72 frente al Central Park. Saludó al pequeño Sean cuando entró con su niñera y logró que el ex beatle le firmara un ejemplar del disco Double Fantasy. Pero otra vez nadie notó la existencia de Mark David Chapman. Era un hombre ordinario y anónimo, sin antecedentes penales, que todavía no tenía una condena por cadena perpetua, hasta que descargó cinco disparos sobre el cuerpo de John Lennon. 

Escrito por
Gabriel Plaza
Ver todos los artículos
Escrito por Gabriel Plaza

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo