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Caras y Caretas

           

El director que no fue

Ilustración: Gabriel Hernán Ramírez

Mark David Chapman, con su crimen, dejó sin develar lo que sería el futuro de John Lennon. Pero lo cierto es que su fascinación por el séptimo arte lo estaba llevando hacia una nueva búsqueda.

La premisa es inquietante: ¿fue su primer papel “serio” en cine lo que llevó a John Lennon a terminar con los Beatles? El tema, álgido si los hay, no se exploró lo suficiente, a pesar de toda la bibliografía, las películas y los documentales realizados durante más de medio siglo sobre uno de los artistas más influyentes del siglo XX. Hasta el mismo Lennon lo dejó entrever, en más de una entrevista, como esta de agosto de 1980 para Newsweek: “Siempre estuve esperando una razón para salir de los Beatles, desde el día en que filmé Cómo gané la guerra, en 1966. Simplemente no tuve las agallas para hacerlo”.

Sucede que la primera película de Lennon sin sus compañeros –es decir, fuera de los divertimentos Anochecer de un día agitado, Help!, Gira mágica y misteriosa y Yellow Submarine–, fue también el principio del fin: la liberación y presión, en partes iguales, de ser parte de un elenco en el que no era el protagonista; un rodaje en terrenos inhóspitos de Carboneras, España, que igualmente lo fascinó; y la sensación de que estaba mejor solo que en grupo. Además, pocos meses después de terminado el rodaje, conoció en una galería de arte a su gran amor, Yoko Ono. Y su historia cambió para siempre.

Fábula antibelicista dirigida por Richard Lester (quien había estado a cargo de las dos primeras películas de los cuatro de Liverpool), el mérito mayor de Cómo gané la guerra no fue ni su guion sobre un grupo de soldados en el campo de batalla ni su estilo displicente, tampoco su voluntariosa pero fallida destreza visual; la promoción y legado se concentró en su mundialmente famoso actor de reparto, aun con las reticencias que el propio Lennon tenía sobre sí: “Probablemente no habría aceptado si no hubiera sido Dick Lester el director. Habría estado demasiado nervioso. Puedo hacer el ridículo delante de él porque lo conozco. Si hubiera sido otro director diciendo ‘Haz esto y haz aquello’, me habría desmoronado. Acepté hacerla porque estaba interesado en probar algo más, algo distinto. Este papel se opone completamente a todo lo que he hecho en el pasado. Soy una persona completamente diferente en ella, realmente no me parezco en nada a cómo la gente me ha visto antes”.

Aquello fue un gusto, por no decir capricho. Uno de los tantos que, como integrante de los Beatles, John estaba acostumbrado a darse. También fue la convicción de que había un camino en solitario. Hasta se podría decir que la consolidación de una imagen, la de los anteojitos redonditos, que con el tiempo se conocieron como “anteojos John Lennon”. Pero no fue en absoluto el principio de una carrera en el cine. Que igualmente existió, sí, incluso a costa de él mismo.

TEMBLANDO POR DENTRO

A partir de 1968 comenzó una etapa de experimentación cinematográfica para John Lennon, influido y potenciado por la presencia de Yoko. La pareja realizó una serie de cortos y mediometrajes, que con el tiempo se transformaron en obras habituales de muestras de cine y homenajes al artista. Two Virgins (1968), Fly (1970), Erection (1971) y Up Your Legs Forever (1971) fueron algunos de los títulos que filmaron en esa etapa. El más destacable de la lista fue Rape (1969), que sigue a una chica que se encuentra en un cementerio, y está contado desde el punto de vista del camarógrafo.

El asesinato del músico en diciembre de 1980 malogró cualquier posibilidad de revelar a un inspirado director cinematográfico, pero abrió paso a un camino, donde su palabra y su imagen se volvieron recurrentes.

Ya en época de los Beatles, el grupo tenía clara la importancia de un registro documental de su vida y obra, para la posteridad. Y esta convicción continuó en John, luego de la disolución del grupo. Cientos de horas de su vida privada y pública fueron profusamente aprovechadas para nuevas películas que celebraron su vida.

Enumerar aquí la totalidad de obras es tan inabarcable como innecesario, pero vale la pena rescatar unas pocas, por su valor histórico en la construcción de la leyenda. The U.S. vs. John Lennon (2006), de David Leaf y John Scheinfeld, rescata la faceta militante y antibelicista de Lennon, y los problemas que tuvo a raíz de eso con el gobierno de Estados Unidos. The Lost Weekend: A Love Story (2022) ahonda sobre la relación de 18 meses que tuvo el ex Beatle con su asistente May Pang, a “espaldas” de Yoko Ono.

Resulta inevitable destacar Imagine (1988), biografía definitiva del artista y la única de esta lista que se estrenó en salas; y el multitrabajo The Beatles Anthology (1995), registro oficial de la vida y obra de la banda que, al momento de su estreno, permitió el rescate de dos temas de John: “Free as a Bird” y “Real Love”. También hubo una gran cantidad de películas de ficción sobre su figura, pero ninguna con el mérito suficiente para ser mencionada.

La dimensión de la figura de Lennon fue tal, que su estela también alcanzó a una serie de proyectos, por llamarlos de alguna manera, bizarros. Un John otoñal, que no murió en el umbral del edificio Dakota, aparece en la película de fantasía Yesterday (2009), mientras que en El rey en Londres (1966), la magia de la edición permite pensar que los Beatles fueron teloneros de Palito Ortega, y que John Lennon lo recibió en el escenario estrechándole la mano.

Sin embargo, el premio mayor al humor absurdo se lo lleva Lennons (2023), película protagonizada por Gastón Pauls, Javier Parisi (el más conocido de los imitadores locales), Luciano Cáceres, Luis Machín, Betiana Blum y Maite Lanata. La consolidación de un delirio sobre una hipotética actuación del artista en Buenos Aires.

Imposible imaginar qué habría sido de la carrera cinematográfica de John Lennon de no existir Mark David Chapman, pero lo cierto es que el artista reivindicaba a la imagen como medio de expresión. Algo que, sumado a su inagotable creatividad, habría sido digno de ver. Y de disfrutar.

Escrito por
Guillermo Courau
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