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Caras y Caretas

           

“León es el rey de la selva”

Andrés Giménez, líder de A.N.I.M.A.L., repasa su vínculo con Gieco, a quien define como un “segundo padre”. Entre grabaciones, giras y amistad, se construyó una fraternidad que cruzó generaciones y estilos.

La voz de Andrés Giménez se llena de emoción cuando se lo convoca para hablar sobre León Gieco. Reflejo de una relación que pasó de la admiración anónima a un estrecho lazo artístico y humano, dejó como legado un disco conjunto y, fundamentalmente, un vínculo “familiar”, según lo define el propio líder de A.N.I.M.A.L., quien lo considera “un segundo padre”. El camino desde la idolatría hacia el lazo filial acrecentó en el referente del nu metal local su amor devocional por la leyenda de la música popular argentina, especialmente cuando comprobó de manera directa que “León es lo que ves, una persona transparente”.

Esta realidad parece la concreción de un sueño inalcanzable para Giménez si se remonta a aquel lejano primer encuentro, cuando ambos coincidieron en 1994, en la ciudad entrerriana de Paraná, aunque en diferentes recintos. En su carácter de fan, el líder de A.N.I.M.A.L. se acercó al lugar donde actuaba su ídolo con la intención de presenciar su concierto, pero se topó con el cartel de “localidades agotadas” al llegar a la boletería. El destino dio un giro cuando lo reconoció un asistente del autor de “Solo le pido a Dios” y lo invitó a ingresar, primero al show y luego a los camarines, donde sentaron las bases de esta larga amistad.

Resultan ya anecdóticos, entre los miles de momentos compartidos, el registro del clásico “Cinco siglos igual” en el disco Poder latino de A.N.I.M.A.L. (1998) o la placa conjunta Un León D-mente (2009). En esta producción, Gieco abordó hitos de su repertorio como “La mamá de Jimmy”, “Pensar en nada”, “Solo le pido a Dios”, “El fantasma de Canterville”, “Hombres de hierro” y “La memoria”, entre otros, en formato metalero, a imagen y semejanza de D-Mente, la formación que encabezaba en aquel entonces Giménez, luego de poner en pausa por un tiempo a A.N.I.M.A.L.

Como frutilla del postre, el trabajo conjunto fue presentado el 21 y 22 de enero de 2010 en el estadio de River Plate, cuando fueron número de apertura en una de las tantas visitas de Metallica a nuestro país.

“León es un gigante. ¡Es León! ¡El rey de la selva! Es historia. Su legado que va a quedar por siempre. Unió a muchos, rompió muchos esquemas. No quiero decir prócer porque lo hago más viejo, pero es un referente de la música argentina en el mundo”, sentencia Giménez.

–Si te remontás a aquel primer contacto en 1994, en Paraná, ¿qué preconcepto tenías de él y cómo resultaron esas ideas al generarse un vínculo?
–Yo escuchaba a León Gieco antes de ser músico profesional. Era un chico de barrio y en mi casa sonaba siempre. Conocerlo fue encontrarme con un ídolo. Sin proponérmelo, de la nada, lo tenía al lado mío y no lo podía creer. Ahí me di cuenta de que era más grande de lo que me imaginaba, porque tiene la humildad que solo tienen los grandes. Así fue que me hice más fan todavía, porque es un gigante y es maravilloso que sea así. León es una fuente de energía enorme que te contagia todo el tiempo.

–A nivel sonoro, parecieran ubicarse en planetas diferentes. ¿Qué sentís que hay de él en tu música? ¿Cómo te influyó?
–Primero, en lo lírico. Hay muchas cosas en común con A.N.I.M.A.L. Hablamos de cosas reales de la vida, somos defensores de la libertad, del respeto. Hablamos de las comunidades indígenas, de no perder la memoria. En definitiva, de muchas cosas que nos emparentan. Y en lo musical, creo que León es un rockero nato, tiene temas recontra roqueros. Tiene ese espíritu. Me parece que no necesita poner la distorsión al palo para que seamos compatibles. Es una cuestión de actitud. Para mí, es lo mismo cuando tocamos con Metallica que cuando lo veo a León cantar solo con su guitarra. “La memoria” es tan heavy metal como “El nuevo camino del hombre”, con toda la distorsión de la guitarra.

–¿Cómo surgió la idea de grabar un disco juntos?
–Fue muy hermoso porque nosotros ya habíamos tocado algunas canciones juntos. Además, con León hacía mucho que, por ejemplo, cantábamos folklore a capella en la casa de mis viejos. A él siempre le gustó mucho A.N.I.M.A.L. y cómo cantaba en las partes menos gritadas. Un día estábamos tocando y me dice lo bueno que sería grabar canciones juntos, en un estilo más pesado. Yo le dije que sería increíble y que lo único que teníamos que hacer era ponernos a laburar. Me pidió que me encargara de la producción y no tuve problema porque es algo que me encanta. Nos divertimos mucho en la grabación, lo hice grabar con micrófonos distorsionados y utilizar ideas que no formaban parte de su mundo musical cotidiano. Lo hizo con mucha alegría y fervor. Después salimos a hacer una gira gigante de ese disco y vivimos muchos momentos hermosos. Eran horas y horas de micro, compartiendo situaciones muy divertidas, teniendo charlas largas y profundas, y compartiendo música. Yo llevaba cosas de Pantera y Cannibal Corpse, y él “se lo comía” todo (risas). Después, él llevaba discos de Crosby, Stills, Nash & Young o Peter Gabriel, y me los hacía escuchar. Caíamos a tocar con el mismo setlist al Cosquín Rock, al Cosquín Folklore o a la Fiesta de la Salamanca, con equipos al palo y distorsión. ¡Una vez, tocamos en un casino y comenzaron a sonar todas las máquinas por la vibración de la banda! (risas).

–Hablamos de cómo te influenció. ¿Sentís que lo influenciaste de alguna manera en estos intercambios musicales?
–Es difícil, porque es un tipo que tiene mucha cultura musical. Creo que soy un amigo que le transmitió su locura desde la parte distorsionada, porque debo haber sido el guitarrista que más fuerte sonó con él. Soy uno de los pocos que le colgó una guitarra eléctrica, porque siempre se lo veía con la acústica. En un show, le pasé mi guitarra y se colgó la Les Paul.

–¿Qué significa León Gieco en tu vida?
–Le tengo un amor incondicional, siento como si fuera un papá. Siempre digo que mi viejo se me fue de esta vida, pero está él, que es como mi segundo padre. Quiero mucho y soy muy amigo de toda su familia, de sus hijas, de su esposa. Es una persona muy cariñosa, muy fraternal. León es lo que ves, es transparente. Por eso es León Gieco. Por eso tiene las puertas y el alma abiertas en todos los aspectos. Como “Los Orozco”, ha tocado con todos y tiene canciones que se grabaron en millones de idiomas. Te hago una pregunta yo a vos: ¿cuántos León Gieco hay en Latinoamérica? No se puede encontrar otro así nomás. Es un “killer”, un asesino de sentimientos, pero son asesinatos lindos.

Escrito por
Hernani Natale
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