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Caras y Caretas

           

“Gieco sorprende día a día por su bondad infinita”

Sebastián Schindel fue uno de los directores de Mundo Alas. Un cineasta que, antes que nada, tuvo que aprender sobre el mundo de las personas con discapacidad.

El cineasta Sebastián Schindel conocía a León Gieco desde hacía tiempo. Pero fue durante la filmación de Mundo Alas que comenzó a llamarlo por un apodo: Locomotora Gieco. “Porque tiene una energía arrolladora. Y no te queda otra que ser un vagón que lo sigue, te lleva con esa energía. Los problemas no importan, avanza. Está en marcha y no se puede frenar”.

El apodo da cuenta de la intensidad del trabajo detrás de ese proyecto que nació en forma de conciertos de artistas con discapacidad en el Salón Blanco de la Casa Rosada, bajo el gobierno de Néstor Kirchner. Esa iniciativa dio lugar a una gira en 2007-2008, un disco, una película documental basada en aquella gira, un libro traducido al braille (Cuentos con Alas), una serie de tres temporadas en Canal Encuentro y más. Todo un universo titulado a partir de una frase de la icónica Frida Kahlo: “Pies, ¿para qué los quiero, si tengo alas para volar?”.

Schindel, convocado por Locomotora Gieco, compartió la dirección de la película con su par en la productora Magoya Films, Fernando Molnar, y con el propio cantautor. “A la película le debo el descubrimiento de este mundo y el haber perdido un montón de prejuicios que por ignorancia tenía acerca de la discapacidad”, dijo Schindel tras el estreno, en 2009.

El filme muestra un viaje por el mapa argentino y las historias de vida de sus protagonistas entre música, danza y pintura: Alejandro Davio, compositor, guitarrista y cantante, nacido con hidrocefalia congénita; Maxi Lemos, cantante, quien superó una parálisis cerebral; la cantante Carina Spina, ciega; Francisco Chévez, uno de los artífices del proyecto, músico con la armónica y con banda propia, sin brazos ni piernas; Demián Frontera, bailarín en silla de ruedas; Antonella Semaán, pintora sin manos; las y los integrantes de la Compañía de Tango Danza Amar, con síndrome de Down. Entre otros y otras. Después del documental llegaron las tres temporadas de la serie Una gira diferente.

Tras años de abocarse a documentales, a la película Mundo Alas y a la serie, Schindel lleva más de una década dedicado a las películas de ficción. Con obras como El patrón, radiografía de un crimen (2013), El hijo (2019) y Una muerte silenciosa, un thriller policial estrenado a comienzos de 2025. “La habíamos filmado dos años antes. Si la hubiésemos tenido que filmar este año, no se hubiera podido, porque costaba el doble. El contexto para hacer cine es horrendo, un momento muy difícil”, describe. Pese a todo se encuentra trabajando en varios proyectos. Hasta que no se concreten, no los cuenta, por cábala.

–¿Cómo nació la idea de filmar Mundo Alas?
–Fue una idea de León. Me llamó para darle forma, para hacerla juntos. Ya nos conocía a mí y a mi socio, había visto algunas producciones nuestras, yo había participado en alguna escena de Que sea rock y le había gustado. No teníamos una relación cercana, pero nos conocíamos. Nos invitó a comer a su casa, nos contó la idea y empezamos. Después, esa relación se volvió mucho más cercana. Él es una persona excepcional. Desde antes de Mundo Alas me parecía que lo era, y después mucho más. Sorprende día a día por su bondad infinita, su buena onda. Es un ser fuera de serie.

–¿Cuál era el principal desafío que presentaba el proyecto?
–Tenía distintos niveles de dificultad. La parte económica siempre es una preocupación, en un proyecto que era ambicioso. Pero además él conocía a todos los artistas: nosotros todavía no. Había mucha incertidumbre por mi lado. ¿Cómo sería trabajar con ellos? Había artistas con discapacidades diversas, cognitivas, sensoriales, motrices, realidades muy distintas. Me acerqué con un poco de temor, en el buen sentido. Pensando cómo iba a ser, cómo le íbamos a dar forma. Eran prejuicios y temores previos. Temor que también estaba del lado de los protagonistas, según contaron después.

–¿Cómo fue el paso por esa experiencia de gira y filmación, tras esos temores?
–Yo primero me imaginaba en abstracto, sin haber tenido contacto con ese mundo. Me imaginaba cómo me iba a relacionar en lo profesional, en lo afectivo y en lo artístico con personas con discapacidades intelectuales y motrices. En algunos casos, más de una. Se arma un grupo donde son todos muy distintos, con diferentes necesidades. No es lo mismo trabajar con alguien que está en silla de ruedas que con alguien que no ve. Éramos una armada Brancaleone, pero cuando hay buena voluntad y linda energía, las diferencias desaparecen. Todo el equipo artístico es maravilloso. Algunos nunca antes habían salido de sus pueblos, era la primera vez que dormían en hoteles durante la gira, lejos de sus familias. Era un temor a lo desconocido. Fue muy placentero recorrer el camino. Y muy divertido.

–¿Cómo te preparaste para dirigir una obra protagonizada por artistas con discapacidad?
–Yo decía en chiste que me volví experto. Porque me formé con especialistas en distintos tipos de discapacidades. Tuve acompañamiento de lo que hoy es la Agencia Nacional de Discapacidad, que no se llamaba así. Iba conociendo a un especialista en Síndrome de Down y él me presentaba a otro para tal especialidad. Era algo que formaba parte de la película. En una de las escenas grupales decíamos: ¿cómo hay que nombrarse? Era muy interesante escucharlos a ellos. Porque hay una versión oficial, pero no siempre es la que prefieren. Decimos “persona con discapacidad”, porque anteponemos a la persona. Pero por ejemplo muchas veces decimos “no videntes” y charlando con ellos decían que no les gusta que los definan por la negatividad: preferían que les dijeran ciegos.

–¿Cómo fue recibida por la crítica y por el público en general?
–Pasaron muchos años. Mi hijo era un bebé de meses en el estreno y hoy tiene 16 años. Pero mi recuerdo es muy positivo. Hubo mucha alegría, funcionó bien de público, con una prensa espectacular. Acá todo el mundo sabe quién es León Gieco, pero nos invitaron a llevar la película a otros lugares donde no sabían, como Estados Unidos, y también fue una experiencia muy linda.

–Tras haber dirigido Mundo Alas, ¿cómo vivís el presente de estigmatización y ajuste que atraviesa la población con discapacidades?
–Me produce un dolor enorme. Conociendo ese mundo en profundidad, las distintas realidades, de distintos lugares, ver el nivel de crueldad que hay es doloroso. Y que encima después se descubra que en realidad estaban cometiendo hechos de corrupción cuando decían que no había plata, sabiendo el esfuerzo que hacen las familias por ayudar a sus hijos o parientes para que tengan la mejor vida posible con sus dificultades adicionales. Me parece de una crueldad absoluta. E ignorancia. Porque van de la mano: el cruel es ignorante.

Escrito por
Luciana Rosende
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