Van más allá de su filiación sanguínea. Se definen como nietos de toda una generación, hijos también de H.I.J.O.S., y bisnietos de las Madres y de las Abuelas de Plaza de Mayo.
Por eso, desde 2019 forman la agrupación Nietes para continuar ese legado y llevar adelante acciones como acompañar en la ronda de los jueves a las Madres y Abuelas, vincularse y colaborar con otros organismos de derechos humanos, dar charlas y talleres en colegios o brindar apoyo escolar, además de reunirse una vez por año en el encuentro federal que agrupa a todas las filiales regionales del país. Su activismo, afirman, es tanto por preservar la memoria de Abuelas y Madres, que por razones etarias van dejando este mundo, como también por continuar su recorrido: “Nos sumamos también a la búsqueda de nietos que son ya una segunda generación en el despojo de su identidad, identificando que quienes llevan adelante esa lucha son las Madres y Abuelas, pero aportando generacionalmente, pues algunos hijos de desaparecidos no quisieron o no se animaron a hacerse los estudios, pero sus hijos, chicos y chicas de nuestra generación y cercanos a nuestros espacios educativos o laborales, sí pueden tener sospechas sobre su identidad, con lo que hemos acompañado a estos pibes y pibas a hacerse estudios, de los que estamos esperando resultados”, cuenta a Caras y Caretas Natalia Novelli, rosarina de 27 años y estudiante de Psicología.
Malena Moreno, de 27 años, de La Plata, estudiante de Desarrollo y Políticas Públicas y nieta del abogado laboralista desaparecido Carlos Alberto Moreno, cuenta: “Nietes, al igual que H.I.J.O.S., nació en La Plata, una ciudad muy universitaria, donde ya durante el gobierno de Macri muchos jóvenes observaban cómo las políticas económicas neoliberales y las reivindicaciones de impunidad, por ejemplo con el fallo del 2×1 a los genocidas, estaban volviendo a emerger, pero también en el contexto de la discusión del aborto y una ola feminista muy fuerte, de ahí que el nombre lleve la E, así como la reivindicación de las disidencias sexuales, todo eso se incluyó en nuestro campo, que igualmente sigue debatiéndose”. En tanto, Mariana Luzuriaga, de 29 años y estudiante de Historia en Pergamino, señala: “No tengo familiares víctimas de la dictadura, pero soy de una generación que creció con una política de Estado orientada a la memoria, la verdad y la justicia, y una adolescencia donde la militancia y la participación de la juventud estaba en un momento de fervor y con mucha potencia, algo que actualmente cuesta más, por la pandemia, las dificultades económicas y la salud mental, con lo que creo muy importante continuar esta lucha”.
UN COMPROMISO CON LA HISTORIA

Novelli tampoco tiene filiación directa con familiares víctimas de la dictadura. “Los 30.000 nos faltan a todos, son 30.000 sueños y proyectos de un mundo mejor, un país más justo, más igualitario, y hoy esa ausencia se siente mucho”, señala. Junto a ella, Lua Conechny, también de la regional Rosario, estudiante de Psicología de 23 años, y con un abuelo médico desaparecido, se presenta igualmente como “nieta de los 30.000, porque más allá de tener un familiar desaparecido, nos presentamos así como organización”.
En este sentido, señalan: “Lo que nos distingue de otros organismos es la lejanía generacional del hecho, y eso nos invita a tener que convocar a todas las juventudes a sentirse nietas de esa generación, no solamente de los 30.000, que igualmente ya están súper apropiados por todas y por todos y son llevados en banderas, gritos y canciones, pero también de las condiciones de posibilidad que dejó esa dictadura cívico-militar en términos de matriz social, de ruptura del enlace social, de ruptura de la participación política que esos 30.000 llevaban adelante, como parte de todo un colectivo muy heterogéneo y variado”. Y acuerdan que la formación de esta organización no solo tiene que ver con el drama que sembró la dictadura, sino también con la impronta a futuro que dejó la generación de sus abuelos: “Nos gusta hablar con los pibes el hecho de imaginarse lo grande y poderoso que estaban logrando, de esa organización comunitaria que tanto nos cuesta construir en nuestro contexto actual, lo que generaron en términos de conciencia política, de conciencia de clase, que fue tan fuerte e importante que implicó que el poder económico tuviera que gestar un plan sistemático para poder desmembrarlo, acá y en toda América latina”.
–¿Cómo piensan el tema de la violencia armada que también estuvo presente en esa generación?
M. M.: –Yo voy a hablar como nieta. Su militancia no nació con las armas, sino que fue en la básica construyendo, en barrios populares, dando clases, haciendo ollas populares, cosas muy cercanas a lo que hacemos y construimos desde este y otros espacios comunitarios. Pero me parece importante hacer una lectura del momento, porque no es lo mismo pensar en una militancia actual que la de un montón de pibes y de pibas que en su propio liceo les enseñaban a usar armas, es decir otro contexto de época, donde tampoco había cuarenta años de democracia sino años de proscripción del peronismo. En la actualidad tendremos otras estrategias para construir esa batalla de sentidos, pero nos seguimos enfrentando contra los mismos, que siguen siendo igual de crueles y no tienen ningún problema en hambrear a nuestro pueblo, en negarles atención a personas con discapacidad o acceso a medicamentos y salud pública a quienes la necesitan para sobrevivir. Me parece importante no romantizar a los que dieron la vida por sus sueños y por la patria, pero sí comprender que respondió a un clima de época.
–¿Qué otras cuestiones leen sobre las últimas elecciones, que consagraron a un gobierno con un proyecto opuesto al de ustedes y sus familiares?
M. L.: –El desprecio y odio hoy no es solo a quienes llevamos adelante la lucha por los derechos humanos, sino también a las disidencias, los pobres, los discapacitados, y podríamos enumerar un montón de sectores y colectivos, con un discurso que caló en una parte importante de la juventud y también en amplios sectores etarios. Por eso es importante poder reorientar nuestra militancia de cara al futuro. Por eso nos parece interesante hacer un nexo entre el legado de la dictadura y las desigualdades del presente, es decir, no solamente el ejercicio de la memoria, sino también cuáles fueron las consecuencias en términos de lo que estamos viviendo.
