“Señoras y señores, tenemos el enorme agrado de anunciar que Sebastián Vega será el capitán del Club Atlético Boca Juniors para la temporada 2025/2026.” El anuncio, publicado en la cuenta oficial de X de Boca Básquet, tiene un valor histórico tanto para el deporte como para la cultura LGTBIQ+.
En marzo de 2020, Sebastián Vega se convirtió en el primer jugador de básquet en la Argentina en declararse públicamente gay mediante una carta abierta en redes sociales. Esto ocurrió luego de que un espectador le gritara “puto de mierda” en pleno partido, desde una tribuna en Santiago del Estero. El 27 de junio de 2025, Vega redobló la apuesta: durante los festejos por el bicampeonato nacional de Boca, se subió a un aro y desplegó la bandera del arcoíris, reafirmándose orgullosamente gay.
El boxeador estadounidense Emile Griffith, quien mató a su rival Benny Paret en el ring en 1962 tras recibir un insulto homofóbico, escribió en 2007: “Maté a un hombre y el mundo me perdonó. Pero amé a un hombre y el mundo quiso matarme. Aunque nunca fui a la cárcel, estuve en prisión toda mi vida”. La frase refleja con precisión el machismo y la homofobia que persisten en el universo deportivo. Aun en pleno siglo XXI, pocos deportistas se atreven a salir del clóset, como si los deportes fueran uno de los últimos reductos del machismo más recalcitrante y destructivo. La historia de Sebastián Vega constituye un punto de inflexión frente a esos discursos que vulneran derechos y afectan las vidas de gays, lesbianas, trans y travestis.
–¿Cuándo comenzaste a sentir que había discrepancias entre tus preferencias homoeróticas y el mundo del básquet que habitabas?
–En cierta forma, no puedo precisarlo, porque durante mucho tiempo reprimí mis gustos sexuales por los hombres hasta llegar a no experimentarlos. Transcurrí mi niñez y adolescencia sin pensar en mi sexualidad. Con el tiempo, me di cuenta de que mi inconsciente reprimía mis deseos. Entre el colegio y el básquet, gastaba toda mi energía y mi líbido; pasaba mucho tiempo en el club y era mi pasión. Por eso, ni siquiera se despertaba en mí la conciencia sexual. Ese tema recién comenzó a los 21 o 22 años, cuando sentí atracción por un amigo. Después conocí a mi primer novio, y la pasé muy mal; no fue culpa de él, sino de mi estructura, mi vergüenza y mi culpa. Más adelante conocí a mi expareja, con quien me enamoré y con quien me animé a dar un paso importante en mi vida afectiva.
–¿Quiénes fueron tus referentes deportivos para aceptarte y no sentirte solo?
–En el deporte prácticamente no había referentes. En mi generación no existía la cantidad de información que hay hoy, así que fue un proceso muy difícil. Recuerdo que, más adelante, buscaba información sobre deportistas gays y era difícil de encontrar. Mi exnovio me contactó con Facundo Imhoff, jugador de vóley que había salido del clóset, y su experiencia me ayudó mucho. Me permitió sentirme acompañado y darme cuenta de que no era el único gay en el deporte. Hoy seguimos siendo amigos.
–¿Con qué otras personas te sentiste acompañado al asumir tu sexualidad?
–Lo más importante era que lo supiera mi familia, que es lo más sagrado para mí. Soy muy familiero y quería que lo supieran por mi boca, no por chismes. Fue un momento duro, pero con el tiempo y el proceso de ellos, me acompañaron, aunque no comprendieran todo. Mis amigos también estuvieron ahí, mostrándome apoyo, iluminando el camino cuando todo parecía oscuro.
–Antes de salir del clóset, ¿sufriste situaciones de discriminación?
–No sé si llamarlo discriminación, porque nadie sabía que era gay. Pero sí me afectaban comentarios y chistes sobre la homosexualidad, especialmente en colectivos, cenas o reuniones. Recuerdo un viaje con el equipo de Boca: un compañero dijo que haría echar a un jugador gay del colectivo. Aunque no era directamente hacia mí, me hizo dudar mucho y me enseñó que debía ser cauteloso en muchas situaciones.
–¿Cómo viviste los chistes recurrentes sobre la homosexualidad en los vestuarios?
–Tenía que soportarlos, y lo peor era sentirme cómplice de un ambiente que discriminaba. No estaba lo suficientemente fuerte para decir: “Yo soy gay, no hagan más esos chistes”. Con el tiempo, al declararme públicamente, pude pararme firme sobre mis pies, y los chistes homofóbicos en el vestuario se terminaron.
–¿Qué te decidió a salir del clóset?
–Llegué a un punto de tanta angustia que mi cuerpo empezó a pasar factura: lesiones, operaciones de hombro, rodilla y talón. Esconderme con mi pareja y no poder mostrarnos afecto me estaba destruyendo físicamente. Mi cuerpo habló por mí.
–¿Cómo fue la vida después de marzo de 2020, cuando saliste del clóset?
–Desde ese momento, mi vida cambió completamente. Comencé a disfrutar más los partidos, me siento libre y ligero. Ser el primer jugador públicamente gay en el básquet fue una presión enorme, pero me sentí muy acompañado. Incluso después de aquel episodio en Santiago del Estero, donde alguien me gritó “puto de mierda”, la gente me aplaudió. Fue un momento de mucha vulnerabilidad, y aun así la respuesta fue positiva.

–El festejo del bicampeonato con la bandera multicolor, ¿fue premeditado o espontáneo?
–Fue una mezcla. El año anterior había pensado en hacerlo, pero la presión de las finales lo dificultaba. Una amiga me regaló la bandera en Córdoba, y durante el séptimo partido, decisivo en Buenos Aires, aproveché la oportunidad para subir al aro y desplegarla. Fue algo planeado, pero con cierta improvisación; un acto mitad azar, mitad estrategia.
–¿Qué sentiste en ese momento?
–Orgullo y felicidad. Entendí qué significa el orgullo después de haber sido obligado a callar. Poder estar en ese aro, con la bandera, celebrando el bicampeonato y la aceptación de la gente, fue uno de los momentos más importantes de mi vida. El orgullo también es una respuesta política.
–¿Qué repercusiones tuvo a nivel nacional e internacional?
–Fue una locura. La repercusión superó mis expectativas. Me llamaron medios italianos, y recibí mensajes de jóvenes deportistas y personas mayores que me agradecían por visibilizar la diversidad sexual en el deporte. Me da tristeza pensar en quienes no pudieron disfrutar de su sexualidad por prejuicios.
–¿Qué importancia tiene tu acto en momentos de discursos de odio y violencia homofóbica?
–Es muy importante. Los ataques homofóbicos siguen ocurriendo y están en aumento. Desde mi lugar intento aportar visibilidad. Muchos agradecen, y aunque no puedo responder a todos, siento que mis derechos y los de otros fueron conquistados gracias a quienes lucharon antes que nosotros. Conquistar derechos implica visibilización y oposición al silencio para prevenir violencia y ataques homofóbicos.
