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Caras y Caretas

           

Tiempos de la Pantera Rosa y el general Videla

El dibujo animado, luego apodo del dictador, gozaba de mayor popularidad cuando el general de brigada fue ascendido a comandante en jefe del Ejército, siete meses antes del golpe.

“Un respiro de alivio se extendió por todos los ambientes informados cuando se conoció la designación del general de brigada Jorge Rafael Videla para suceder al comandante general del Ejército, teniente general Alberto Numa Laplane. ¿Pero quién es este general de 50 años que transmite esta tranquilidad?”. El anónimo autor de la nota publicada en la revista Gente intenta contestar la pregunta en una doble página en la que exalta la figura del militar ascendido: “Una larga y firme vocación, profesionalismo ciento por ciento y discursos que muestran claramente su posición a lo largo de los años. Síntesis de unidad”. La historia desnudó la profunda equivocación de quienes respiraron aliviados el 28 de agosto de 1975.

Videla había asumido su nuevo cargo en una ceremonia en el Regimiento de Patricios, rodeado de sus pares de la Armada, Emilio Eduardo Massera, y la Fuerza Aérea, Héctor Luis Fautario; el dictador Alejandro Agustín Lanusse y los exjefes del Ejército Leandro Anaya y Julio Alsogaray.

En su artículo, el periodista de Gente desliza otro interrogante: “Mientras la tranquilidad en materia de inquietud castrense desaparece de las primeras páginas de los diarios, aunque mantengan toda su actualidad otros temas igualmente preocupantes, la pregunta que se hace la calle es qué hará el teniente general Videla ahora que tiene la posibilidad de llevar a la práctica las ideas que tan claramente expresó en sus discursos públicos”.

Además de desplegar datos biográficos y armar una cronología de los hechos que culminaron con el ascenso, el desconocido redactor elige varios fragmentos de las arengas de Videla para apuntalar el encumbramiento del militar:

  • “Las Fuerzas Armadas de la Nación están comprometidas con el proceso de institucionalización iniciado en el año 1973 y se sienten responsables de velar por su cumplimiento asegurando la continuidad constitucional”;

  • “No es propio de la tradición del Ejército Argentino ni del honor de sus integrantes tener reacciones histéricas, impropias de varones, ni obrar por impulsos reñidos con la esencia de una institución cuyo pilar fundamental es la cohesión basada en la disciplina”;
  • “La voz del Ejército no clama venganza, pues la vida de sus hijos no le pertenece. Ella está consagrada al servicio de la Nación a partir del juramento de fidelidad a la Bandera, símbolo sublime de la Patria que es hoy la verdadera amenazada”;
  • “El Ejército, brazo armado de la Nación, como decía Carlos Pellegrini, debe parecerse a un león listo para la pelea, pero encuadrado en la jaula dorada de la disciplina, cuyos barrotes son la ley y los reglamentos”;
  • “Frente a un mundo multipolar y plurifacético, altamente tecnificado y en acelerado proceso de cambio, al conjugar la ecuación desarrollo-seguridad el Ejército Argentino habrá de jugar, una vez más, el papel protagónico que la Argentina libre y fuerte de mañana le tiene reservado”;
  • “La subordinación no es sumisión ni obediencia ciega al capricho del que manda. Es obediencia consciente a la voluntad del superior. Así la obediencia se ennoblece”.

“Un hombre de otro tiempo”

Con la llegada de Videla al nuevo cargo –según el periodista–, “el Ejército ha vuelto a una política absolutamente profesionalista, dispuesta a custodiar el ideario republicano de la Nación, a defender su soberanía y su orden interno”. Como era de esperar, su proyecto contemplaba “combatir ‘sin claudicaciones’ a la subversión”.

El perfil armado por Gente es un panegírico que sobresalta. Plantea que la línea de pensamiento del futuro dictador comulgaba con la pastoral que el vicario castrense, monseñor Adolfo Tortolo, había pronunciado semanas atrás, en la que denunció la “crisis moral” que sufría el país. Sin embargo, “la inflexibilidad en los principios no ha obstado para que el general Videla ganara fama de comprensivo con los problemas humanos de sus subalternos. Esta fama ha estado asentada también en la ecuanimidad de sus decisiones”.

Para el semanario, Videla es “un moralista”; “un católico fervoroso”; “un militar de singular prestigio, forjado a imagen y semejanza del de su padre, el coronel don Rafael Videla, que fue jefe del Regimiento 6 de Infantería de Mercedes”; “un hombre de otro tiempo”; “de una corrección personal, de una honestidad y una pureza llevadas al límite del renunciamiento”; de una “elevada aptitud militar” y “capacidad intelectual”; “un verdadero modelo”.

Una joya felina en un país imaginario

La noticia sobre Videla quedó plasmada en la tapa de Gente del 4 de septiembre. Era uno de los dos temas principales. ¿El otro? El fenómeno de la Pantera Rosa, un diamante conservado en un país imaginario que se transformó en un simpático felino y que encantó a chicos y grandes en todo el mundo.

Una fotografía y un dibujo: Videla, a la derecha; la Pantera Rosa, a la izquierda. Relegados quedaron el desempeño de Guillermo Vilas en el torneo de Forest Hills –perdió en las semifinales frente a Manuel Orantes–, el atentado contra un avión de la Fuerza Aérea en Tucumán y un congreso de brujos en Colombia.

Quienes armaron la portada de ese número, ¿pensaron en el parecido físico entre ambos? Difícil de creer que se escondiera una burla al poder militar. El tiempo hizo que “El Flaco” y “El Cadete”, los apodos con que era conocido Videla entre sus camaradas, cayeran en el olvido y algunos se atrevieran a rebautizarlo “La Pantera Rosa” –dicen que el mote se le ocurrió al almirante Massera.

El personaje creado por el dibujante Friz Freleng, que los argentinos podían disfrutar en la pantalla de Canal 7 y que se había adueñado de revistas, figuritas, pósteres y disfraces, cuenta con más espacio en aquella edición de Gente que el militar: cuatro páginas sobre el éxito de la película El regreso de la Pantera Rosa, con Peter Sellers como el Inspector Clouseau, y otras tantas con una “entrevista pata a pata” con el personaje realizada por el periodista Néstor Barreiro.

El regreso de la Pantera Rosa, que se había estrenado en Estados Unidos el 21 de mayo –en la Argentina llegaría el 2 de enero de 1976–, logró colocarse detrás de Tiburón en la tabla de recaudaciones.

Hollywood esperaba reeditar los éxitos de La Pantera Rosa y Un disparo en las sombras, lanzadas una década atrás. Para ello armó un pink week end con el estreno mundial del film para 150 periodistas en un lujoso hotel de la costa de California. Allí estuvieron el director, Blake Edwards; los actores principales y el músico Henry Mancini. El festejo costó 200 mil dólares.

La otra pieza periodística proponía un juego con los lectores: “En una entrevista exclusiva, la Pantera Rosa quebró su costumbre de no hablar y nos contó sus duros comienzos en un circo cuando era una vulgar y feroz pantera negra. Nos relató también cómo se operó el milagro de su cambio de color y se comparó en genialidad con Charles Chaplin. Además, asegura que no le preocupa para nada la fama del Pato Donald y que no tiene novio ni nada que se le parezca”.

En la imagen principal, el periodista conversa con una Pantera Rosa que fuma en boquilla, escritorio de por medio. Debajo del vidrio que cubre el mueble, puede verse el eslogan del gobierno porteño que circulaba desde el año anterior: “El silencio es salud”.

El terrorismo de Estado avanza

Poco después de la asunción de Videla, los comandantes generales de las Fuerzas Armadas difundieron un comunicado en el que se comprometían a “mantener y fortalecer el proceso político en desarrollo para asegurar la plena vigencia de la Constitución y las leyes”.

Casi al mismo tiempo, reaparecieron los rumores sobre una posible licencia de Isabel Martínez y su reemplazo por el presidente provisional del Senado, Ítalo Luder. La Secretaría de Prensa de la Presidencia tuvo que salir a desmentir esos comentarios.

Videla no perdió tiempo en desplegar su estrategia de conducción. Una de sus primeras medidas fue nombrar a su amigo y compañero de promoción Roberto Viola en la jefatura del Estado Mayor del Ejército, quien lo reemplazaría en la Casa Rosada en 1981.

“Grupos apátridas intentan hoy desconocer la voluntad soberana del pueblo argentino, libremente expresada a través de los canales institucionales que marca la ley y valiéndose de procedimientos tan deleznables como el atentado aleve, la profanación o la intimidación pública, pretenden imponer por el terror lo que está negado por la razón. Tal es su sinrazón y tan reñidas resultan sus ideas con el ser nacional que sus sostenedores reniegan de usar como símbolo la bandera de la Patria.” La proclama encendida de Videla, pronunciada tiempo antes de su ascenso, marcaría el rumbo que siete meses más tarde desembocaría en el golpe de Estado más sangriento de la historia argentina.

Escrito por
Germán Ferrari
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