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Caras y Caretas

           

“Volvería a hacer lo que hice para tener justicia por Santiago”

En Olvidar es imposible, Sergio Maldonado combina la crónica, la memoria y la denuncia judicial en torno a la desaparición forzada seguida de muerte de su hermano.

¿Cuánto tiempo puede durar una espera? ¿Cuánto días, meses, años, crece la esperanza de justicia? No hay límite de tiempo para una voluntad personal que es también una decisión política: saber qué le pasó realmente a Santiago Maldonado en 2017. Y las preguntas y demandas en el caso de su desaparición forzada, en clave de crónica trepidante y de memoria urgente, están en el libro Olvidar es imposible. Santiago, mi hermano, de Sergio Maldonado (Marea Editorial): la lucha prosigue al rastro de la verdad.

Santiago Maldonado –un comprometido artesano y tatuador nacido en 1989 en 25 de Mayo– se había instalado en la ciudad de El Bolsón, Río Negro, donde brindó apoyo a los movimientos mapuches que reclamaban por sus tierras. El 1º de agosto de 2017, Gendarmería Nacional irrumpió por la fuerza en la comunidad Pu Lof en Resistencia, de Cushamen, sin orden judicial: allí se encontraba Santiago. Luego de haber estado desaparecido 77 días, el cuerpo de Maldonado apareció setenta metros río arriba de donde habían ocurrido los hechos.

¿Por qué no había sido encontrado antes? ¿Qué contradicciones y vaivenes exponía la causa? Si bien el entonces presidente, Mauricio Macri, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich –adalid de la represión–, negaron que Gendarmería hubiera detenido a Maldonado, la investigación judicial presentaba diversas irregularidades y, después de que el informe pericial determinara que Santiago se había ahogado, la familia Maldonado sostuvo: “Continuaremos exigiendo una investigación imparcial, independiente, efectiva y exhaustiva”. Desde entonces, Sergio Maldonado, hermano de Santiago, busca respuestas. Y Olvidar es imposible es su testimonio.

Foto: Andrea Antico.

El encubrimiento como hipótesis principal

El libro, con conmovedoras palabras, repasa los años de lucha de Sergio Maldonado, nacido en 1973: “El cuerpo de Santiago no estuvo en el lugar donde fue encontrado. Esto demuestra que hubo una violencia estatal impulsada”, dice. Se sostiene en su propia experiencia: el 3 de agosto –dos días después de la desaparición de Santiago–, llegó a Pu Lof; notó que el agua del río Chubut estaba muy baja y se preguntó, como vuelve a hacerlo en el libro: “¿Cómo puede ser que cientos de personas hayan rastrillado tantas veces la zona sin ver el cuerpo?”.

El encubrimiento es la hipótesis nodal de Sergio Maldonado. Confía en una nueva pericia –que dice que el cuerpo de Santiago no estuvo ni en el agua ni en la tierra– y establece en el libro: “Con la aparición del cuerpo de Santiago buscaron invisibilizar su desaparición”. Entre la crónica humanista, el repaso judicial, el alegato político y la ternura familiar, Olvidar es imposible será presentado el viernes 1º de agosto a las 18.30 en el Centro Cultural Caras y Caretas (Venezuela 330). A Sergio Maldonado lo acompañarán Ana María Careaga, Nora Veiras y Fernando Borroni –más Debret Viana en la introducción–, con entrada libre y gratuita.

Ya en la primera parte del libro, tres capítulos exponen con claridad las hipótesis de Sergio Maldonado: “La realidad supera a la ficción”, “Cómo plantar un cuerpo” y “La puesta en escena de la aparición”. En uno de los pasajes clave, que recobra el texto que Sergio Maldonado leyó el 1º de septiembre de 2017 en un acto en Plaza de Mayo, se lee: “¿Por qué somos maltratados por la ministra de Seguridad y por un sistema judicial que no da respuestas? Somos hostigados con informaciones falsas que buscan sembrar desesperanza en nuestra familia, que colaboró desde el primer momento, con las muestras de ADN y con todo lo que nos han pedido”.

Y allí remata: “Negarnos a hacerlo sería no querer a Santiago con nosotros”. Además, Olvidar es imposible denuncia las operaciones de prensa –sobre todo del diario Clarín–. Y recobra la extenuación y la constante entrega de Sergio Maldonado en la búsqueda de su hermano, día por día: “El cansancio físico y mental que tenía esos días era inmenso. Eran muchas y muy fuertes las cosas que estaba viviendo desde hacía casi dos meses, pero no podía parar: les había prometido a mis viejos y también a Santiago que no iba a parar hasta encontrarlo”. Y más adelante dice: “Eran muy pocos los que se podían poner en mi lugar”.

Con el apoyo permanente de los organismos de derechos humanos, Sergio Maldonado reconstruye cada momento con exhaustiva claridad y no teme ilustrar sus contradicciones y sus dolores íntimos: “Escribo esto ahora y se me llenan los ojos de lágrimas, y a su vez pienso en toda esa gente tan miserable e ignorante que dijo y dice barbaridades de Santiago sin tener idea de quién era. ¿Cómo se puede odiar tanto? ¿Qué pecado cometió Santiago? ¿Ser una persona libre que se expresaba y vivía genuinamente?”.

A medida que todo se encamina al 17 de octubre –el día del hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado–, el autor de Olvidar es imposible traza preguntas clave de cara a la Justicia, a las vicisitudes del expediente y al propio gobierno de Macri: “¿Por qué nos habían tenido durante tantos días dando vueltas por todos lados, mintiéndonos, negando que Santiago había estado en este lugar y, finalmente, terminaba apareciendo ahí justo ese día?”. Y describe: “Nunca pensamos (…) que ese día cambiaría el resto de mi vida. La mía y la de otras personas. Para siempre”.

Conduele repasar los pasajes del libro que aluden a la identificación del cuerpo de Santiago Maldonado: “Cuando llegamos a la sala, los peritos y veedores, que estaban todos vestidos de blanco como si fueran astronautas, se retiraron y nos dejaron solos. Fue un momento muy angustiante y triste, y por respeto a Santiago y a mi familia lo voy a dejar en la intimidad”. Luego revela: “Solo puedo decir que identificamos su cuerpo, reconocimos sus tatuajes y otras señas particulares. También nos llamó mucho la atención el estado de conservación”.

¿Qué pasaba por la mente y por el cuerpo de Sergio Maldonado? Su voz lo grafica: “Traté de procesar lo que estaba viviendo del modo más rápido, pero fue imposible. Era tan surrealista que no tenía explicación. Quise gritar, putear, llorar, pero no pude. Nos retiramos del lugar muy consternados y volvimos a la sala del primer piso para dar la confirmación de que era Santiago y se diera comienzo a la autopsia”. Y, en contraste con la especulación gubernamental, “era extraño recibir el pésame de personas totalmente desconocidas, pero que lo hacían desde un sentimiento genuino. Fueron momentos muy sensibles y de mucha tristeza”.

La tensión y la presión eran permanentes, como relata Sergio Maldonado el 26 de octubre de 2017, en su encuentro con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): “Les entregamos un estudio realizado de los ataques de trolls y de cuentas de Twitter vinculadas al gobierno de Mauricio Macri. Mientras estábamos en la reunión, en las afueras del Palacio de Justicia se escuchaban estruendos y cánticos de personas que se habían acercado para reclamar justicia por Santiago”.

En concordancia, Sergio Maldonado sostiene en el libro: “Yo estaba furioso; no podía creer el nivel de agresividad y odio que querían instalar hacia mi familia, pero en particular hacia mí. Escribí en las redes: ‘Por más que hagan campaña en contra de mi trabajo y fuente de ingreso no voy a dejar de pedir verdad y justicia por Santiago'”. Ocho años después nada ha cambiado para el autor, quien además expone, en Olvidar es imposible, a quienes, embanderados en el discurso gubernamental, siempre los dejaron de lado.

“Nadie está preparado para este tipo de situaciones”, dijo Sergio Maldonado en varias entrevistas, avizorando la presentación del libro en el octavo aniversario de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Por eso, para convocar a la sensibilidad, también en el libro cuenta quién fue su hermano menor: qué soñaba y qué acciones sostenía desde su visión anarquista de la política y desde su concepción solidaria del mañana. “Y cuento quién era yo, para hacer entender que antes había un Sergio y ahora hay otro”.

Como dice Ana María Careaga en uno de los tres prólogos (los otros dos son de Alejandro Bercovich y de Pedro Saborido): “En un descarnado relato que recorre los detalles de la dimensión jurídica y la degradación política, que cuenta de solidaridades y de soledades, de lealtades y deslealtades, de emociones y afectos compartidos, Sergio nos abre su alma como si al hacerlo se refugiara en ese abrazo colectivo que implicó la respuesta a la pregunta por Santiago”.

Hoy se sigue indagando en la hipótesis de la desaparición forzada, para “investigar no solo a la Gendarmería, sino también a los responsables políticos de la desaparición y muerte de mi hermano”, escribe Sergio Maldonado. Y así interpela al entorno judicial: “Mover esa pared es muy difícil, pero no imposible, porque por más mínima que sea la acción, significa que no es eterna la impunidad, y sienta precedente para el futuro”. Así, Maldonado atesora el recuerdo de su hermano menor y, al final del capítulo “Nada de lo que fuimos desaparece”, confía: “Volvería a hacer lo que hice y lo que estoy haciendo para tener justicia por mi hermano Santiago”.

Escrito por
Patricio Féminis
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