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Caras y Caretas

           

Abraham Mibashan, entre Palestina y Perón

Nacido en Rumania, Mibashan se instaló en los años 30 en el país, donde fundó el mensuario Eretz Israel. Un símbolo de amistad entre las comunidades argentina e israelí.

Parecía imposible que alguien nacido en 1890 en la ciudad de Iasi, Rumania, estuviera a cargo de resaltar continuamente una faceta de Juan Domingo Perón, así como de dedicarse al cabildeo en el Congreso de la Nación. Pero una serie de azares, coincidencias, intereses políticos y malentendidos unirían finalmente las vidas de Abraham Mibashan con Perón y el peronismo, algo que, naturalmente, no había pasado por la cabeza del propio Mibashan cuando obtuvo su doctorado en Filosofía en la Universidad de Würzburg, Alemania, ni cuando se desempeñó allí como corresponsal de la Agencia Telegráfica Judía (JTA). Tampoco, por supuesto, cuando en la década del 20 se trasladó a Palestina para desempeñarse como coeditor del periódico Haaretz y como secretario de Meir Dizengoff, el primer alcalde de Tel Aviv, en el Consejo Municipal de aquella ciudad fundada en 1909. Y ni siquiera cuando recaló en la Argentina en 1936, enviado temporalmente por la Agencia Judía, organización encargada de facilitar la inmigración a Israel, para finalmente hacer de este su país de residencia definitivo junto a su esposa Rosa Shoshana y sus hijos Asher, Avivi y Naomi, esta última introductora en la Argentina de las teorías sobre la infancia de la psicoanalista Melanie Klein.

Con todo, además de su labor política comunitaria, por la que llegó a ser presidente de la DAIA en 1958 y delegado del Congreso Judío Mundial, y por la que se estableció en su honor el “Premio Dr. Abraham Mibashan”, que por décadas otorgó la comunidad a destacados científicos argentinos, este periodista continuó en nuestro país también su carrera profesional, mediante la fundación de una editorial y una publicación que lo conectaría con el peronismo, tanto desde esas páginas como en la política legislativa.

Noticias de Israel

Fundado en abril de 1943, Eretz Israel-Palestina, renombrado Eretz Israel a partir de la fundación del Estado en 1948, fue un mensuario argentino que cubría, con una sorprendente calidad para aquellos años, las noticias e imágenes de la actividad del Yishuv, el gobierno judío en Palestina, y la situación social en aquellos territorios, pero también la actividad de las comunidades locales de la Argentina, Venezuela, Paraguay, Uruguay y Chile, países a los que estaba dirigida la publicación y cuya repercusión podía verse en los cientos de anuncios que tenía entre sus páginas, generalmente de pequeños comerciantes e industriales judíos de aquellos países.

Así, sería cuestión de tiempo para que por las páginas de esta publicación desfilaran en innumerables oportunidades de veces Perón, Evita y gran parte del gabinete, destacando sus salutaciones hacia el naciente Estado de Israel y a la comunidad local, como también las asistencias de Perón y Eva a eventos organizados por la Organización Israelita Argentina (OIA), la sección judía del Partido Peronista, y las visitas protocolares de dirigentes de la comunidad a Casa Rosada.

La publicación fue enteramente en sepia hasta su número final, pero tuvo una sola excepción, la tapa del número de mayo de 1951, posiblemente para reflejar cabalmente la frase de Perón que la encabeza, que de acuerdo con el historiador Raanan Rein habría sido escrita al primer presidente israelí, Jaim Weizmann: “Las dos banderas –argentina e israelí–, de idénticos colores, marcarán con sus fajas la eternidad por una amistad sincera y leal entre los dos pueblos”, a la que Mibashan añadía la coincidencia de que ambas naciones celebraran el inicio de su independencia en mayo.

Paso en falso

Pero si tanto en Europa como en la Argentina Mibashan había tenido una gran repercusión como editor, periodista y dirigente comunitario, no podría decirse lo mismo de su incursión en la política nacional. Según la investigación “Fracaso en Argentina. La Agencia Judía busca el respaldo del Congreso para sus objetivos sionistas en Palestina (1946)”, del investigador Ignacio Klich, Mibashan promovió una resolución en la Cámara de Diputados que buscaba instar al Poder Ejecutivo a respaldar ante la ONU el derecho histórico del pueblo judío a su hogar nacional en Palestina, en línea con la Declaración Balfour promovida en Inglaterra en 1917, que fue presentada el 4 de septiembre de 1946 por el diputado radical Silvano Santander. El trabajo señala que un mes antes Moshé Toff, director del Departamento Latinoamericano de la Agencia Judía en Washington, se reunió con Perón y salió erróneamente convencido de que contaba con su apoyo para la causa sionista, con lo cual Mibashan, que era director de esta agencia para la Argentina, buscó que ese supuesto soporte se diera también en el Congreso Nacional. Para esto, llegó a contar con el apoyo explícito de los diputados peronistas John William Cooke, Cipriano Reyes y José Tesorieri, además del aparente beneplácito de otros diputados oficialistas como Antonio Benítez, Ernesto Cleve y Juan Emilio Visca, en un contexto donde Iván Maiski, vicecomisario del pueblo para asuntos exteriores de la Unión Soviética, había redactado un informe que sostenía que “las desgracias y sufrimientos extraordinarios” del pueblo judío “explican su aspiración a la creación de un Estado para ellos”, lo que a la postre se transformaría en el hecho de que la Unión Soviética sería el primer país en reconocer oficialmente a Israel, a los tres días de haber este declarado su independencia, e incluso en votar contra la resolución 194 de la ONU de 1948 que planteaba el derecho de los refugiados palestinos al retorno o a una compensación. Podría pensarse que la Argentina peronista, que fue uno de los primeros países latinoamericanos en reconocer al naciente Estado de Israel –lo cual fue imponentemente retratado en una de las tapas de Eretz– y el primero en abrir una delegación diplomática en ese país, hubiera dado acogida a las solicitudes de Toff y Mibashan.

Sin embargo, Klich señala que si bien en privado Perón habría expresado simpatía por la causa sionista, sus consideraciones diplomáticas de no enfrentar a Gran Bretaña ni a los países árabes, sumado al hecho de que muchos diputados peronistas dudaban del sionismo por su cercanía a la oposición, y de que existían sectores árabes peronistas que directamente rechazaban el proyecto, llevaron a que el oficialismo votara enviar la moción a la Comisión de Relaciones Exteriores, una forma de cajonear el proyecto sin rechazarlo explícitamente. El radicalismo tampoco ayudó, pues según las crónicas se exhibió tibio y poco decidido.

Mibashan volvió así a ocuparse solo de la política comunitaria y de su labor profesional, tareas que desempeñó hasta su fallecimiento en Buenos Aires a los 70 años. Antes, llegó a publicar 113 números de Eretz Israel hasta 1957, y fundó en 1953 la editorial Candelabro, donde hasta 1972 se editaron más de doscientos mil ejemplares distribuidos en ochenta títulos sobre judaísmo y sionismo, algunos de los cuales fueron de la autoría del propio Mibashan, como la traducción al hebreo de Corazón, de Edmundo de Amicis, o, en coautoría, Los que supieron morir. Antología del ghetto.

Escrito por
Julián Blejmar
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