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Caras y Caretas

           

Rivales pero amigos

Ilustración: Ricardo Ajler

Fangio y Gálvez fueron los principales exponentes de Chevrolet y Ford en el Turismo Carretera durante la década de 1940. Sin embargo, cuando se bajaban de sus vehículos supieron forjar una amistad que duró toda la vida.

Los duelos entre Juan Manuel Fangio y Oscar Alfredo Gálvez fueron el superclásico del Turismo Carretera. Eran los primeros años de la categoría, cuando Fangio, al mando de un Chevrolet, irrumpió para desafiar el predominio de Ford, encarnado, entre otros, por el carismático piloto porteño.

En 1939, Gálvez ganó el Gran Premio Argentino y su sucedáneo, el Gran Premio Extraordinario, consolidando el predominio de Ford. Fangio tuvo entonces su debut oficial como piloto en la categoría, logrando que su Chevrolet –con el nombre “Balcarce” pintado en los laterales del techo– se destacara como el de mejor rendimiento entre los de esa marca.

Al año siguiente, el Gran Premio del Norte, un recorrido continental de 9.500 kilómetros por caminos inhóspitos se dirimió en un vibrante mano a mano entre el Ford de Gálvez y el Chevrolet de Fangio. El balcarceño se alzó con cuatro de las 13 etapas y cruzó primero la meta en Luján tras 109 horas de carrera, con un promedio de 86 km/h. Así, logró su primera victoria que le dio a Chevrolet el primer triunfo en la
categoría.

En esa carrera, cerca de Lima, Oscar Gálvez –quien corría con su hermano Juan como acompañante– sufrió un accidente dramático: su auto cayó por un precipicio casi cien metros, y ambos salvaron sus vidas de milagro. A raíz de este incidente recibió el apodo de “Aguilucho”, concebido en el programa radial del locutor Luis Sojit, donde en poco tiempo comenzaron a llamar a Fangio como el “Chueco de Balcarce”, como le decían sus compañeros del combinado de fútbol.

La repercusión de aquel triunfo fue notable: la imagen de Fangio empezó a circular en las revistas especializadas y los aficionados comenzaron a repetir su nombre. Era el piloto que había logrado vencer a Ford y se erigía como el nuevo símbolo de Chevrolet. En 1940 y 1941 el Chueco se coronó bicampeón del TC.

EL AUDAZ Y EL CEREBRAL

El duelo Fangio-Gálvez dividió a la afición entre “fangistas” y “galvistas”, no solo por las marcas Chevrolet y Ford, sino también por sus estilos de manejo. Mientras Gálvez era audaz e instintivo, Fangio tenía un carácter más cerebral. Pero se planteaba también una contraposición más profunda: Gálvez representaba al pituco de la Capital frente al muchacho humilde del interior que encarnaba Fangio.

En un país atravesado por el exitismo, Fangio y Gálvez continuaron midiéndose en las pistas. No obstante, detrás de esa rivalidad amplificada por la prensa deportiva se ocultaba una relación que fue creciendo forjada en incontables experiencias compartidas. La vida errante de los corredores, las largas jornadas de ruta y una genuina camaradería consolidaron entre ellos una amistad sustentada, sobre todo, en una profunda y recíproca admiración.

Hay muchos ejemplos y anécdotas que dan cuenta del carácter de ese vínculo. En 1941, durante el Gran Premio presidente Getulio Vargas en Brasil, pasaron una noche juntos en un altillo cuidando sus autos por temor a sabotajes. En el verano de 1942, durante el Gran Premio del Sur, Fangio finalizó décimo y cuando el Aguilucho –más retrasado– cruzó la meta fue el propio Chueco quien le bajó la bandera a cuadros.

Cuando se suspendieron las competencias automovilísticas por la Segunda Guerra Mundial, El Gráfico propició un intercambio epistolar entre Fangio y Gálvez. En un afectuoso texto fechado el 30 de marzo de 1945, el balcarceño evocó los “gratos recuerdos de nuestras andanzas automovilísticas”.

El 7 de agosto de ese mismo año el periódico El Regional de Punta Alta publicó una entrevista a Fangio. Cuando le preguntaron quién era su mayor contrincante, respondió: “Oscar Gálvez ha sido siempre para mí una pesadilla y él dice que yo lo soy para él; eso sí, rivales en las rutas, pero camaradas y grandes amigos en cualquier terreno, con él y con todos los que como yo llevan adentro el automovilismo”.

Con la llegada de Perón a la presidencia en 1946, el automovilismo ganaría un mayor impulso. En 1948, Fangio y Gálvez compartieron un viaje de estudios organizado por el Automóvil Club Argentino a Estados Unidos y Europa, con el fin de preparar el desembarco de pilotos argentinos en la escena internacional. Tras aquella experiencia de tres meses de cordial convivencia llegó nuevamente el momento de competir. El Gran Premio Buenos Aires-Caracas, una carrera que atravesaba siete países desafiando a pilotos y máquinas. Durante aquella prueba ocurrió un trágico accidente: Fangio volcó en Perú y su copiloto, Daniel Urrutia, murió; Gálvez, que lo seguía de cerca también volcó pero salió ileso. La versión inicial dio cuenta de un roce entre ambos pero luego fue desmentida. Pese a todas las aclaraciones, las dudas alrededor del hecho perduraron y reavivaron la rivalidad.

A partir de entonces, sus caminos se bifurcaron. El Aguilucho se concentró en las pruebas en el país mientras que el Chueco viajó a Europa donde lo esperaba la gloria en la Fórmula 1.

En 1953 volvieron a enfrentarse en el Gran Premio de la República Argentina. Era la primera carrera de Fórmula 1 en el país y la inauguración del Autódromo 17 de Octubre. Fangio regresaba tras su accidente en Monza. La jornada fue trágica: el italiano Giuseppe Farina, al intentar esquivar a un espectador que cruzó la pista, embistió al público. Hubo al menos diez muertos y decenas de heridos. La carrera prosiguió: Fangio abandonó y Gálvez finalizó quinto, en la que fue su única carrera oficial de F1.

Ya retirados, Fangio y Gálvez se reencontraron en la “Carrera del Recuerdo” de 1973. Aunque era una exhibición, compitieron como en los viejos tiempos al mando de sendos Fiat 125. Gálvez iba al frente cuando la prueba se dio por terminada en la quinta vuelta. Fangio amagó protestar, alegando que se había pautado diez giros, pero pronto abandonó el reclamo y todo terminó en un abrazo.

En noviembre de 1986, Gálvez acompañó a Fangio en la inauguración del Museo del Automovilismo en Balcarce. “Con Oscar lo único que no hicimos juntos fue preparar los autos, pero siempre estuvimos unidos”, dijo Fangio.

Aunque quedan pocos testigos directos de la relación entre Fangio y Gálvez, todos coinciden en destacar la buena sintonía que tuvieron. Norberto Mateos, vecino de Balcarce y ex colaborador del taller de Fangio, recordó: “Tenían mucha confianza y camaradería. Cuando se reunían, podían pasar horas compartiendo anécdotas”. Para Carlos Guzzi Gibezzi, hijo de Juan Carlos Guzzi, directivo del ACA que acompañó a Fangio en Europa, la relación fue siempre cordial. “Eran dos caballerazos. La rivalidad se exageró, sobre todo después de Caracas”, afirmó. A su turno, Oscar Fangio, el mayor de los hijos del Quíntuple, aseguró que “siempre tuvieron buena relación. Oscar venía seguido a casa para charlar con mi padre”.

Compañeros de ruta, cada uno a su modo, Fangio y Gálvez supieron expresar el espíritu deportivo nacional, dejando una huella imborrable en la historia del automovilismo.

    Escrito por
    Pablo Morosi
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