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Caras y Caretas

           

Gajes del oficio

En el Gran Premio de América del Sur, en 1948, Fangio tuvo un mal cálculo y su copiloto falleció al ser despedido del vehículo. El Chueco llegó a pensar en abandonar el automovilismo.

Corría el año 1948 y también se corría una de las aventuras más ambiciosas del Turismo Carretera: el Gran Premio de América del Sur. Se trataba de la competencia más desafiante organizada hasta el momento. Constaba de dos grandes tramos: el primero partía desde Buenos Aires, Argentina, y finalizaba en Caracas, Venezuela. Eran 9.580 kilómetros divididos en catorce etapas, con días de descanso programados entre el 20 de octubre y el 8 de noviembre. Participaron 138 corredores. El segundo tramo retomaba el recorrido desde Lima, Perú, de regreso a Buenos Aires, sumando otros 5.189 kilómetros.

La carrera atravesaba caminos de todo tipo y geografías variadas, cruzando la Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Venezuela. Por la complejidad y exigencia del recorrido, cada auto era conducido por dos pilotos. Entre los representantes argentinos se encontraba Oscar Gálvez, que corría junto a Federico Herrero. También participaba Juan Manuel Fangio, acompañado por su copiloto Daniel Urrutia, en un Chevrolet Coupé. El año anterior, en 1947, ambos habían ganado con ese mismo auto una competencia menos exigente: la Doble Vuelta Sierra de la Ventana

El fatal accidente ocurrió en la séptima etapa, el 29 de octubre, en el tramo desde Lima hacia Tumbes, en Perú. La jornada anterior había sido difícil: se acercaba el día de descanso del sábado 30 y tanto Fangio como Urrutia habían pasado buena parte del día arreglando su auto y ayudando a otros corredores con problemas mecánicos. Fangio, además de piloto, era un hábil mecánico y usualmente se ofrecía a dar una mano.

La etapa estaba prevista para comenzar a las 5 de la mañana del viernes, pero durante la noche del jueves comenzaron a circular noticias sobre una guerra civil en el sur de Perú, luego de un golpe militar. Esto obligó a modificar los planes: para alejar a los corredores de la zona de conflicto lo más rápido posible, se decidió que partieran a las 22:00 del jueves desde el pueblo de Puente de Piedra, rumbo a Tumbes, por un camino alternativo. Sin haber dormido, los equipos largaban con una diferencia de apenas diez segundos entre cada uno. Para sumar dificultad, una densa neblina proveniente del Océano Pacífico reducía notablemente el campo visual.

En esas condiciones –agotados y con escasa visibilidad–, Fangio y Urrutia retomaron la carrera. Hicieron una parada para recargar combustible en un centro de abastecimiento en el pueblo de Huanchaco y luego continuaron su marcha. A las afueras del pueblo, Fangio confundió una curva con un precipicio. Ese error le hizo perder el control del vehículo y provocó que Urrutia saliera despedido, cayendo violentamente sobre un matorral. Al parecer, se habían olvidado de colocar las trabas en las puertas. Fangio, en cambio, permaneció dentro del auto.

Varios pilotos se detuvieron para asistirlos, entre ellos Oscar Gálvez –que lideraba la carrera y venía protagonizando un duelo apasionante con Fangio–, Eusebio Marcilla y Luciano Murro. Mientras Fangio solo presentaba heridas leves, su amigo y compañero estaba gravemente herido: el impacto le había causado fracturas cervicales. Ambos fueron trasladados a un hospital cercano, pero lamentablemente, Daniel Urrutia falleció a los pocos días. Tenía apenas 35 años.

Al parecer, antes de embarcarse en el Gran Premio de América del Sur, Fangio le aconsejó a Urrutia no correr ya que tenía una linda familia. Su compañero insistió en continuar con la aventura. El 1948, había sido un gran año para la dupla: habían ganado la Vuelta de Entre Ríos y el Gran Premio Ciudad de Pringles.

VOLVER A EMPEZAR

El golpe fue devastador para Fangio. En una entrevista con Joaquín Soler Serrano, casi tres décadas después, recordó: “Nunca sentí temor. En una oportunidad puede ser que sentí un momento, diríamos, de desastre. Fue mi primer accidente, que fue en el Perú, donde me fui afuera en una curva de noche. Yo perdí el conocimiento mientras el auto iba dando vueltas, me dio la impresión de gran desastre porque creí que era un precipicio. Sobre todo que mi acompañante de ese momento se fue, con puerta y todo. En ese momento no se usaba ir atado y falleció en ese accidente. Así que tal vez ese haya sido el momento más terrible de mi vida.”

Fangio cargó con una profunda culpa. Se atribuyó el error de cálculo y la maniobra fallida: “De la muerte de Urrutia, yo fui el culpable”, dijo. A partir de entonces, tomó una decisión rotunda: dejaría de correr con copilotos y asumiría los riesgos solo. Tras el accidente, incluso consideró abandonar el automovilismo. No sabía si podría volver a competir. Para probarse, decidió emprender un desafío personal: manejar solo desde Lima hasta Buenos Aires. Si lograba completar ese recorrido, seguiría corriendo. Lo logró.

Poco tiempo después del accidente, Fangio convocó a una conferencia de prensa donde anunció que volvería a competir. Allí expresó: “Solo espero una oportunidad para enfrentarme con bravos rivales, y gane o pierda, dedicaré este esfuerzo al gran camarada Urrutia, hermano en las buenas y en las malas”.

Por entonces, las condiciones de seguridad estaban lejos de parecerse a las que hoy se conocen en este deporte. Como explicó Fangio, Urrutia salió despedido del auto porque no era habitual usar cinturones de seguridad. Aquellas medidas quedaban libradas a la voluntad del piloto. Aún no existía la Fórmula 1, y durante sus primeros años tampoco era obligatorio el uso de casco, un elemento básico de protección. Urrutia fue la quinta víctima fatal del Gran Premio de América del Sur. Tal vez por todo esto, los padres de Fangio nunca quisieron que fuera piloto: el propio Juan Manuel contó que su padre jamás fue a verlo correr. Solo lo escuchaba por radio.

Escrito por
Marina Amabile
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