En Escenas de la vida posmoderna, Beatriz Sarlo describe que a fines de la década de los 80, poco quedaba del optimismo que había acompañado la recuperación democrática: la crisis económica, la herida reciente de la dictadura y una institucionalidad reciente y por lo tanto frágil no eran un contexto propicio para la esperanza.
Dada la creciente inflación, el gobierno de Alfonsín instauró en junio de 1985 el famoso Plan Austral, una política de shock con el objetivo de estabilizar la economía en la que los pesos se reemplazaron por australes. Cuando la economía se resiente, la víctima directa o indirecta termina siendo la cultura. En esos años revueltos por tanta cantidad de condimentos, el teatro y el cine argentinos tuvieron algunos destellos fundamentales para procesar el humor social.
La historia oficial, dirigida por Luis Puenzo y protagonizada por Norma Aleandro y Héctor Alterio, se estrenó en 1985. “No fue un éxito clamoroso ni mucho menos: la gente no tenía ganas de ver en cine lo que se enteraba por los diarios”, dijo Aleandro en una nota a Clarín. La película tuvo el coraje de narrar por primera vez el robo de bebés durante la dictadura militar y puso sobre la mesa el peso que tuvo el apoyo civil al gobierno de facto. El impacto trascendió las fronteras argentinas, tanto que ganó el Oscar y el Globo de Oro, en ambos casos en la categoría de mejor película de habla no inglesa: es la única película nacional que a la fecha obtuvo dos galardones. Con el reconocimiento internacional, que llegó a un año de su estreno, la película logró el doble de convocatoria y llegó a 1.800.000 espectadores.
El guion del film se produjo durante el último año de la dictadura, en 1983. Con la democracia recientemente restaurada, comenzó el rodaje en enero del 84. “Yo acababa de venir de un exilio, estaba todavía el gobierno militar y estaba aterrada. Le llevó bastante tiempo convencerme (de hacer la película): yo lloraba cada vez que me la contaba, me parecía maravilloso hacerla, pero la rechacé varias veces por miedo. Por un lado era algo muy lindo, muy familiar. Por otro, cuando iba hacia allá o volvía a mi casa, estaba muerta de miedo. Una se preguntaba si eso se iba a llegar a estrenar. Y, si se estrenaba, qué nos iba a pasar después del estreno. El día del premio (Golden Globe) no había llevado los anteojos.
Cuando me di cuenta de que era nuestra película, dije el famoso ‘God bless you’, que me salió del alma, porque era una reivindicación de todo lo que nos había pasado. Se daba vuelta la moneda y la película empezaba a darnos maravillas después de tantas tristezas”.
PRESOS POLÍTICOS
En 1988 llegó a los cines la película Sur, de Fernando “Pino” Solanas, un drama protagonizado por Susú Pecoraro (como Rosi) y Miguel Ángel Solá (como Floreal). Ambientada en 1983, cuenta la historia de Floreal, que acaba de salir de la cárcel luego de estar encerrado durante los últimos cinco años como preso político. La música es también muy especial: fue compuesta principalmente por Astor Piazzolla e incluye tangos de Aníbal Troilo, Mariano Mores y Homero Expósito, interpretados por Goyeneche. También participan Alfredo Zitarrosa y Fito Páez. Fue tan importante este aspecto que se editó el disco Sur: una película para llevar en el corazón. La película tiene tintes surrealistas, y genera una atmósfera onírica y poética en la que se desarrolla la historia. Solanas ganó el premio a Mejor Director en el Festival de Cannes por este film.
En 1985 Enrique Pinti estrenó Salsa criolla, un espectáculo teatral que coronó al teatro Liceo como la esquina de Pinti. Esta saga histórica que tuvo nueve temporadas consecutivas recorría la historia argentina desde el descubrimiento de América hasta la actualidad. Sobre el show, dijo Pinti a La Nación: “A raíz de la dictadura, todavía no me había atrevido a contar la historia argentina. Ya tenía los esquemas bien armados y entonces me animé a contarla”. Así nace Salsa criolla. “Tardé dos meses en escribir la obra. Fue realmente una aventura. Y desde el primer día la gente se rio donde debía reírse, se emocionó al final, y no hubo manera de frenar la venta de entradas desde la primera función. Fue un punto de inflexión muy grande Salsa criolla. En la primera marquesina que tuvimos yo estaba volando con las patas abiertas sobre la ciudad de Buenos Aires. En cuanto tuvo semejante éxito me propusieron hacer un cartel luminoso y yo dije que no, no cambiemos de caballo en la mitad del camino, la gente va a pensar que es otro espectáculo. Nadie se puede imaginar un éxito semejante. Recién en el quinto año tomé conciencia de lo que estaba viviendo”. Pero además de hablar de la dictadura, Pinti también incluyó lecturas sobre la coyuntura, por ejemplos, en uno de sus monólogos pedaleaba una bicicleta fija en referencia a la “bicicleta financiera” durante 10 minutos, mientras decía: “Así se hace mierda un país, con la plata dulce, con la bicicleta financiera”.
FENÓMENO ARTÍSTICO
Para 1985, Teatro Abierto ya tenía cuatro temporadas a cuestas. Este fenómeno artístico que tuvo la valentía de empezar durante la dictadura militar se enfrentaba ese año a problemas diferentes, eso llevó a que la iniciativa encarara nuevos proyectos. Uno de ellos fue Nuevos autores. Nuevos directores, que tuvo un enfoque pedagógico, con la intención de formar una nueva generación de dramaturgos y directores dentro de la estética realista del teatro independiente. Por otro lado, también existió Teatrazo, que buscaba reconectar con obras teatrales previas a la dictadura, con la búsqueda de revitalizar prácticas escénicas que habían sido interrumpidas. Por último, Otro Teatro fue un proyecto que se centró en abordar cuestiones como los detenidos-desaparecidos y los problemas habitacionales de Buenos Aires, y tuvo como búsqueda llevar el teatro a espacios no convencionales.
