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Caras y Caretas

           

Diez años sin Eduardo Galeano 

El escritor uruguayo fue cultor de un periodismo comprometido y de calidad. Aquí tres de sus grandes trabajos: China 1964; Guatemala, clave de Latinoamérica, y Las venas abiertas de América Latina.

En tiempos de pandemia informativa, fake news, campañas de desinformación o lisa y llanamente mentiras vestidas de campaña publicitaria, resulta provechoso recordar el trabajo de periodistas celosos de las fuentes y rigurosos con los datos. Un buen ejemplo resulta el trabajo de Eduardo Galeano, periodista y escritor uruguayo, latinoamericano y universal, fallecido hace ya diez años, el 13 de abril de 2015. 

Nacido en Montevideo el 3 de septiembre de 1940, Eduardo Germán María Hughes Galeano dejó la escuela secundaria para trabajar y enrolarse en la bohemia montevideana que frecuentaban, entre otros, los escritores Juan Carlos Onetti y Francisco “Paco” Espínola. A los 14 años empezó a dibujar caricaturas en el semanario socialista El Sol, junto a su amigo Raúl Sendic, más tarde fundador del MLN-Tupamaros. A los 18 años escribió su primera nota para el mítico semanario Marcha, donde llegó a ser secretario de redacción con apenas 22 años. 

AFP PHOTO/Miguel ROJO

El periodismo como idiosincrasia

Si bien el análisis de su obra a la luz de la academia admite varias lecturas y por lo menos dos etapas, interesa recordar al Galeano formado periodista entre 1958 y 1982. En esos 24 años publicó su primera nota periodística –sobre cuestiones sindicales en el Uruguay, en el semanario Marcha, editado en Montevideo entre 1939 y 1974– y la trilogía de historia latinoamericana Memoria del fuego (Siglo XXI). Y entre tanto, dieciocho libros, más de quinientas notas en Marcha, publicaciones periódicas europeas y latinoamericanas, y la revista Crisis, que él mismo fundó y dirigió en Buenos Aires entre 1973 y 1976, los primeros años de su exilio que continuó tras el golpe del 24 de marzo de 1976, en Calella de la Costa, cerca de Barcelona, en España. 

El mismo Galeano en sus últimos diez años de vida insistía en la necesidad e importancia de romper las fronteras de la escritura y dejar fluir las palabras sin etiquetar los territorios que ellas habitaran. Así nacieron sus libros Los hijos de los días, Fútbol a sol y sombra, Úselo y tírelo, Espejos y Mujeres, todos textos del Galeano vuelto del exilio español y ya radicado en su natal Montevideo. Ahí están esas dos etapas: la periodística y la literaria. 

Aquel Galeano inicial se formó como periodista en la estricta redacción de Marcha junto a otras grandes plumas, como Mario Benedetti y Ángel Rama, y periodistas argentinos como Rogelio García Lupo y Gregorio Selser, ante la atenta mirada del director y fundador Carlos Quijano. 

En 1963 Galeano viajó a China para tratar de entender el nuevo fenómeno del socialismo impulsado de Mao Tse-Tung que competía por la pureza de la doctrina con la vieja Unión Soviética. China 1964 es un libro de crónicas en el que el joven redactor, de apenas 23 años, explora todos los géneros periodísticos para mostrar los resultados de la revolución cultural en ese país. “Cuando los guías que me puso el gobierno me llevaban a entrevistar campesinos y obreros entrenados para responder, yo prefería cruzar de vereda y hablar con otros”, señaló el propio Galeano años más tarde. “Cuando el gobierno me señalaba los logros de su gestión, yo preguntaba por lo que faltaba hacer”, decía. “Me resultaba importante mostrar los logros genuinos y marcar las falencias porque ahí se estaba jugando una parada brava para la humanidad.”  

Algo similar produjo cuando viajó a Guatemala en 1967. Galeano estaba decidido a entrevistar a los líderes de la guerrilla que resistían los embates de los gobiernos títere de Miguel Ydígoras Fuentes y Enrique Peralta Azurdia, armados por Estados Unidos, dispuesto a liquidar otro globo de ensayo similar a la Revolución Cubana, ocurrida cinco años antes. Galeano anduvo clandestino en la capital, trepó hasta la sierra y logró entrevistarse con el líder guerrillero César Montes, del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre y luego referente de las Fuerzas Armadas Rebeldes. De esa aventura periodística salió Guatemala, clave de Latinoamérica, un libro de denuncia sobre la injerencia de Washington en los países de la región. El libro muestra con datos duros la situación en Guatemala y vaticina lo que esperaba a otras naciones en caso de rebelarse contra la miseria y la pobreza impuestas desde el poder central. 

AFP PHOTO / JEFFERSON BERNARDES

Las venas abiertas

Ese fue el Galeano que en 1970 y en solo noventa noches escribió Las venas abiertas de América Latina, que fue récord de ventas en 1971. Se trata de un ensayo en el que los datos duros de la conquista y saqueo del continente por parte de España, primero, y por el resto de potencias imperiales más tarde, se convirtieron en historia accesible para millones de lectores ávidos de conocer los orígenes latinoamericanos. 

Tras el golpe de Estado en Uruguay en junio de 1973 se exilió en Buenos Aires, donde fundó la revista Crisis, en cuyas páginas escribieron Juan Gelman, Haroldo Conti, María Esther Gilio, Aníbal Ford, Jorge B. Rivera, Santiago Kovadloff, Fermín Chávez y otras figuras de la izquierda local y latinoamericana, como Gabriel García Márquez. El nuevo golpe cívico-militar en la Argentina, el 24 de marzo de 1976, volvió a empujarlo al exilio europeo, donde nació el nuevo narrador de historias. 

De ese primer Galeano fogueado en el trabajo periodístico cotidiano, trabajando con datos y fuentes, emergió más tarde y en su madurez el autor que se animó a borronear los límites de los géneros literarios para producir textos con las licencias y las herramientas prestadas de la ficción. 

En tiempos de verdades dichas a medias, ocultas o incluso inventadas, parece difícil explicar a las nuevas generaciones de periodistas y lectores que hubo un tiempo en que el vértigo y el apuro no saboteaban la veracidad de eso que llaman la realidad y sus hechos. 

Escrito por
Fabián Kovacic
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