Los procesos de memoria son muchos y diversos. Una obra de teatro con perspectiva popular, construida desde un registro emotivo y amoroso, puede ser la puerta a esa construcción que opera a través de rituales colectivos. “No la hicimos para hablar de algo que pasó en otro tiempo, sino para hablar de nosotros, de nuestra identidad, para contrastar experiencias, y siempre para hablar del presente y del futuro”, explicó a Caras y Caretas Ingrid Pelicori, protagonista de Sueño de dos, obra recientemente estrenada en Buenos Aires.
Los sueños suelen desafiar a aquello que es costumbre, y algo de eso hizo el equipo formado por Pelicori, Manuel Callau, su coprotagonista, Mariano Saba como autor y Daniel Casablanca en la puesta en escena. Estrenar una obra independiente a principios de febrero –un tiempo extraño– en una sala comercial como el Paseo La Plaza es una apuesta interesante.
“Ahora hay muchas obras que están en los teatros llamados comerciales en días alternativos. Generalmente se hacen después de haber andado bien en salas independientes. Nosotros arrancamos en el Paseo la Plaza, en lo que empieza a ser una nueva posibilidad de llegar a otros públicos para el teatro independiente. Estrenar es difícil en cualquier cualquier mes del año, siempre tenés ventajas y desventajas. Ahora hay menos espectáculos, hay gente que no se ha ido de vacaciones y tiene más tiempo. Incluso hay gente que viene a hacer turismo a la ciudad y tiene interés en la cultura que ofrece Buenos Aires”, aclaró Pelicori.

Ética y estética para el teatro
Sueño de dos cuenta en tres tiempos la relación entre Olga y Antonio. En el tiempo del recuerdo Olga era actriz, miembro del colectivo Teatro Proletario de Arte, una formación que rememora a los diversos colectivos del teatro político vocacional que está en el origen del teatro independiente argentino. Ella era miembro de la asamblea y estaba a cargo de la administración. En el presente de la obra está retirada de la actuación. Antonio era el apuntador, que estaba secretamente enamorado de Olga, y debe actuar ante el retiro en medio de una gira del resto de los actores, todos ellos tentados por una propuesta económica. Allí aparecerá el debate sobre la importancia de una política, una ética y una estética para los actores y el teatro.
“Existió el teatro proletario, no ‘proletario de arte’, como le puso Mariano Saba a este grupo, que es una síntesis de muchos sin pretender ningún rigor histórico. Contamos sobre ese teatro proletario, que fue un desprendimiento del Teatro del Pueblo (NR: fundado en 1930 por Leónidas Barletta) porque de alguna manera querían ser más democráticos. En aquel, Barletta era el que decidía todo. En cambio ellos decidían las cosas por asamblea. Todo se votaba, y con esa horizontalidad la obra juega bastante”, resume la protagonista.

Aunque no pretende rigor, la obra remite a la historia del teatro argentino. Al mundo de los elencos comprometidos políticamente que salían a las rutas, a cómo se armaban y dispersaban, a los principios que los regían, a su economía y a los amores que no fueron por ciertas cuestiones dogmáticas. Aunque no tiene importancia conocer esa trama para disfrutar la obra, para quienes tienen referencias del teatro nacional entre 1930 y 1970, la obra estalla en voces e imágenes. Están ahí el teatro vocacional, el actor natural, los textos políticos, las asambleas en el teatro popular, y por supuesto sus derivas: quien siguiendo algún posible amor terminó encontrando a Stanislavski y el método; las salas construidas a pulmón; el trabajo en cooperativas; y por supuesto un viento que trajo más tarde experiencias como Teatro Abierto.
La resistencia del arte
Parte de esa historia es, sin duda, quien fuera uno de los maestros más importantes: Raúl Serrano con su militancia, sus convicciones y varias generaciones de actores que se formaron bajo sus enseñanzas. “Sueño de dos es un proyecto que tenemos desde hace tiempo con Manuel Callau y, en su momento, con Raúl Serrano, que fue nuestro profesor a fines de los 70. A partir de encontrarnos los tres convocamos a Mariano Saba, de quien habíamos visto obras que nos entusiasmaron mucho. Mariano empezó a escribir este texto que reunía casi todos los temas de los que nosotros hablábamos en esas reuniones: el teatro, la relación con lo social, el mundo de Chéjov, los amores encontrados, y de los sueños, de los ideales y las luchas”, contó Pelicori. Serrano falleció en junio de 2023.

El autor de un libro sobre Antonio busca el testimonio de Olga para hablar de sus inicios, ahora que se ha convertido en un actor muy reconocido. El relato va al pasado contado desde el punto de vista de quien era cabeza de compañía, pero vuelve al presente, un tercer momento de la historia, en la cual ambos pueden reencontrarse. El texto de Mariano Saba es inteligente, sutil y poético. No cae ni en el melodrama ni en juicios morales sobre ninguno de los dos. Pelicori y Callau hacen un trabajo formidable, con actuaciones que remiten a los códigos actorales de aquel tiempo. Toman el material escrito por Saba y lo pasean por el escenario, lo moldean con sus manos como una plastilina, y van devolviendo formas siempre adecuadas para ese relato. Es absolutamente natural para ellos contar esa historia del teatro sin nunca hacer evidente que están contando esa historia. Callau, para quien pueda ver espectros, por momentos hace aparecer a Sandrini en el escenario.
Y si hablamos de espectros, entre Hamlet y el manifiesto comunista, un espectro se posó en el escenario: el fantasma de la resistencia del arte en tiempos oscuros. “La obra fue escrita recientemente, pero antes de Milei, y creo que ahora resuena de otra manera. Aquellos eran grupos con mucho compromiso político y social. No se disolvieron, como en el caso de nuestra obra, por abandono de sus integrantes que fueron tras el dinero del teatro comercial y la fama, sino por cómo los hostigaba la policía permanentemente”, concluyó Pelicori.
Aunque no siempre es igual, la historia suele repetirse. La memoria es un antídoto necesario.
Sueño de dos se presenta los martes a las 20 en el Paseo La Plaza (Corrientes 1660, CABA).
