Juan Facundo Quiroga, hijo de una poderosa familia de Los Llanos de La Rioja, se fue abriendo camino en la consideración pública mediante el influjo de su padre y dotes personales de liderazgo adquiridos en la tarea cotidiana del campo en la época colonial, hasta convertirse en la principal figura política y militar de la provincia de La Rioja y de las regiones de Cuyo y del Noroeste argentino, hasta que le fuera arrebatada su vida en una emboscada pergeñada por propios federales.
ASCENSO MILITAR Y POLÍTICO
No fue un hombre común, como tampoco lo fue su corta y vertiginosa vida. Entre varios hermanos, durante su adolescencia, su padre descubrió en él aptitudes para la administración de recursos y de relación con el personal en las propiedades que poseían, por lo que le fue delegando cuidados administrativos y negocios de familia.
Las relaciones políticas alcanzadas por su padre durante la contienda de las facciones dominantes durante la Colonia hicieron que su carrera militar escalara con facilidad. Con el prestigio alcanzado por haber pertenecido a las filas de Granaderos a Caballo y su protagonismo en la heroica jornada de San Luis que impidió la fuga de prisioneros realistas, fue ganando reconocimiento en las sociedades provincianas de la región. A ello se le sumaría el aura de valiente que lo ubicaría en el mundo del mito y la leyenda cuando sus contemporáneos difundieron la lucha con un jaguar al que logró vencer, que le valió el apodo de “Tigre” y la categoría de invencible en el juego, en la guerra y en el amor, según escribe José María Paz en sus Memorias. Con esta fama que despertaba admiración, su carrera pública se hizo meteórica: ascendió a capitán de milicias con 28 años y tuvo activa participación en la conformación de la Columna Auxiliar, que a pedido del general San Martín tuvo que organizar La Rioja para tomar los objetivos militares de las poblaciones chilenas de Copiapó y Huasco en la Campaña Libertadora de Los Andes.
Con semejantes pergaminos no tardó en convertirse en comandante de armas del Partido de Los Llanos cuando dejó el cargo Fulgencio Peñaloza, tío del “Chacho”. Así lo encontró el 1° de marzo de 1820, cuando La Rioja logró su autonomía de la jurisdicción cordobesa –a la que estaba ligada por ordenanza real– y eligió a su primer gobernador, Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, considerado primer general argentino.
ENTRE LOS OCAMPO Y LOS DÁVILA
Hasta las dos primeras décadas del siglo XIX, los clanes encabezados por las familias Ocampo y Dávila se disputaron el poder en la jurisdicción riojana, alternando los cargos en el Cabildo. En esta contienda, el padre de Facundo, José Prudencio Quiroga, apoyaría a los Dávila, y llegó a ocupar el puesto de tesorero, aunque Facundo, ya consolidado como referente, no tomaría posición y se manejaría con libertad.
El flamante gobernador Ortiz de Ocampo se condujo con ineficiencia en los primeros meses de gestión y un hecho vino a desencadenar el fin de su mandato. El Regimiento Cazadores de los Andes que había participado de la Campaña Libertadora a Chile, estacionado en San Juan, desobedeció las órdenes de bajar a Buenos Aires para defender al Directorio y avanzó hacia el norte para continuar la lucha por la Independencia, no sin antes deponer al gobernador, partidario del poder central, e imponer a uno de sus hombres en ese cargo. Ante los hechos el gobernador riojano salió a enfrentarlos, por considerarlos rebeldes que podían atentar contra su gobierno. El enfrentamiento en Los Colorados, sur de la capital riojana, en octubre de 1820, terminó con la derrota de Ortiz de Ocampo e invasión por parte de las líneas victoriosas que produjeron todo tipo de desmanes, provocando el desbande de la población hacia distintos puntos. Con el ánimo de poner fin a la anarquía, Facundo avanzó con sus hombres desde Los Llanos y logró reponer el orden. El paso siguiente fue deponer al gobernador y a su hermano, Domingo Ortiz de Ocampo, quien se desempeñaba como comandante de armas de la provincia, colocando en el gobierno a José Benito Villafañe hasta tanto se normalizara la situación, para lo que convocó a ejercer el gobierno al coronel Nicolás Dávila, adversario de los Ocampo y exiliado en Tucumán por la persecución de los antecesores.
ENFRENTAMIENTO CON DÁVILA
Dávila había sido el segundo jefe de la Expedición Auxiliadora riojana a Chile durante el cruce sanmartiniano, y asumiría como gobernador a los pocos meses de la frustrada gestión de Ortiz de Ocampo, aunque el verdadero poder político y militar de la provincia pasaba por Los Llanos, donde “reinaba” Facundo. Los celos políticos de Dávila comenzaron a cundir, y eso lo llevó a tomar decisiones políticas sin consensuar con el Tigre, lo que derivó en roces que fueron en escalada fogueados por interesados en que la ruptura se consumara. Finalmente las relaciones colapsaron cuando Dávila pretendió apropiarse del arsenal de Facundo.
En medio de un clima político enrarecido, Facundo presentaría su renuncia al cargo de comandante de armas de la provincia, la que debía ser tratada por la Cámara de Representantes de la provincia, que mayoritariamente respondía al renunciante, por lo que no fue aceptada. La Cámara ordenó a los confrontantes que bajaran los decibeles y se allanaran a cumplir con sus funciones y se los citó para dar explicaciones al cuerpo. Facundo las dio, Dávila no. La rebeldía del gobernador obligó a los representantes a solicitarle la renuncia, que el mandatario no acató, trasladando la sede del gobierno a Sañogasta, partido de Famatina, de donde era oriundo. Las diferencias se dirimirían en el campo de batalla, cuando en marzo de 1823, en El Puesto, estancia cercana a la capital provincial, se enfrentarían con triunfo para Facundo, quien a partir de entonces se convirtió en líder político y militar absoluto de La Rioja, concluyendo con la obsoleta estructura política colonial.
La Cámara de Representantes le otorgó a Facundo la responsabilidad de conducir el nuevo orden institucional a pesar de su negativa a aceptar. Su tarea fue breve, cuatro meses, solo hasta que se regularizara la situación. Nunca se sentiría cómodo en ese sitial. Era hombre de campo, había nacido y crecido en el ámbito rural y era donde pretendía seguir. Dejó ese lugar de compromisos y privilegios y se retiró a sus Llanos. A partir de entonces se convirtió en custodio y único elector de gobernadores de su provincia hasta su muerte.
