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Caras y Caretas

           

Los flujos europeos de la exclusión migratoria

Foto: Bruno Dewaele

La escritora rusa Marina Skalova examina cómo Europa abandona sus políticas de asilo a los inmigrantes y refugiados, en sintonía con el avance de la extrema derecha.

Europa se armó en torno a los flujos migratorios. Hoy el continente se arma en contra de los migrantes. Se blindan las fronteras; los botes y los cuerpos se hunden en los mares; los que llegaron vivos son encerrados o deportados; las políticas de protección y asilo a los refugiados se desmantelan. Es lo que indaga –entre la poesía, el ensayo y la crónica– Marina Skalova (1988) en su libro Exploración del flujo, editado en 2018 y traducido al castellano por Paradiso Ediciones. ¿Habrá cobijo para los nuevos flujos humanos?

Exploración del flujo es sutil y categórico. Ante la ola de migraciones de países sesgados por guerras y empobrecimiento, Skalova expone cómo Europa trata a estos cuerpos masivos: los discrimina, los aísla y los excluye. Dice la contratapa del libro que la autora persigue “las rutas del éxodo, de la tragedia, y en un mismo movimiento evoca el flujo de los intercambios financieros, el flujo de los cuerpos y el del mar; todos sometidos a una corriente única que arrasa y en la que podría pensarse un naufragio general”.

¿Cómo comenzó Skalova esta investigación? ¿Cómo halló el tono poético para hablar de injusticias tan acuciantes en Exploración del flujo? Ella responde en diálogo con Caras y Caretas: “Empecé a escribirlo en 2015, cuando los naufragios de personas que intentaban desembarcar en Europa eran cotidianos y los medios de comunicación y las políticas acuñaron el concepto de ‘crisis migratoria’, acompañándolo de metáforas marítimas bastante perturbadoras”. Así, “una multitud de vidas, difíciles y a menudo trágicas, fueron tragadas por la noción de ‘flujo’ o de ‘afluencia’, que pone las realidades humanas completamente a distancia”.

Skalova, que nació en Moscú –aún en tiempos de la URSS– y vivió en París, Berlín, Stuttgart y Viena antes de instalarse en Ginebra, buscó “interrogar aquellos términos en su polisemia y también en su absurdo, que transforma a los individuos en una masa informe, como un fenómeno marítimo incontrolable”. Luego divisó más metáforas que se emplean contra los migrantes: “Por ejemplo, la frase según la cual ‘la barca estaría llena’, pretexto para detener las políticas de acogida”. Debido a “una derechización extrema del discurso político y mediático –dice Skalova–, los implícitos de la lengua reflejan el pensamiento de una Europa que no deja de cerrarse”.

La escritora y traductora elaboró Exploración del flujo desde su mesa de trabajo en Ginebra: una tabla sobre caballetes con algunos libros, tazas de té, papeles con anotaciones, un cuaderno y carpetas con traducciones. Su ventana da a un río con árboles. En esa atmósfera, Skalova captó el tono ensayístico y poético para su libro: “Partiendo de la noción de ‘flujo’, el texto devino flujo de escritura. El flujo del tiempo, los flujos de los intercambios financieros, los flujos corporales y los flujos marinos estaban todos atrapados en la misma dinámica”.

Y aquel flujo narrativo –donde se entremezclan los tonos y las voces– “trató de organizar el caos creado por las lógicas mediáticas”. ¿Cómo se sintió Skalova al exponer las ideas políticas, humanas y poéticas, de Exploración del flujo? “Era crucial para mí no quedarme en un pensamiento descarnado, desconectado de las realidades del cuerpo”, dice. La escritura “se remite a procesos políticos que de otro modo podrían parecer abstractos. A través del trabajo con las palabras y las imágenes pude pensar la fortaleza europea como un cuerpo que requiere circulación, para el cual el flujo es vital”.

Foto: Dirk Skiba

La Europa expulsiva

¿A qué adjudica Skalova que Europa abandone sus políticas de asilo a los inmigrantes y a los refugiados? “Lo que atravesamos recuerda los reflejos de miedo y de repliegue sobre sí mismo en tiempos de crisis económica, ya experimentados hace cien años –analiza–. La especificidad del capitalismo neoliberal es, sin duda, la sumisión de todas las lógicas a políticas cuantitativas. A menudo la xenofobia no se asume de frente, sino maquillada bajo argumentos contables, en nombre de los cuales se justifica el cese de las políticas de asilo.”

Del mismo modo, “las muertes del Mediterráneo son presentadas como muertes involuntarias, muertes por negligencia, de las que nadie es responsable. Pero son el resultado de decisiones políticas precisas”, señala. E identifica el momento del abandono de la política europea de acogida: “A partir del 18 de marzo de 2016, los acuerdos entre la Unión Europea y Turquía dejaron la suerte de los refugiados en manos de Recep Erdoğan (presidente de Turquía), estableciendo una cuota restrictiva para acoger a los sirios que huían de la guerra y condenando a la población kurda”.

Luego, prosigue Skalova, “con el acuerdo de 2020 entre la Unión Europea y la Guardia Costera libia (para detener a los migrantes que intentaban abandonar las costas africanas, lo cual significaba enviarlos a prisión) se dio un paso más en esta dirección. Los que lograron escapar de los campos de detención en Libia los describen como ‘infierno sobre la tierra’, donde ellos y ellas sufrían violaciones, violencias físicas y psicológicas, y torturas sistemáticas”.

Skalova también asocia las políticas de destrato y exclusión a los migrantes con la extrema derecha –no solo en Europa–: “Aunque no esté todavía en el poder, la aplicación de sus políticas la precede. El maltrato a los migrantes es un ejemplo flagrante. En Francia, hace años que personas que recorrieron miles de kilómetros en condiciones extremas están hacinadas en campamentos insalubres: sufren evacuaciones forzosas y violencia policial”. En vez de cambiar las políticas sociales o generar mejor distribución de la riqueza, “los gobiernos golpean a los migrantes más frágiles para demostrar que trabajan. Son medidas visibles y mortíferas”.

Además, “la extrema derecha ya acapara de tal manera el discurso político que los gobiernos en el poder, tanto en Francia como en Alemania, se apresuran a implementar medidas ultraderechistas para complacerla”. Lo sabe Skalova: “A pesar del discurso social con que le gusta adornarse, la extrema derecha se beneficia de la destrucción de las políticas sociales. Hoy, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, aplica dichas medidas para no ser censurado por la extrema derecha que ocupa escaños en la asamblea”.

Algo afín ocurre en Alemania, describe Skalova: “Ante el ascenso del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AFD), y tras el atentado de Solingen del 23 de agosto, el gobierno alemán tomó la decisión de cerrar las fronteras, sin que ni siquiera esté en el poder la extrema derecha. Se cree que aplicando su programa de manera preventiva le cortan las alas, pero en cambio el discurso ultraderechista no hace más que radicalizarse”.

La propia experiencia migrante de Skalova fue vital a la hora de hallar el foco, y el flujo, para el libro. ¿De qué manera? “Nací en la URSS y soy de origen judío. Mi pasaporte soviético llevaba la mención ‘nacionalidad judía’. Cuando era una niña, mis padres emigraron primero a Francia y luego a Alemania. Esta experiencia alimenta el libro en profundidad, aunque no está abordada explícitamente. En la época en la que llegamos, pudimos obtener permisos de residencia y ser acogidos en Alemania. Hoy eso no sería posible.”

En el presente, dice Skalova, “disfruto de algunos privilegios, pero mucho menos que las personas radicadas en suelo europeo hace generaciones, que nunca tuvieron que preguntarse sobre su legitimidad para habitar el territorio donde viven”. Ella creció en Alemania entre los años 90 y principios de los 2000: “Escuché repetir por todas partes el leitmotiv ‘Nunca más’. En mi secundaria se reflexionaba sobre los peligros del patriotismo y la sumisión ciega de los funcionarios que solo habían ‘obedecido órdenes’. Hoy, una gran parte de la población se dice cansada de oír hablar del Holocausto. Todo está en su lugar para que la historia se repita”.

Foto: Yvonne Böhler

Allí, entonces, Exploración del flujo (con traducción de Ariel Dilon) empatiza con la tragedia migrante a través de las palabras urgidas de futuro: “Para mí es ante todo un libro de poesía –siente Skalova–. Una poesía que piensa, pero donde el ritmo y la potencia del lenguaje son motores.” Y la noción de flujo se suma al concepto de “vida líquida” del sociólogo Zygmunt Bauman: “La ‘vida líquida’ se refiere a nuestra situación en un mundo globalizado, donde los vínculos y las ataduras se volvieron flotantes. Hay algo de esta condición que Exploración del flujo intenta capturar”.

La noción de sujeto “pierde su estabilidad frente a la discontinuidad que impone el flujo de información y comunicación”, sostiene Skalova. Allí, la noción de flujo resulta “pertinente para designar nuestra condición disuelta en la era de los medios de comunicación y las redes sociales”. Pero también “en un plano muy concreto: flotar es lo que se les deja a quienes intentan llegar a Europa. Ya sea que se los abandone a su suerte en el mar o se los deje flotar en una vaga espera, de un centro de acogida a otro, a la espera de una documentación incierta”. Así son los flujos migrantes: esas heridas que no cierran.

Escrito por
Patricio Féminis
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