De espíritu multifacético y máscara inconfundible, Tita Merello fue un personaje en el sentido más amplio y prestigioso de la palabra. Su figura complementaba, pero a la vez trascendía su arte: no era solo una cantante, o una actriz, o una hábil declarante. Era todo eso y mucho más. Era Tita.
Su condición de ícono llevó a que su imagen fuera enaltecida desde espacios muy distintos. Bien podían ser frases o modismos en el saber popular, hasta caricaturas más o menos acertadas, pero siempre respetuosas (ejemplos hay de sobra, desde Osvaldo Pacheco hasta Mario Sapag). Pero los que más y mejor delinearon la figura de la Merello para la posteridad fueron aquellos proyectos que intentaron contar quién fue como mujer, como artista y como fenómeno cultural.
El cine, que Tita acompañó desde su nacimiento sonoro (participó de la película coral ¡Tango!, en 1933) hasta Las barras bravas en 1985, fue el que más reserva ha tenido con su persona. Apenas dos proyectos y “un guiño” se ocuparon de retratarla, tanto en su gloria como en su final.
Merello x Carreras (2015) es la declaración de amor de la directora y actriz Victoria Carreras para una mujer que formó parte de su vida, que era de la familia. Se trata de un registro documental en el que, a partir de imágenes íntimas e inéditas, se puede acceder a los últimos años de la Merello, cuando la vida pública había quedado en el pasado y solo se sentía cómoda y querida entre amigos. Un documento único, a la vez testamento de una mujer que fue genio y figura hasta el último día de su vida. Desde la ficción, pero con idéntico amor por el personaje, se ubica Yo soy así, Tita de Buenos Aires (2017). Con dirección de Teresa Costantini y protagónico de Mercedes Funes, esta película persigue el ambicioso objetivo de ser la biografía definitiva de la estrella. Y aunque en su recorrido narrativo tiene algún que otro tropiezo, el trabajo de recreación de Funes –tanto en los diálogos como en la interpretación de las canciones– es notable: capta la esencia de Tita y permite dimensionar los alcances del mito. Queda el guiño, que llegó en 2023, de la mano de Mercedes Morán y su personaje en Empieza el baile que, según declaraciones de la actriz, tenía una impronta inequívoca de la estrella.
SE ABRE EL TELÓN
Nacha Guevara siempre admiró a Tita Merello, y ese cariño se consolidó cuando la cantante, todavía en el under, recibió la bendición de la artista. La amistad creció, tuvo algunos altibajos (la famosa pelea por la tarta de espinaca) y se cristalizó en la participación de Merello en el disco de Nacha Heavy Tango (1991). Allí una Tita otoñal aportaba frases sueltas a una versión poco convencional de “Se dice de mí”. Sería la última grabación de su carrera.
Tita, una vida en tiempo de tango fue el homenaje definitivo de Guevara a su amiga. Estrenada en 2011, con dirección de Alberto Favero, este musical le permitió a Nacha desplegar sus dotes de actriz y cantante para encarnar a la intérprete de “Pipistrela”.
Con espíritu parecido y también por esas fechas, se estrenó en el Maipo Dijeron de mí. Esta vez fue Virginia Innocenti quien se encargó de repasar la carrera de Tita a partir de 16 tangos cuidadosamente seleccionados, para no omitir ninguno de los mojones de su carrera. El texto incluía reflexiones sobre la vida y también sobre la muerte. El trabajo de Innocenti fue tan riguroso que incluso contrató a una coreógrafa para que la ayudara a construir el personaje también desde lo gestual, desde el movimiento de las manos hasta la manera de caminar.
En 2022, al cumplirse veinte años de la desaparición de la artista, y ante la necesidad de mantener vigente su figura, llegó Experiencia Tita, llamarada pasional. Esta vez la representación de la Merello se dividió entre cuatro actrices, cada una a cargo de una de sus cualidades. Micaela Suárez representó su juventud, Ivanna Rossi tomó su faceta de cantante, Elis García fue la Tita actriz y Vanesa Butera compuso al personaje público que le permitió reinventarse en la adultez.
Entre las numerosas propuestas teatrales que vistieron la cartelera con la vida y obra de Tita se destacaron Llórame un río, unipersonal de Camila Sosa Villada que originalmente fue pensado únicamente en torno de Tita y luego incorporó la figura de Billie Holiday; Tita, se dice de ella, de la Compañía BAP; Habitación Tita; ¿Dónde te fuiste tango? Un retrato de Tita Merello, y el cordobés La Merello, uno de los primeros espectáculos en volver, aunque con aforo reducido, luego de la pandemia.
De entre todas las puestas, una de las más curiosas fue Ella es tango, que instaló la figura de Merello en Estados Unidos. El musical, escrito por Patricia Suárez y dirigido por Hugo Medrano, se presentó en 2021 en el Gala Hispanic Theatre, de Washington. Bailarines, cantantes, actrices y una orquesta en vivo para celebrar la vida y el arte de Tita, cuyo espíritu en esas funciones compartió escena con el de Azucena Maizani y Libertad Lamarque.
¿Y la televisión? La pantalla chica fue el espacio donde Tita se daba el lujo de ser ella, sin libreto ni maquillaje. Aunque siempre fue protagonista en los medios, cobró especial relevancia cuando sus intervenciones comenzaron a ser cada vez más asiduas, y en diferentes formatos. Desde la mesa de Polémica en el bar hasta sus contrapuntos con Alberto Mosquera Montaña o Víctor Sueiro.
Sin embargo, luego de su fallecimiento y a pesar de la moda retrospectiva de la televisión actual, poco se ha sabido de la Merello en televisión. La excepción que confirma la regla fue el recordado ciclo Historia clínica –creado por Sebastián Ortega y emitido por Telefé entre 2012 y 2013–, que le dedicó un capítulo completo con Julieta Díaz interpretándola en su juventud y Claudia Lapacó durante la última etapa de su vida.
De cuerpo presente o en espíritu, la figura de Tita Merello se mantiene inalterable en el espectáculo argentino. Cada matiz, cada inflexión, cada sentencia, sobrevuela el presente y, seguramente, continuará inalterable en el futuro.
