Es abogado, pero dedicó su vida a la historia del fútbol sudamericano. Sus testimonios conjugan el rigor histórico con la pasión futbolera. Dueño de una memoria prodigiosa, es capaz de repetir los nombres de los jugadores de cada selección uruguaya, al menos desde aquel lejano 1924 hasta el presente. Fue Director General del Estadio Centenario y Director General del Museo del Fútbol. Junto a Alberto Magnone escribió El Estadio centenario: templo del fútbol.
–¿Qué impacto tuvo en términos históricos y para el mundo futbolero el triunfo de Uruguay en las Olimpíadas de 1924?
–Fue la primera vez que Uruguay accedió y participó en los juegos olímpicos y no sólo en fútbol, también en boxeo y en esgrima. Tuvo una enorme significación porque Uruguay fue además la primera selección sudamericana que jugó en Europa y marcó la gran superioridad del fútbol rioplatense y una nueva y excepcional forma de jugar al fútbol. El triunfo de 1924 colocó al fútbol sudamericano en lo más alto del mundo, cosa que va a corroborar con la final entre Uruguay y Argentina en Ámsterdam. Muchos historiadores señalan que si el seleccionado argentino hubiera participado de las olimpíadas de 1924 -cosa que no ocurrió por divergencias internas de las asociaciones futbolísticas-, la final de Colombes hubiera sido entre Uruguay y Argentina.
–¿Cuáles fueron las dificultades que tuvo que afrontar Uruguay y que devinieron en épica con el correr de los años?
–Uruguay va a París en medio de disputas internas de las asociaciones futbolísticas. Los europeos estaban convencidos de una superioridad deportiva que no era tal y que va a quedar totalmente superada con ese Uruguay. Lo fundamental que hay que destacar es que previo a la partida tuvo muchas dificultades sobre todo económicas, desde solventar los gastos de los pasajes, hasta solventar la vida diaria de los jugadores porque eran todos trabajadores y se iban a someter a un viaje de diecisiete días de ida y diecisiete días de vuelta en barco, más todo lo que duraba el juego olímpico. Entonces, para generar ingresos, Uruguay decide organizar una gira previa a los juegos olímpicos. Así se enfrenta con combinados y clubes con el fin de lograr réditos económicos. La gira incluyó nueve partidos en distintas ciudades de España: Vigo, La Coruña, Bilbao, Madrid y a la vez que generaba divisas, Uruguay comenzó a demostrar su poderío. Hay un partido que Uruguay gana por goleada, que da lugar a un título de un periodista que quedó en la historia: “Por aquí pasó una ráfaga olímpica”.
–¿Qué otras dificultades tuvo que afrontar la delegación uruguaya?
–Cuando Uruguay va a París, llega a lo que era la Villa Olímpica, que era muy precaria, con un cartel que decía “Villa olímpica” sostenido por dos postes de madera. La delegación uruguaya intenta buscar un nuevo lugar y consigue el castillo de Madame Pain. Era un viejo castillo venido a menos donde el seleccionado se va a trasladar e incluso va a pernoctar. En ese castillo, los jugadores van a generar una gran amistad con la viejecita Pain. Van a hacer una vida similar a la que hacían en Uruguay: hacen asado y comparten la comida. Hasta tal punto que, cuando Uruguay está en Ámsterdam en el ‘28 llega una carta muy emotiva de Madame Pain agradeciendo su estadía y recordando los buenos momentos, carta cuyo original está en el Museo del Fútbol. Lo que cuenta la leyenda, pero tiene bastante rigor histórico, es que estando en el castillo, y debiendo enfrentar en su primer partido a Yugoslavia, los yugoslavos van a ver lo que era una práctica de Uruguay. Uruguay se da cuenta de que le están realizando un scouting (risas) en el año 1924. Entonces, empiezan a hacer toda una serie de movimientos torpes. El arquero no saca ninguna pelota que va al arco, no pueden dominar la pelota, se caen. Eso dio lugar a que los yugoslavos trasladaron la noticia de que la selección uruguaya era muy mala. Cuando el enfrentamiento Uruguay-Yugoslavia termina siete a cero los amigos yugoslavos se dan cuenta del engaño en el que habían caído.
–Así como con la pelea Firpo-Dempsey, quedó la sensación de un sueño fracasado argentino. ¿Qué sentimientos quedaron en el pueblo uruguayo respecto de ese triunfo?
–Hay que aclarar que la pelea Firpo-Dempsey fue evidentemente una gran victoria de Firpo. En el primer round cuando Dempsey cae, demoró en volver, no se hizo el conteo correspondiente y hasta lo ayudaron de abajo para que volviera al ring. Para Uruguay fue sumamente importante la obtención de ese título olímpico que además venía a refrendar lo que Uruguay venía obteniendo en campeonatos sudamericanos. Se reafirmaba el poder futbolístico uruguayo. Mirándolo con mucha perspectiva histórica se le dio una gran importancia, luego fue quedando en el tiempo como tantas cosas y después a través del Museo del Fútbol se volvió a revalorizar ese evento. Ahora, con motivo del centenario, está otra vez gozando de una enorme importancia este triunfo en París.
–¿Cómo se produce la llamada primera vuelta olímpica?
–Uruguay tuvo mucho apoyo popular. El público fue reconociendo las destrezas futbolísticas de Uruguay, todos los partidos ganados con holgura, y se fue enamorando de ese futbol novedoso, conmovedor y muy superior al que estaban acostumbrados a ver. Entonces apoyaban con aplausos y cálidas demostraciones populares. Cuando Uruguay termina el último partido que lo consagra campeón decide saludar a los espectadores que, en respuesta, tiraban los sombreros a la cancha y los jugadores uruguayos los recogían y se los devolvían. Eso generó una vuelta alrededor de la cancha y dicen que ahí nace la vuelta olímpica. Después todo lo que sucedía con Uruguay se volvía olímpico, cuando Argentina tira el alambrado en la cancha de Barracas en el partido contra Uruguay que se suspende, se dice que se cayó el alambrado olímpico. Cuando Cesáreo Onzari, hace el gol de córner en el partido contra Uruguay, ahí nace el gol olímpico.
–¿Cuáles fueron los partidos y los jugadores que quedaron en la memoria histórica?
–Los partidos son muy claros: el 7 a 0 a Yugoslavia, el 3 a 0 a Estados Unidos, el 5 a 1 a Francia, la victoria final contra Suiza. Para muchos uruguayos, a Scarone se lo consideraba el mejor jugador del mundo. Ángel Romano tuvo sus claras demostraciones. Un jugador absolutamente deslumbrante que cambió la forma de jugar en Uruguay fue Perucho Petrone, el gran goleador, que jugó de punta de lanza, cosa inédita para el momento. El gran capitán de la historia Uruguay fue Nasazzi que lo fue también en el ‘28, el ‘30 y el ‘35. Y no se puede olvidar el furor total que genera Leandro Andrade, llamado la maravilla negra, que generó gran entusiasmo tanto en el fútbol como en el género femenino. Leandro Andrade fue considerado la maravilla negra futbolística, artística y sexualmente. Pero se puede señalar que el equipo todo fue la gran estrella.
