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Caras y Caretas

           

“Es una historia que entrama un montón de otras historias”

Gabriel Moscovici trabaja desde hace quince años en el Programa Casas en la Villa 21-24. También es uno de los impulsores del festival que se realizará el 5 de octubre para festejar los cien años del primer gol olímpico de la historia. Fútbol, identidad y comunidad.

Se crio en Tierra del Fuego, es miembro del colectivo Antropolúdica y educador popular. Desde hace 15 años Gabriel Moscovici trabaja en el Programa Casas en la Villa 21-24 (dependiente del Gobierno de la Ciudad), que genera espacios de encuentro y promoción de derechos para chicos, chicas y adolescentes. “Con ellos realizamos investigaciones sobre el pasado local, atendiendo a su necesario encuentro con diferentes ofertas culturales que resulten significativas. En el marco de eso se da este hallazgo: el acontecimiento del gol olímpico”, cuenta sobre la génesis del festival que celebrará el centenario del gol olímpico de Cesáreo Onzari el 2 de octubre de 1924, contra Uruguay, en el estadio Sportivo Barracas.

El estadio Sportivo Barracas fue demolido pero su historia sigue vigente y será sede del festival, el 5 de octubre, en Iriarte y Río Limay, de 10 a 22. “Vamos a desenterrar el gol” es la propuesta, que incluirá juegos, música, muralismo, talleres y hasta una excavación arqueológica.

–¿Cómo surge la idea de festejar el primer gol olímpico?

–Junto con Pablo Valerio estamos en la coordinación general del proyecto de activación patrimonial Gol Olímpico, que incluye el festival pero también otras acciones locales. La idea de festejar el primer gol olímpico se da en el marco de un proyecto sociocomunitario de investigación con niños y niñas sobre la historia reciente y centenaria del barrio, “Bajo las baldosas de Barracas”. En ese proyecto identificamos diferentes materialidades ferroviarias y entramos en contacto en términos territoriales con la vigencia de la historia en nuestro presente y con acontecimientos fuertes del barrio, que movilizan tejidos simbólicos en el imaginario colectivo. La referencia a un estadio como fue el de Sportivo Barracas es un acontecimiento protagónico: ahí es donde aparece la posibilidad de generar alguna marcación en términos de mapeo, que traiga al presente esta historia y deje una huella de nuestro paso en la puesta
en valor ante niños y niñas. Esto derivó en la presentación de un proyecto de mecenazgo que se ganó, se sumaron muralistas –les pareció interesante el proyecto y quisimos que fuera un diseño participativo– y empezamos a convocar a diferentes actores del barrio. Del circuito educativo, cultural, religioso. Desde diferentes lugares lo fueron ponderando como un hito en la historia local.

–¿Es una historia poco recordada que se busca visibilizar?

–Si uno rastrea tanto en términos bibliográficos, es muy recordada. Atrapó intereses incluso a nivel internacional. Uno se encuentra con un archivo fotográfico hermoso del estadio, del partido. Aparecen un montón de pinturas de época, la posible participación de Gardel, la presencia de referentes políticos. Es un partido en el que se da la primera transmisión en vivo de fútbol. Es una historia que entrama un montón de otras historias. Lo que sí ocurre es que su visibilización no encuentra los canales para poder ser contada ante los más chicos, los más jóvenes. Por eso hablar de poner en valor es traer un poco a la luz todo esto que se da en términos de un anonimato que puebla la memoria colectiva. Como una posibilidad de salir a expresar la importancia de poner en valor nuestras historias, los legados de los acontecimientos del barrio en este caso de la mano de un gol. Sabiendo que es un contenedor de alegría, tocando fibras hondas en relación a nuestra constitución identitaria nacional. Por un lado está la idea de que es algo del barrio, pero también aglutina una serie de aspectos más amplios donde reside la fuente de nuestra cultura. Es tratar de visibilizar una historia muy recordada.

–¿Qué se busca y qué se espera hallar a nivel arqueológico?

–La cancha se encuentra mapeada a través de un trabajo de georreferencia satelital y superposición con mapas aéreos de la época previa a que fuera sepultada. La investigación arqueológica estará a cargo de la Cooperativa Arqueoterra, otro proyecto alternativo de arqueología urbana con horizonte de trabajo sociocomunitario, no solo preocupado por la recuperación de la materialidad sino por su implicación en el tejido social presente. Nos proponen realizar una experiencia arqueológica participativa, abierta al público, caracterizada como Taller de Campo. Se realizará durante el día del festival en el patio de Guadalupe Vázquez, vecina y gestora local del proyecto, a quien a su vez conocimos con Pablo cuando empezamos a caminar por las cuadras con la muralista Carolina Chorolque, también referente del barrio. Arqueoterra realizará un sondeo sistemático de la estratigrafía de la cancha de Sportivo Barracas en el patio de Guadalupe, que daría a un córner. En el caso de que aparezcan cimientos, bienes materiales, estructuras y/o un yacimiento contemplado por el marco legal, se proyectaría una excavación. Cuando decimos que vamos a desenterrar el gol olímpico, decimos que toda materialidad está constituida simbólicamente. Y el hallazgo en sí se expresará de manera intangible pero con enorme gravidez frente a las múltiples operaciones de desmemoria que históricamente azotan nuestra cultura.

–Después del festival, ¿está proyectado seguir trabajando sobre este y otros hitos relacionados?

–Hay muchas líneas de acción que se vienen dando en materia de puesta en valor de acontecimientos valiosos de nuestra historia. Es una intención real que esto no termine en el festival y que puedan generarse los dispositivos necesarios para que las acciones que ya se vienen dando en términos de proyectos educativos puedan ser reconocidas, mostradas, compartidas con muchos y muchas más. Porque hoy el problema no es que esto no ocurra, sino que no tienen el debido reconocimiento, la necesaria visibilización, el crítico apoyo. Estamos hablando de fuentes de financiación, acompañamiento de efectores, tanto del campo estatal como privado.

Escrito por
Luciana Rosende
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