Detrás de la “batalla cultural”, los discursos grandilocuentes, las peleas con artistas, las provocaciones y polémicas en X, existen cifras concretas y tangibles sobre lo sucedido con los ingresos de los trabajadores entre diciembre y mayo, últimos datos oficiales. En ese período, los trabajares transfirieron a los empresarios 11,2 millones de millones de pesos (billones), a los que hay que sumar 3,4 billones que el Estado dejó de percibir por aportes y contribuciones, casi un billón de pesos que perdieron de ingresar las obras sociales y 214.000 millones que dejaron de percibir los sindicatos, en estos últimos casos debido a trabajadores que vieron reducido su ingreso o perdieron su empleo.
Las cifras corresponden al Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, un centro de estudios integrado por docentes e investigadores de la Universidad de Rosario, sobre la base de relevamientos oficiales del Ministerio de Economía, la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, la Secretaría de Hacienda y el Indec, y resultan un contundente dato sobre los efectos de las políticas instrumentadas por el gobierno de Javier Milei, por fuera de otras discusiones culturales.
De hecho, según la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE), la magnitud de la devaluación de diciembre de 2023 y el ajuste del gasto público llevado adelante en los primeros seis meses de gobierno “tiene pocos precedentes en la historia argentina”, lo cual generó un desplome de ingresos y de la actividad económica, que tiene también “pocos precedentes”. De esta forma, señala, los salarios reales registrados cayeron un 10 por ciento entre noviembre y abril, y un 20 por ciento en el sector público, con lo que “se encuentran en valores históricamente bajos”.

Las consecuencias del “éxito” mileísta
Todo este cuadro no podría tener otro resultado que una vertiginosa suba de la pobreza y la indigencia. Según la Universidad Católica Argentina (UCA), en el primer trimestre de este año, la pobreza creció once puntos en forma interanual, para llegar a la mayor marca desde 2002, con el 54,9 por ciento de la población sumergida en ella, mientras que la indigencia creció casi seis puntos, para llegar al 20,3 por ciento de la población.
Desde el oficialismo señalan que la situación legada por el gobierno del Frente de Todos, entre la que se destaca una inflación anualizada del 211 por ciento, el más bajo nivel salarial de las últimas dos décadas, un fuerte endeudamiento cercano al 90 por ciento del PBI, y un déficit público, es decir, gastos por encima de la recaudación tributaria cercanos a siete puntos del PBI o 45.000 millones de dólares, impedía generar un sendero de crecimiento en los primeros meses de este año.
Pero si bien es una posibilidad que la recesión fuera inevitable, la consecuente pérdida de los ingresos no necesariamente tendría que alcanzar la magnitud de los 16 billones de pesos, pues una parte de ellos fueron transferidos de trabajadores a empresarios. Y es que según el mismo estudio del Mirador, mientras que para fines del año pasado los trabajadores participaban con el 48 del ingreso nacional, luego de implementadas las políticas del gobierno de Milei esta proporción se redujo tres puntos, para situarse en 45 para mayo de este año.
De la misma forma, FIDE señaló que el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de ingresos, se ubicó para este primer trimestre en valores que no se observaban desde 2008. Así, mientras que el 10 por ciento de la población con menores ingresos perdió el 22 por ciento de estos ingresos, el 10 por ciento de mayores ingresos perdió solo el 1 uno por ciento.
Esto se debe a que, si bien la caída de la actividad económica, de cinco puntos del PBI en el primer trimestre, afectó también los ingresos del 10 por ciento más rico de los argentinos, este segmento no solo no transfirió parte de sus ganancias a otros grupos, sino que incluso mayormente recibió recursos provenientes de los sectores sociales menos favorecidos.
