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Caras y Caretas

           

El escritor argentino de mayor impacto global

La obra del autor de “El jardín de senderos que se bifurcan” se tradujo a múltiples idiomas y goza de un gran respeto y popularidad internacional. Los secretos detrás del Nobel que nunca llegó.

Cuando un hecho nos invita a desentrañar una complejidad filosófica, nos coloca ante una paradoja o, más aún, nos lleva hacia un terreno que juega entre la realidad y la ficción, suele describírselo como “borgeano”. Sin más explicaciones. El término se comprende no solo en Argentina o en América latina, sino en todo el mundo, porque así de universal es la literatura de Jorge Luis Borges.

Según coinciden traductores literarios y editores, el autor de Ficciones es, por lejos, el argentino favorito de los lectores de los cinco continentes. Entre las lenguas a las que fueron traducidas sus obras se destacan, además del inglés, el francés, el alemán y el portugués, el búlgaro, el macedonio, el hindi, el filipino, el armenio, el georgiano, el tailandés, el ucraniano, el montenegrino, el noruego, el sueco, el checo, el albanés y el mandarín. En 2017, según un informe de la agencia Télam, Borges era el autor de América latina más traducido a este último idioma, seguido por Julio Cortázar y Adolfo Bioy Casares.

La relevancia que el autor de El Aleph logró en la literatura universal es indiscutible, pero el Reino Unido lo siente como propio. Porque no solo figuras literarias, sino científicos, artistas y cineastas se vieron atraídos por sus universos ficticios. De hecho, es destacada su influencia en el cine británico, especialmente de los años 70 del siglo XX. El filme Performance, de Nicolas Roeg y Donald Cammell –protagonizado por Mick Jagger, fanático lector de Borges– convirtió al escritor argentino en una especie de ícono de la vanguardia cultural londinense. También hay rastros de sus ideas en Don’t Look Now (Nicolas Roeg) y The Man Who Fell to Earth (Nicolas Roeg).

Cuando el innovador Ficciones fue publicado por primera vez en inglés, en 1962, el escritor era prácticamente desconocido en los círculos literarios fuera de Buenos Aires y de París, donde su trabajo había sido traducido en los años 50. Aquella traducción al inglés fue impulsada tras el reconocimiento que le había otorgado el Premio Formentor en 1961.

SU INFLUENCIA

Borges influenció a múltiples artistas literarios alrededor del mundo, muchos de altísimo renombre, como Michel Foucault, Umberto Eco, Orhan Pamuk o Salman Rushdie, entre muchos otros. Foucault hizo alusión al cuento “El idioma analítico de John Wilkins” en el prefacio de su libro Las palabras y las cosas y Eco, en El nombre de la rosa, le rinde tributo en el personaje de un viejo monje ciego, llamado Jorge de Burgos, custodio de una biblioteca.

Está claro que Borges se ubica entre los mejores autores de la literatura universal de todos los tiempos. Sus poesías, relatos, cuentos y ensayos dejaron una huella imborrable, atravesando distintas generaciones. Sin embargo, nunca ganó el Premio Nobel, si bien fue nominado en distintas oportunidades. Entre 1956 y 1966 acumuló ocho nominaciones y entre 1967 y 1976, otras cinco. El escritor nunca ocultó su deseo de hacerse con el premio, aunque solía bromear sobre el asunto: “No concederme el Nobel se ha convertido en una tradición escandinava: desde que nací no me lo han concedido”.

En 2018, con la desclasificación del informe del premio de 1967 de la Academia Sueca –algo que suele hacer después de 50 años– se echó algo de luz sobre la cuestión. Según el documento, el presidente del comité del galardón, Anders Osterling, descartó al argentino por considerarlo “demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”. El estigma del elitismo acompañó siempre la obra del escritor, pero entonces asomó como el obstáculo que lo alejó de la distinción.

RAZONES EXTRALITERARIAS

Existen, sin embargo, algunas razones extraliterarias por las que el autor de “El hacedor” no obtuvo el premio. Una es de carácter personal. En 1964, invitado a una comida en Estocolmo, se burló con crueldad de un poema que leyeron en voz alta de un autor que no estaba presente, pero que no tardó en enterarse. Era de Artur Lundkvist, miembro de la Academia Sueca, especialista en literatura latinoamericana –de hecho, introdujo la obra del argentino mediante traducciones en Europa– y con un enorme poder en el comité del Nobel.

Sin embargo, el motivo principal, que se creyó durante mucho tiempo, y que sostuvo el mismo escritor, fue el político. Borges era de carácter conservador y muy crítico de la literatura comprometida de su época. También se menciona su antiperonismo y, más tarde, su acercamiento a Rafael Videla y la visita a Augusto Pinochet para recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de Chile. Allí, en 1976, pronunció un discurso muy cuestionado en el que elogiaba al dictador y del que años después se arrepintió públicamente. Lundkvist confirmó que esos dichos fueron tenidos en cuenta por la Academia Sueca y en 2016 María Kodama, viuda del escritor, lo reafirmó.

Al parecer, en 1976, año en que Borges era el gran candidato al Nobel, fue él quien le dijo “no” al premio, como lo señala Juan Pablo Bertazza en el ensayo “La furtiva dinamita”. En su texto cita a María Kodama, quien recordó una llamada que le hicieron al escritor desde Suecia, poco antes de su viaje a Chile. Según relató Kodama, el autor de El libro de arena escuchó a su interlocutor y le respondió: “Señor, yo le agradezco mucho lo que acaba de decirme y se lo voy a agradecer toda la vida, pero quiero decirle algo. Hay dos cosas que un hombre nunca debe aceptar: sobornar o dejarse sobornar; después de lo que usted me dijo, mi obligación es ir a Chile. Buenas tardes”, y colgó el teléfono.

Así, Borges pasó a formar parte de la lista de grandes escritores que no lograron convencer a la Academia Sueca, como León Tolstói, Virginia Woolf, Franz Kafka, James Joyce y Julio Cortázar. Y tal vez haya encontrado algún mérito en ello.

Escrito por
María Zacco
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