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Caras y Caretas

           

“El primero que intenta dar el voto femenino es Perón”

La politóloga Carolina Barry indaga en el vínculo entre las mujeres y el peronismo, y recuerda que, antes de ser presidente, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, el entonces coronel ya había propuesto la participación electoral femenina.

Doctora en Ciencia Política e investigadora principal del Conicet, Carolina Barry es especialista en el estudio de los vínculos entre mujeres y peronismo. Es directora del Programa de Estudios de Historia del Peronismo en la Universidad de Tres de Febrero y autora de numerosos artículos sobre la temática, y del libro Evita Capitana: el Partido Peronista Femenino 1949-1955.

–¿En qué contexto social surgieron los Centros Cívicos Femeninos Peronistas y el grupo Las Amigas de Perón? ¿Qué rol tenía Eva en ese momento?

–Los centros cívicos femeninos peronistas surgieron antes de que la palabra “peronista” existiera, es decir, empezaron a formarse alrededor de 1945, y hay algún registro de 1944. En principio, los centros cívicos son una suerte de rama femenina de los partidos que empiezan a apoyar a Perón para la campaña presidencial que se iba a realizar entre fines de 1945 y 1946, pero también había muchos centros cívicos, como Las Amigas de Perón o los Centros Cívicos Coronel Perón y tantos otros que empiezan a surgir de una manera más o menos espontánea. No sabemos cuántos eran, probablemente pocos, pero las mujeres de estos centros cívicos fueron activistas importantes en la campaña del 46. Cuando se realiza la actividad en el Luna Park (8 de febrero de 1946) que convoca a todos los centros cívicos, la convocatoria principal la hace el Centro Cívico Universitario Femenino y también las mujeres del Partido Laborista y las mujeres radicales enroladas en apoyar la candidatura de Perón a la presidencia. Perón no va (estaba enfermo o cansado por la campaña) y va Eva en representación, pero es una actividad opaca, porque las mujeres, enojadas por la ausencia de Perón, no la dejan dar su discurso. Tiempo después empezaron a surgir los Centros Cívicos María Eva Duarte de Perón, que eran una especie de línea interna de Eva. Ella armó sus propios centros cívicos en consonancia con el inicio de la campaña para la obtención del sufragio femenino.

–¿Qué era el lema “cuántas somos y dónde estamos”?

–A medida que se va formando más cantidad de centros y se decide la creación del Partido Peronista Femenino en julio de 1949, surge la consigna de saber cuántas mujeres peronistas efectivamente había porque se sabía que había centros cívicos, que había mujeres, pero no se sabía a ciencia cierta cuántas mujeres estaban enroladas con la causa peronista. Entonces, bajo el lema “cuántas somos y dónde estamos” se hace el censo nacional de mujeres (entre fines de 1949 y 1950), que, en definitiva, es una afiliación. El PPF se crea en julio y en octubre se nombra a las delegadas puestas directamente por Eva Perón en cada provincia. Son mujeres que le responden a ella, no pertenecen al ámbito territorial donde van a realizar su tarea, así que a la de Capital Federal se la traslada a Rosario, la de Rosario va a Salta; no tenían la posibilidad de hacer una base territorial propia con estos nombramientos cruzados. Cuando estas mujeres empiezan a organizar el partido, lo primero que tienen que hacer es saber cuántas mujeres peronistas había.

-¿Qué relación tenía el PPF con el Partido Peronista? ¿Los hombres tenían la entrada prohibida?

–En forma simultánea con el “cuántas somos y dónde estamos” empieza la apertura de unidades básicas femeninas y el nombramiento de la subdelegada. Si hay una subdelegada, hay una Unidad Básica Femenina. Estas unidades básicas funcionaban en petit hoteles, en locales alquilados específicamente, en dependencias del Estado (en el registro civil, por ejemplo) y en las casas de las mismas subdelegadas. Efectivamente, los hombres tenían prohibida la entrada por muchas razones. La primera era de índole político porque había líneas internas muy fuertes en el interior del peronismo y se pensaba que los hombres podían manejar a las mujeres o podían inmiscuirse en la política femenina; otra era una razón moral: estaba mal visto que las mujeres estuvieran en un local partidario ocupando el mismo espacio, el mismo techo, con un hombre, por más que ese hombre fuera un compañero de militancia política. Se hacía para refrendar la buena reputación de las mujeres.

–¿Qué era el discurso artificioso?

–El discurso artificioso era una forma de morigerar, de apaciguar, de generar una especie de colchón suavecito, blando, para “digerir” lo que implicaba tanto para los varones como para las mujeres el ingreso de ellas a la política. Por ejemplo, las mujeres no son “afiliadas” sino que son “censadas” (la palabra “censo” estaba en el aire porque hacía dos años había ocurrido el censo nacional de 1947), censar a una mujer para saber si era peronista no era lo mismo que afiliarla. Otra de las características de este discurso es el nombre de las censistas (eran maestras que habían hecho el censo nacional), no era lo mismo decir “vino la dirigente partidaria que vino la censista”. Además la unidad básica era considerada una prolongación del hogar: el hecho de que la unidad básica funcionara en la casa de las subdelegadas daba una idea de proximidad, de estar en la casa de una vecina del barrio (no en un local partidario) haciendo cosas útiles o aprendiendo a hacer cosas, por ejemplo: coser, tejer, alfabetizarse. No es lo mismo estar haciendo política en la unidad básica del Partido Peronista Femenino que estar en la casa de una subdelegada, vecina del barrio, haciendo cosas útiles para el barrio. El discurso artificioso servía para apaciguar el impacto que implicaba este ingreso masivo de las mujeres en la política.

–Sabemos que fue Eva quien impulsó. ¿Perón creía en las mujeres como sujetos políticos?

–Absolutamente. El que impulsa primero en este período el tema del sufragio femenino es Perón cuando es secretario de Trabajo y Previsión y se realiza un acto con alguno de los sectores sufragistas para conseguir la posibilidad de darle sufragio a la mujer –no todos porque había algunos que estaban en contra porque consideraban que era un reclamo digno que no podía ser dado de la mano de un gobierno miliar, como era considerado por sectores como el Partido Socialista, por ejemplo–. El primero que intenta dar el voto femenino es Perón, el Departamento de Asistencia a la Mujer es la primera dependencia del Estado que se ocupa. Cuando Perón asume la presidencia, en el paquete de medidas que presenta al Congreso están el voto femenino y la instauración del primer Plan Quinquenal. Eva se suma al último momento de esta campaña. Lo que Eva logra a través de sus Centros Cívicos Femeninos (los María Eva Duarte de Perón) fue un impulso y una presión muy fuerte en el Congreso para que las mujeres accedieran al voto y a la política. No podemos decir que el voto se lo debemos a Eva, no olvidemos las luchas de las sufragistas desde fines de siglo XIX trabajando y presionando sobre el Estado y los gobiernos; Eva es el último eslabón de todas estas luchas. Lo que sí es distinto es que Eva y la organización del Partido Peronista Femenino posibilitaron no solo el ingreso de las mujeres a un partido político con características propias, separado del Partido Peronista, sino también que las mujeres fueran elegidas por ese partido con índices sustantivos muy importantes de espacios en las listas del 20, del 30, del 50 por ciento, dependiendo de la elección, de la provincia o del territorio provincializado. Esta es la característica más importante, no solo el ejercicio del voto sino la posibilidad de ingresar a puestos electivos en los congresos nacionales y provinciales.

Escrito por
Marisa Avigliano
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