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Caras y Caretas

           

“El peronismo se reinventó tantas veces como se vaticinó el final”

La historiadora Laura Ehrlich investigó en profundidad el nacimiento y desarrollo del movimiento político más influyente de la vida democrática argentina. Identidad, rituales y conflictos.

A principios de la década del 60, la pervivencia del peronismo no se daba por descontada. Solo hoy, con el diario del lunes, sabemos lo que efectivamente ocurrió”, arriesga Laura Ehrlich. Investigadora del Conicet, integrante del Centro de Historia Intelectual de a UNQ y doctora en la materia, la autora de La reinvención del peronismo (1955-1965) puso foco en una etapa y una militancia poco abordadas, en contraste con la abundante historiografía que privilegió la explosión setentista.

–Existe una identidad peronista. ¿Cómo se construyó y se reconstruyó en distintas etapas de la historia política argentina?

–En la etapa fundacional del peronismo, esa construcción tiene un componente importante “desde arriba”: Perón, hombre fuerte del régimen militar iniciado en junio de 1943, desarrolló una política social y laboral que atrajo la adhesión de buena parte del movimiento obrero, tradicionalmente opositor o independiente de los sucesivos gobiernos hasta entonces. La identificación con Perón de trabajadores y trabajadoras se expresó, como se sabe, en la movilización masiva del 17 de octubre del 45, que condujo, poco después, a su candidatura y elección como presidente constitucional. El nuevo movimiento político incorporó en su desarrollo fracciones de otros partidos: socialistas, nacionalistas de distintas líneas, conservadores y, especialmente, radicales y laboristas. Así, la conformación de la identidad peronista fue un proceso que no estuvo exento de conflictos con otras identidades partidarias.

–El concepto de “ritual” suele asociarse a las manifestaciones de masas. ¿Qué características particulares adquiere en el peronismo?

–Las manifestaciones de masas durante los primeros gobiernos peronistas, la del 17 de octubre o el 1 de mayo, fueron estudiadas con el foco puesto en el poder del Estado para generar consenso, recrear el carisma de sus líderes y producir imaginarios políticos. En menor medida, se analizaron como escenarios de disputas.

–El golpe del 55 marca un quiebre en ese vínculo, que debe reconfigurarse y adaptarse a otras circunstancias.

–Luego del golpe de Estado de 1955, hay que tener presente que además de ser combatida por el proyecto “desperonizador” de la “Revolución Libertadora”, la identidad peronista fue disputada. Distintos segmentos del arco político, incluidos sectores que integraban hasta ayer el movimiento liderado por Perón, intentaron barajar y dar de nuevo, por así decir, e integrar las bases pe- ronistas a nuevos o viejos partidos, incorporando parte de sus lemas y consignas (agrupaciones “neoperonistas” o a favor de un “peronismo sin Perón”). A principios de la década de 1960 la pervivencia del peronismo no se daba por descontada. Solo hoy con el diario del lunes podemos saber lo que efectivamente ocurrió. El peronismo fue considerado en ese período por muchos como una cosa del pasado, una etapa concluida.

UN PERÓN, MUCHOS PERONISMOS

“¿Qué significaba, por lo demás, ser peronista? ¿Adherir a determinados principios y conquistas sociales, o la lealtad a Perón, proscripto de la contienda electoral? –se plantea Ehrlich, retrospectivamente–. Es así que la continuidad en el tiempo de la identidad peronista fue fruto de la “resistencia” de la militancia en la misma medida que consecuencia de un trabajo político del líder por evitar que otros ocuparan su lugar y dieran con una fórmula que pudiera entrar en el juego electoral restringido, tolerado por los militares”, apunta.

–¿Cuándo y cómo comienza a universalizarse la figura de Eva, hasta alcanzar la categoría de mito y convertirse en la figura política argentina más conocida en el mundo, junto al Che?

–La figura de Eva Perón conoció un primer momento de internacionalización durante su gira por Europa en representación de Perón, en 1947. La prensa internacional se hizo eco de su periplo por España, Francia e Italia, incluyéndola así en una constelación de “famosas” de la segunda posguerra. La coyuntura de su largo funeral en julio-agosto de 1952 fue otra oportunidad en la que los principales magazines se ocuparon de ella. En los 70, luego de la devolución de su cadáver robado, al expresidente, en Madrid, resurge un interés por su figura que es contemporáneo del ascenso del debate feminista en el mundo, y de su reivindicación por sectores juveniles y radicalizados del peronismo en la Argentina.

–Una de las acciones más espectaculares de la JP a mediados de los 60 fue el repetido robo del sable de San Martín del Museo Histórico para hacérselo llegar a Perón. ¿Qué perfil ideológico tenían esos grupos?

–Diferentes agrupaciones que se identificaban como Juventud Peronista, hasta mediados de la década del 60 tenían una prédica nacionalista, antiimperialista, a veces católica, y un lenguaje extremista, antiliberal, pero no eran de izquierda. El anticomunismo era un elemento usual en la cultura política peronista de entonces. Esos jóvenes luchaban por la vuelta de Perón a la Argentina y contra las distintas alternativas de integrar el justicialismo al sistema político (sin Perón), que encaraban otros sectores del peronismo político o sindical, como el dirigente metalúrgico Augusto Vandor. Pero en esas disputas convergerían con sectores procedentes de la izquierda (disidentes del Partido Comunista o del Partido Socialista) o con dirigentes peronistas como John William Cooke, que intentaban comunicar a la militancia peronista con experiencias socialistas como la de Cuba.

–¿Podemos trazar un arco entre aquella JP un tanto inorgánica y la JP setentista, hegemonizada por Montoneros?

–En general se ha tendido a trazar esa continuidad, en parte porque las propias organizaciones armadas de los 70 se pensaron a sí mismas como continuadoras de la Resistencia Peronista y también porque algunos de sus militantes atravesaron ellos mismos ese arco. Sin embargo, yo veo una ruptura más que una continuidad, incluso un relevo generacional y un elenco distinto con la incorporación masiva de jóvenes universitarios a las filas del peronismo desde fines de los años sesenta, y que ocurre en otro clima político-social a distintas escalas.

–El peronismo vuelve a estar fuera del poder y acarrea una crisis de identidad y organización. ¿Qué claves nos proporciona ese pasado remoto para contemplar sus posibilidades de reinvención en el futuro cercano?

–En primer lugar, lo obvio: siempre que se vaticinó el final o la superación histórica del peronismo, este ha resurgido o se ha reinventado. Por otro lado, el pasado muestra que, a lo largo de todas sus etapas, en el poder o fuera de él, el peronismo albergó sectores, agrupaciones e ideologías diversas, y su vida interna fue más activa y conflictiva en la práctica que en el anhelo de unanimidad de sus liderazgos.

Escrito por
Oscar Muñoz
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