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Caras y Caretas

           

Un generador de lectores y escritores

A cuarenta años de su partida física, distintos autores rememoran y describen su vínculo personal con Cortázar y su obra. A su vez, revalorizan y recomiendan sus textos favoritos del argentino radicado en París.

Si uno realizara una nube de palabras (aquella que grafica con distintos tamaños los términos según su repetición), “imaginación” sería el concepto que se presentaría inmensamente más grande a la hora de argumentar y justificar las huellas y marcas que Julio Cortázar dejó en la literatura nacional y latinoamericana. Imaginación, no como concepto vacío, sino como semilla para crear, para contar y para compartir.

Esta cualidad toma aún más impulso cuando, además de sus fieles lectores, son los propios escritores y escritoras quienes deciden ponerla en primer lugar junto, desde ya, con su capacidad de prosa. Claudia Piñeiro, Sergio Olguín, Diego Tomasi, Valentina Vidal y Maximiliano Legnani recuerdan su primer acercamiento a la obra del autor, analizan los diversos motivos de su vigencia y recomiendan distintas piezas de su extensa producción literaria.

DE LAS PROFESORAS DE LITERATURA

El contacto inicial de la consagrada Claudia Piñeiro con la obra de Cortázar fue a los 14 años gracias a Julia Amengual, su profesora de Literatura. “Lo primero que nos dio para leer fue ‘Casa tomada’. Tuvo en mí un impacto extraordinario. Me deslumbró todo en ese cuento: la relación de los dos hermanos, la llave cayéndose, la hermana tejiendo, descubrir quiénes estaban en las otras habitaciones. Cada cosa me pareció impactante”, recuerda la autora de Betibú, Catedrales y El tiempo de las moscas, entre otros grandes títulos.

Si bien su producción literaria es mucho más extensa, los clásicos cuentos que forman parte de infinidad de antologías leídas y releídas son, en parte, los que otorgan semejante vigencia. “Yo converso mucho con profesores de colegios secundarios, y lo que tiene Cortázar es que es un autor que les permite generar e incorporar nuevos lectores y lectoras. Es un escritor que no ha envejecido para los adolescentes, y eso es clave”, comenta Piñeiro, y agrega: “Combina tres cosas fundamentales: imaginación prodigiosa, excelente pluma y mensajes por detrás. En todo lo que escribe, siempre hay algo por descubrir”.

El joven periodista y escritor Maximiliano Legnani también tuvo su primer acercamiento a Cortázar gracias a su profesora de Literatura y mediante el cuento “Casa tomada”. “Fue una lectura crítica, debatida y colectiva, pero particularmente despolitizada. Luego, cuando uno profundiza en las miradas políticas del autor, se da cuenta de que terminó siento una lectura limitada y mucho menos jugosa de lo que podría haber sido. Sin embargo, en ese momento, el cuento tuvo un gran impacto estético en mí. Lo releí muchas veces desde distintos lugares y, como toda obra de arte, con el tiempo crece y se agranda”, afirma.

Para el conductor de Biblioteca IP, Cortázar se diferencia del resto porque logra crear y unir mundos, pero, además, tiene la capacidad imaginativa de construir lo impensado, lo surrealista y lo íntimo. “Penetró de tal manera porque su mente siempre encontró ese otro lado de las cosas. Creó donde otros hubieran visto una cuestión absolutamente racional”, sostiene.

MÁS ALLÁ DE LA ESCUELA

Sergio Olguín, autor de Las extranjeras, No hay amores felices y Springfield, entre otros títulos, arribó al autor de una manera radicalmente diferente. “Como durante la dictadura militar no nos enseñaban literatura argentina contemporánea en la escuela, mi interés por la lectura tuvo que ser canalizado por fuera del circuito educativo. La revista Humor Registrado pasó a ser mi guía literaria y eso me llevó a Rayuela. Compré la novela en una librería de usados y quedé fascinado con ese universo de artistas, intelectuales, personajes femeninos, París y el juego del armado de la novela”, describe minuciosamente.

“Cortázar tiene un conjunto de atributos que lo hacen muy atractivo. Por un lado, la escritura que busca trabajar con el lenguaje argentino, alejado de esa lengua neutra con la que se tientan muchos autores locales con proyección internacional. Por otro, una capacidad imaginativa desbordante, que queda en evidencia más que nada en sus cuentos, con la creación de personajes inolvidables, con volumen, tridimensionales, que hasta se escapan de la página para vivir con nosotros. Y, por último, la maestría para llevar adelante tramas complejas, tensas, sutiles o brutales, cuando las circunstancias lo ameritan”, relata Olguín.

Cortázar por Buenos Aires. Buenos Aires por Cortázar es un ensayo que Diego Tomasi escribió en 2013. La idea surgió cuando se encontraba leyendo Cartas a los Jonquières, un título publicado de manera póstuma, en el cual se recopila correspondencia de Julio y diversos textos donde se describe minuciosamente el día a día de la vida del escritor en París. En ese momento, le surgió la pregunta (y la inmediata respuesta) de si sería posible reconstruir, de manera similar, los años de vida del escritor en Buenos Aires.

“Llegué a Cortázar gracias a un taller literario. La profesora nos hizo leer Todos los fuegos el fuego. Me gustó muchísimo. Lo releí años más tarde, con el temor de que se cumpliera esa idea tan cristalizada (y peyorativa) de que Cortázar es un autor para leer en la adolescencia. Y no, no solo esa afirmación es injusta, sino sobre todo que parte de personas que probablemente no lo han leído. Además, ser un autor que despierta y gana lectores en una edad temprana debería considerarse un enorme mérito”, afirma Tomasi.

Por su parte, Valentina Vidal, quien publicó su primer libro de cuentos, Fondo blanco, en 2013, encontró en Cortázar el impulso para su producción cultural. “Fue mi primer amor literario. Gracias a leerlo empecé a escribir. Mi viejo tenía Rayuela en la biblioteca y me lo recomendó cuando era adolescente. Fue un amor a primera vista, me pareció increíble tener un libro que se pudiera leer de tantas maneras diferentes. A esa edad lo tomé como un juego muy enriquecedor, y desde ahí nunca dejé de quererlo”, relata.

Como el resto de sus colegas, enumera un cúmulo de cualidades para argumentar las huellas y la vigencia del autor en el consumo literario actual. “La precisión de su prosa; la generosidad absoluta al escribir con cercanía, intimidad y calidez, invitando a los lectores a ser parte de su narrativa; la imaginación; la increíble ambigüedad entre lo fantástico y lo real. Son muchas cosas juntas”, sostiene.

ESCRITORES RESALTANDO ESCRITOS

Recomendar obras o “textos sueltos” de Cortázar nunca fue tarea fácil. La heterogeneidad y los diversos subgéneros en los que el autor se sumergió durante las distintas etapas de su producción lo complejizan aún más. Sin embargo, sus colegas se animan a hacerlo: hay cuentos, novelas, parte de su correspondencia y hasta clases desgrabadas.

Claudia Piñeiro no lo dudó: “Casa tomada”, “Continuidad de los parques” y “Lejana”. “Para mí, lo mejor es entrar a Cortázar por sus cuentos. El primero lo elegí porque fue el que me inició en su obra. El segundo, porque tiene mucho que ver con lo que yo hago: leer y escribir. Además, es un cuento redondo donde se cierra el círculo de la ficción y la realidad. Y el tercero, porque aparece ese concepto del doble, del otro, y me resulta inquietante saber que puede haber otra persona igual a uno, en otro lugar, y que quizás en algún momento cambies la vida con ella.”

Diego Tomasi también se inclina por los cuentos: “Sin duda, los libros Bestiario, Final del juego, Las armas secretas y Todos los fuegos el fuego tienen que estar”. Pero incluye, además, los cinco tomos de sus correspondencias. “Guardan muchos detalles nunca revelados y dan por tierra con algunas polémicas inútiles que se generaron alrededor de su figura, por ejemplo, los motivos por los que adoptó la doble ciudadanía. Esos volúmenes son realmente una joya”, remata.

Valentina Vidal coincide en Bestiario y Final del juego, pero agrega otro imperdible: Clases de Literatura. Berkeley, 1980. “Son desgrabaciones de esas maravillosas clases que dio en un otoño en California. Allí habla de cómo construir un cuento o una historia y se sincera muchísimo con ciertos pasajes de su vida, de sus viajes y de su exilio”, sostiene.

En la riqueza literaria está el gusto, y Legnani prefiere apuntar hacia otro sector de la obra: “Como novela me gustaría destacar 62/Modelo para armar; es magistral y absolutamente disruptiva. Si me centro en los cuentos, creo que recomiendo ‘La noche boca arriba’, allí hay muchos ejemplos de lo que hacía Cortázar con las tramas y los lenguajes. Y, por último, no puedo dejar de mencionar un texto que se encuentra en el libro La vuelta al día en ochenta mundos y se titula ‘Grave problema argentino: querido amigo, estimado o el nombre a secas’”.

Esta variedad a la hora de recomendar obras de Cortázar habla del nivel de excelencia a lo largo de casi medio siglo de producción literaria: desde aquel primer poemario titulado Presencia, en 1938, hasta la antología Salvo el crepúsculo, publicada en 1984, meses después de su muerte. A cuarenta años de su último escrito y de su desaparición física, la vigencia sigue intacta y el generador de lectores y escritores parece no apagarse.

Escrito por
Damián Fresolone
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