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Charo Bogarín: “La música independiente es un sector vulnerado en la escena de la industria”

Como vicepresidenta del Inamu, la cantante y actriz formoseña tiene entre sus prioridades el cumplimiento de la ley de cupo de mujeres y diversidades para eventos musicales y el armado de una fonoteca del canto originario.

La cantautora, actriz y gestora cultural Charo Bogarín asumió la vicepresidencia del Instituto Nacional de la Música (Inamu) con dos objetivos muy claros: el cumplimiento de la ley de cupo de mujeres y diversidades para eventos musicales en territorio argentino y la elaboración de una fonoteca digital del canto originario. Su condición de mujer y descendiente del pueblo guaraní atraviesas ambas metas. Es que la artista formoseña, ya sea con Tonolec o con La Charo, viene indagando desde hace más de dos décadas en la sabiduría ancestral de los pueblos originarios y dando cuenta de las mixturas y fusiones que el paso del tiempo han ido impactando en las diferentes representaciones culturales de cada comunidad.

Ahora, desde su rol en el Inamu, analiza y da cuenta de las necesidades del sector musical, que se profundizaron con la pandemia, y en cómo el instituto supo funcionar y crecer de la mano de los propios artistas que lo conforman desde su nacimiento. Bogarín también explica la importancia que la difusión y promoción de nuestra música, en todos sus variantes, tiene a la hora de alentar la elaboración de políticas públicas para fortalecer el sector y poner en valor nuestra identidad cultural.

–¿Cuál es el rol que cumple culturalmente el Inamu para les artistas?

–El Instituto Nacional de la Música fue creado por la Ley Nacional de la Música (Nº 26.801), como un organismo de fomento a la actividad musical en general y la nacional en particular. Tiene como funciones fomentar la música en vivo, la producción de música grabada, la formación integral de las personas músicas, la difusión de su material y la promoción cultural de sus producciones. Tenemos en nuestra página web el Registro Nacional de Músiques Independientes, con más de 80 mil incriptes a la fecha. Nuestros antecedentes son organizaciones como la UMI y la FAMI, que surgen de la misma actividad musical, impulsados por sus propios actores. Inamu es un organismo público, no estatal, dirigido por músicos dedicados a la gestión cultural, sin que esto implique abandonar nuestras carreras, sin perder ese contacto directo con aquello que nos nutre y nos mantiene actualizados con las necesidades concretas del sector. Nuestro presidente, Bernabé Cantlon, es músico de Lash Out y guitarrista de Boom Boom Kid, y yo vengo con un trabajo sostenido en la música independiente con mis proyectos Tonolec y La Charo, tocando y cantando en escenarios.

–¿Qué compromisos y metas te propusiste desde tu asunción como vicepresidenta del Instituto?

–Cuando fui designada en el cargo, en mayo de este año, me puse al hombro dos pilares de trabajo: seguir adelante con la agenda de género a través de la difusión y cumplimiento de la Ley de Cupo (política pública que garantiza el 30 por ciento de mujeres y diversidades músicas en los eventos musicales) y propulsar acciones específicas para salvaguardar el patrimonio musical de nuestros pueblos originarios. Considero que la actividad de las mujeres y diversidades en la escena musical y la música de las comunidades originarias que están dentro de territorio argentino son sectores vulnerados. Es allí donde decidí poner foco.

–¿Cuál es la función que cumple la ley de cupo?

–Es una política pública para nuestro sector, que nació de una mesa federal de músicas, impulsada por Celsa Mel Gowland (cantante y ex vicepresidenta del Inamu), como propuesta de una música mendocina, que contó con el apoyo de músicas de todo el país y finalmente llegó como un proyecto a la Legislatura. Fue sancionada en 2019 y reglamentada en tiempo récord en 2020, poniéndose en vigencia a partir de ese año. Luego empezó la pandemia, lo cual incidió directamente en poder ponerla en pleno funcionamiento. No hubo tiempo de difundirla como corresponde. Desde el Inamu hubo que abocarse a salir a ayudar a nuestros músiques con fomentos y ayudas especiales, con fondos propios y otros articulados con el Ministerio de Cultura de la Nación. Hacer saber a organizadoras y organizadores de eventos, tanto públicos como privados, sobre la existencia y aplicación de la ley de cupo será el mayor desafío en mis primeros tiempos, para poder cambiar el panorama a futuro de los eventos musicales en la Argentina. Muchas y muchos organizadores saben de su existencia, pero no saben que deben presentar las declaraciones juradas ante el Inamu; es decir, nos deben detallar la grilla de sus eventos musicales antes de que finalicen, lo cual es obligatorio por ley y da cuenta de que en los eventos de música se cumple fehacientemente con el cupo del 30 por ciento de mujeres y diversidades en los escenarios. Nadie puede autoproclamar que cumple con la ley de cupo. Solo el Inamu tiene esta facultad. Para ello, ya en el correr de este año, estamos dando charlas de capacitación en las diferentes regiones culturales del mapa argentino (NOA, NEA, Nuevo Cuyo, Patagonia, Centro y Metropolitana) a través de encuentros de las asociaciones o colectivos musicales organizados, que solicitan nuestra capacitación mediante las secretarías o ministerios de cultura de sus provincias. También formamos parte de mesas interministeriales donde vía zoom charlamos articulados con el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, el Ministerio de Cultura de la Nación y el Ministerio de Turismo y Deportes de la Nación, donde capacitamos sobre la ley a quienes realizan fiestas nacionales y populares a lo largo y ancho de la Argentina.

–¿Y cuál es el otro pilar de tu función en el Inamu?

–El otro de los pilares es la salvaguarda de la música de los pueblos originarios. Ello contempla identificar, documentar, investigar, preservar, proteger, promover, transmitir y revitalizar el patrimonio cultural musical inmaterial en la Argentina. Esta mirada obviamente tiene mucho que ver con mi trabajo musical desarrollado desde hace más de dos décadas, y me lo pongo al hombro como mujer de sangre guaraní orgullosa de su cultura, que cree en la necesidad de propagar la sabiduría ancestral a través de los cantos y la música originaria como parte identitaria y fundamental de nuestro acervo cultural. Hace tres años, propuse como música cantora e investigadora, al entonces presidente de Inamu, Diego Boris, crear la Fonoteca Digital del Canto Originario, cuya conformación está avanzada y pronta a su estreno, donde se podrá escuchar (no bajar ni manipular) el arte sonoro indígena de artistas de las comunidades y de artistas nuevos que revitalizan el lenguaje ancestral a través de sus cantos. El material está siendo subido a la web de nuestro Instituto. Para la conformación de la Fonoteca, hemos armado una mesa de trabajo vía Zoom, con algunes referentes cantores y cantoras de pueblos originarios de la Argentina, representando a las comunidades guaraní, qom, wichi, huarpe, kolla y mapuche para acordar criterios de esta fonoteca, de donde salió entre otros conceptos el denominar “arte sonoro indígena” a la música ancestral. En un futuro próximo la mesa se ampliará a más comunidades que tienen sus cantos revitalizados y mantienen su legado musical en pie. Como acción inmediata también para encargarnos de esta visibilización y sobre todo de que los músicos indígenas empiecen a involucrarse y sentirse parte del Inamu, empezamos poniendo una opción en nuestra web, en la parte de Registro de Músiques, donde se puede especificar a qué pueblo o comunidad pertenecemos.

–¿El registro es solo para quienes pertenecen a una comunidad o también para los hacedores de música vinculada con los pueblos originarios?

–La pregunta específica es si uno/a/e pertenece a una comunidad o es descendiente de algún pueblo originario. Yo, por ejemplo, soy mujer guaraní, entonces puedo ingresar a mi panel de registro y poner mi pertenencia. La artista Mariana Carrizo puede reingresar y poner que es perteneciente a la comunidad kolla; Ema Cuañeri a la qom; Anahí Mariluán a la mapuche, por dar algunos ejemplos. Tenemos a la fecha registrados a diversos musiques indígenas así como a integrantes de coros, como el caso del Coro Qom Chelaalapi de Chaco y del coro wichi Sacham, de Formosa. ¿Por qué ponemos este nuevo dato dentro de nuestro registro? Porque ese registro generará una nueva estadísticas en nuestro Observatorio de la Música, que lleva adelante Celsa Mel Gowland, presentándose como una nueva variable a analizar, a raíz de cuyo análisis vamos a poder, por ejemplo, en las futuras convocatorias de fomento, destinar para los músiques solistas, agrupaciones y coros de pueblos originarios inscriptos un fomento específico para la actividad.

–¿Se podría pensar un cupo en los eventos para la difusión de la música de los pueblos originarios?

–Serían pasos posteriores el pedir un cupo y una presencia reglamentada del sector, porque hay que basarla en números y estadísticas. Nosotros salimos del Inamu de manera ordenada, primero a través de este registro. Pensar en los cupos y en plasmarlos a través de leyes es positivo y a su vez las leyes de cupo son herramientas transformadoras que tenemos para proponer una sociedad más justa y un tratamiento más justo de los sectores vulnerados.

–¿Cómo ves la música de los pueblos originarios?

–El siglo XXI trajo cuestiones conceptuales y filosóficas donde se ponen de relieve palabras como la inclusión, la mixtura, la integración… Hoy veo que hay artistas de pueblos originarios que fusionan su música con los géneros actuales, como el hip hop, el rock, el pop y la electrónica. Nosotros salimos con Tonolec en 2005 mixturando los universos qom y guaraní con la electrónica. El coro qom Chelaalapi hoy fusiona sus conciertos con músicos electrónicos como Dj Lagartijeando. Micaela Chauque se fusiona en un nuevo trabajo con Tremor. En Misiones está el grupo de jóvenes Ja´e Kuera Ñande Kuera con una propuesta maravillosa y moderna de hip hop mbya guaraní. En el siglo pasado, nadie pensaba que una música ancestral podría tener un tratamiento electrónico o fusionarse con otros estilos. Desde 2000 en adelante se empiezan a generar nuevos imaginarios y maneras de ver y entender esta realidad. Una resignificación de lo que nos enseñaron. Vengo de una generación en donde no nos enseñaron a aceptar que uno venía de un pueblo originario, donde se ocultaba la belleza morena e indígena. Desde los 2000 hubo una generación que empezamos a trabajar, hasta inconscientemente, más desde el corazón que desde la razón, este tipo de visibilización y mixtura. Los primeros antecedentes se dieron en el siglo pasado con el trabajo de Gustavo Santaolalla y León Gieco, que salieron a hacer todo un relevamiento desde Ushuaia a La Quiaca. También Don Sixto Palavecino, un músico enorme que hizo chacareras en lengua quechua. Luego salimos Tremor, Gaby Kerpel, Tonolec con propuestas de fusión de música electrónica con música indígena. Hay un trabajo fabuloso llamado El Camino de Leda donde se fusiona la música electrónica con las coplas recopiladas por esta gran artista e investigadora. A veces creemos que todo lo vinculado a los pueblos originarios es arqueológico, inmutable, que no debe transformarse o resignificarse. Hay una visión romántica cuando uno habla de pueblos originarios, de cómo debe ser. Seguimos desde la cultura occidental poniéndonos arriba, a tal punto de ser el politburo de decir cómo tiene que ser o cómo se tiene que desempeñar alguien de los pueblos originarios. Son sus actores y referentes, o las mismas comunidades y sus integrantes quienes lo van determinando. Nosotros íbamos con Diego Pérez, mi compañero de Tonolec, a visitar a músiques de la comunidad qom, en Derqui, Pilar, a unos 50 kilómetros de CABA, y los músicos estaban vestidos con remeras de Van Halen, de heavy metal. Y pensamos, ¿por qué uno tiene que pretender que ellos usen ropajes típicos o toquen solamente sus instrumentos tradicionales? ¿Por qué debemos pensar que está mal o bien que adhieran a las religiones católicas, pentecostales, evangélicas, si ellos mismos así lo deciden? Esa es una visión romántica que hay que replantear, como que todo lo indígena no se puede tocar y tiene que preservarse como una pieza de museo. Desde mi visión, estaríamos condenando de esa manera a que se petrifique o anquilose algo que es parte de una cultura que está viva y por lo tanto se mueve, se transforma, desde el interior, influido por la época en la que viven, pero sin perder su esencia. Por dar un ejemplo musical, el Coro Qom Chelaalapi existe desde 1962 en Resistencia, Chaco, y es el coro más antiguo institucionalizado que tenemos en territorio argentino. Ellos adoptaron sin problemas para sus actuaciones, en cuanto a vestimentas, los tejidos wichi, en cuanto a lo musical el bombo legüero y hoy a sus actuaciones suman un DJ, un músico electrónico. Como artistas tienen su identidad y conservan su esencia, pero también traen una mirada propia, fusionada, resignificando una tradición y proponiendo nuevos arquetipos sin tener miedo a perder la esencia.

–La pandemia imposibilitó muchos eventos culturales, que recién ahora empiezan a multiplicarse. ¿Cuál fue la primera impresión con los realizadores de eventos sobre esta ley de cupo? ¿Hay un compromiso o se genera un escenario de tensión al respecto?

–Así es. Pasa que uno rechaza o se pone a la defensiva con lo nuevo o lo que desconoce. Por eso es importante dar a conocer y difundir y traspasar de qué se trata la ley de cupo. Los cambios siempre producen escenarios de tensión y por ende resistencias de todo tipo, donde se exponen argumentos razonables que aportan y fortalecen una mirada; y otras que son ridículas e inconsistentes, que atrasan. La cultura, que es pleno movimiento porque es el quehacer cotidiano de sus actores y evoluciona y cambia a su vez con esas tensiones, contiene miradas que a veces se convierten en políticas públicas donde es casi imposible que no se produzca el choque de intereses entre sus actores, pero siempre están reflejando lo que sucede hoy en nuestra sociedad. En un principio surgió esta sensación de que una ley de cupo venía a imponer a los productores privados o públicos en los eventos una presencia que supuestamente no había, y yo diría mas bien la desconocían. Se esgrimieron argumentos tales como “no hay suficientes músicas mujeres o diversidades cantoras para subir a los escenarios”. Las habemos sí, sin duda. Es solo cuestión de investigar un poquito más, parar las orejas, fijarse en las mismas redes el caudal que somos y ergo brindarnos el espacio para que nuestras voces sean escuchadas. Apuntamos a una sociedad más justa. ¿Quién podría estar en contra de leyes que propendan a que esto suceda? Siento que habiendo más información y difundiendo y concientizando sobre la ley de cupo habrá más compromiso de quienes están a cargo de realizar las grillas musicales de eventos públicos y privados. Es muy importante que desde las políticas públicas de los Estados nacionales, provinciales y municipales se entienda esto para tener una bajada de línea hacia quienes organizan los eventos musicales. Hay que tener en cuenta que hubo un contexto en la región que hizo posible llevar adelante conquistas de derechos respecto de lo social y cultural. La Argentina, dentro de los países de América latina, siempre fue una punta de flecha en la conquista de derechos para los sectores más vulnerados. Lo somos en las luchas desde las bases, desde las calles. Fue acá donde se generaron grandes movimientos como la marea verde, que logró la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, o el de Ni Una Menos, que logró una mirada seria de los funcionarios en cuanto a políticas públicas, preventivas y de sostén de quienes son violentadas en las calles, en sus casas, en sus trabajos. Hoy tenemos un Ministerio de la Mujer, Géneros y Diversidades, no es un dato menor.

–¿Cuál es el trabajo que se viene realizando en relación con la difusión y el impulso de la música independiente? ¿Cuál es el beneficio de registrarse?

–Inamu se pone del lado de la música independiente, un sector vulnerado en la escena de la industria musical, donde es difícil hacer frente con nuestros proyectos a la mirada hegemónica de la industria, donde todo está regido por la metadata, las visualizaciones en redes, primando lo cuantitativo sobre lo cualitativo. La música independiente tiene territorio, tiene identidad, tiene color local y es donde apuntamos a preservar. En relación con la difusión de la música independiente, el Inamu tiene el Banco Nacional de la Música, donde a la fecha hay más de 26 mil canciones de autores e intérpretes de música independiente a disposición, para que las radios de todo el país puedan abrevar y cumplir con la Ley de Medios que establece que cada radio de territorio argentino debe pasar un 30 por ciento de música nacional y, dentro de ese porcentaje, el 15 por ciento debe ser de música independiente. Antes las radios no sabían cómo acceder a este material. Hoy no tiene excusas. Se registran en la web del Inamu, y tienen acceso a este gran reservorio de música independiente, donde además hay contacto de sus artistas y una pequeña biografía. Todo músico o música nacional e independiente puede a su vez subir sus canciones o álbumes para ponerlos a disposición de esta difusión. Siendo parte del Inamu, donde te registrás sin un examen previo, ni pagás cuotas mensuales o anuales, accedés a muchos beneficios. Podés ser parte del Circuito Estable de Música en Vivo, tener descuentos en casas de instrumentos, o descuentos de pasajes para realizar una gira, podés acceder a los concursos de música nacional en el mundo y, lo más importante, cada año a aplicar a las convocatorias de fomento que lanzamos para el mes de septiembre, tanto a nivel nacional, como a nivel regional; más una línea especial, que este año será para la actividad coral. Solistas, agrupaciones musicales y coros de todas las provincias podrán realizar conciertos y giras, producciones fonográficas y audiovisuales. Los fondos totales de esta convocatoria 2022 serán de 100 millones de pesos, con el aporte de fondos del Inamu y aportes del Ministerio de Cultura de la Nación. La propia actividad musical, en cada región, será la que defina quiénes ganan los subsidios, que este año serán de un total de 1.135.

–¿Cómo ves el panorama cultural actual y qué transformaciones están avecinándose?

–Estamos reactivándonos de nuevo, con mucho esfuerzo pero con un trabajo sostenido y mancomunado entre artistas, generando alianzas con otros sectores, redes entre artistas, colaboraciones… En esta década que se viene hay tres pilares que van a estar como temáticas centrales en la escena cultural: los pueblos originarios como parte identitaria de nuestra cultura, la ecología como filosofía de vida para lograr una armonía entre nosotres y la naturaleza, y los feminismos como parte activa en las luchas sociales para crear una sociedad más justa y representativa. Son tres faros que van a estar guiándonos en nuestras acciones y serán contemplados en cada herramienta que brindemos desde las actividades organizadas para lograr a mediano y largo plazo una transformación en lo social, cultural, político y económico.

Escrito por
Pablo Pagés y Marvel Aguilera
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