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“Militábamos con mucha alegría”

A los 10 años se enteró de que era hijo de desaparecidos, y su vida cobró otro sentido. En esta novela autobiográfica, el periodista Emiliano Guido cuenta sus años de militancia en la agrupación HIJOS de La Plata.

Emiliano Guido es periodista. Se enteró de que sus padres habían sido desaparecidos por la última dictadura cívico-militar cuando “tenía alrededor de 10 años”. No recuerda cuál era su edad exacta en el momento en que sus abuelos maternos, que lo criaron, se lo contaron. Así funciona la memoria. La precisión está en alguna imagen, en algún destello emocional que queda guardado, como una lámpara de Aladino esperando a que la froten. Emiliano frotó la lámpara para recorrer una etapa de su vida, su militancia en la agrupación HIJOS de La Plata, durante la década del 90. Ese recorrido terminó en su primera novela, Treinta mil veces te quiero, que ya circula en las librerías con el sello editorial azulfrancia.
El libro no solo retrata las certezas, las preguntas, las contradicciones de una etapa “huérfana”, según Guido, en términos de referencias políticas; también aborda el debate de los hijos con la generación de sus padres.

–¿Cómo surgió la idea del libro?
–Empecé un taller de literatura. Ahí surgió, con Hernán Vanoli, que dirigía el taller, la idea de escribir algo sobre ese momento de la vida en el que se deja la infancia y se ingresa a la adolescencia. Eso me llevó, a su vez, al momento en que mi familia me comunicó que era hijo de desaparecidos.

–¿Cuántos años tenías cuando te lo contaron?
–Alrededor de 10 años, no lo recuerdo exactamente. Aproveché eso para escribir cómo era mi infancia en Bahía Blanca. A mí me criaron mis abuelos, los papás de mi mamá. Y ese recorrido me dio impulsó para contar la militancia en HIJOS, en La Plata, en la década del 90. Yo me había mudado a La Plata cuando terminé el secundario. Más allá de la militancia, éramos un grupo de amigos. A pesar de que la hegemonía cultural iba en un sentido opuesto, militábamos con mucha alegría. Y en el libro abordo toda esa época. Nuestra relación con Hebe (de Bonafini), la relación con los artistas que nos ayudaban, nuestros momentos de comunión y de conflicto. Traté de retratar la temperatura política y cultural de esos años, sin solemnidad. Cómo pensábamos la política y la militancia por los derechos humanos, con todo lo que eso implica siendo hijos de desaparecidos.

Criado por sus abuelos maternos, Emiliano supo a los 10 años que era hijo de desaparecidos.

–En el libro también se reflexiona sobre la militancia de los 70.
–Sí, porque también tratábamos de pensar la época militante de nuestros papás. Y el debate político en torno a los 70 estaba muy presente. En los 90 todavía no habían pasado tantos años como puede parecer ahora. Eran charlas que teníamos, atravesadas por la emoción. No era un debate frío, porque detrás estaba la muerte, la desaparición, o exilio de nuestros padres y madres. Los 90 fueron un poco la derrota después de la derrota. La legitimidad del neoliberalismo en ese momento no puede pensarse sin la derrota de los 70.

–¿El entorno de la ciudad de La Plata tiene alguna implicancia especial?
–Es la ciudad de Hebe, de Estela (de Carlotto), de Cristina (Fernández de Kirchner). Muchos estábamos en la universidad. Era un momento difícil para quienes pensábamos que la Argentina tenía que ser diferente.

“Si la publicación hubiera sido de unos pocos ejemplares, para los amigos, también lo hubiese disfrutado”, cuenta el autor.

–Siendo periodista, ¿por qué elegiste el formato de novela y no el de la crónica?
–Tenía ganas de hacer mi primera experiencia literaria. Me permitió moverme con comodidad para modificar algunos nombres y navegar esos años, si se quiere, vestido de otra forma. La crónica me hubiera obligado a una precisión distinta. La literatura me dio más libertad para todo.

–¿Los protagonistas leyeron el libro? ¿Qué te dijeron?
–Muchos son amigos y tuve una muy buena recepción. Es siempre un interrogante qué va a pasar del otro lado. Al ser autobiográfico, aparece también alguna historia de amor de ese momento, pero el eje de la novela es la militancia política.

–¿Cómo ves esos años más allá de la novela?
–El libro primero se iba a llamar Wachos. La militancia de esos años estaba un poco huérfana. Pero también ahí se fueron cocinando las victorias que vinieron después, más allá, por supuesto, de todo el proceso social. Pasaron treinta años de ese momento y es probable que los jóvenes militantes de hoy no puedan entender lo que eran esos años. Sobre nuestros viejos estaba muy presente, los acusaban de terroristas. Todo estaba muy corrido a la derecha. Y también recuerdo ese tiempo con cariño. Cada uno desde su lugar hacía lo que podía y no teníamos una referencia política clara, ni en el país, ni en la región. Todo eso cambió después de la crisis de 2001.

–¿Qué te dejó el proceso de escritura de la novela?
–Es encantador escribir y, al mismo tiempo, requiere de mucho esfuerzo. Lo primero era poder terminarla. Incluso si la publicación hubiera sido simplemente de unos pocos ejemplares, para los amigos, también lo hubiese disfrutado.

Treinta mil veces te quiero, de Emiliano Guido, se presenta el viernes 18 de marzo a las 19 en El Imaginario Cultural (Guardia Vieja 3799, CABA).

Escrito por
Demián Verduga
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