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Pelar bien el chancho

Ilustración: Ricardo Ajler
Ilustración: Ricardo Ajler

Gabriel Boric y las expectativas de la izquierda latinoamericana. La mirada de la política sobre el nuevo fenómeno chileno.

“Son muchos los desafíos a enfrentar: una salud que no discrimine entre ricos y pobres; pensiones dignas para quienes han trabajado toda su vida; la falta de vivienda fortalecer la educación pública. Pero un gobierno no avanza solo. Basta de los que creen que se puede hacer un gobierno para el pueblo pero sin el pueblo. Con nosotros, a la Moneda entra la gente”, enfatizaba Gabriel Boric el 19 de diciembre en su primer discurso como presidente electo. Antes de finalizar, el líder de Convergencia Social recurrió a una metáfora que lo acompañó en su campaña y en los debates: “Este país es rico y tiene recursos, pero como se dice coloquialmente ‘el chancho está mal pelado’”.

Las esperanzas que generó el triunfo del ex estudiante de Derecho y uno de los mayores responsables de las manifestaciones de octubre de 2019 no son menores a los desafíos y dificultades que pareciera tener por delante para modificar estructuralmente las montañas de residuos que dejó el pinochetismo. El nuevo gabinete, las futuras relaciones con la región, la agenda de derechos humanos, la ciencia y el feminismo serán algunos de los pilares de su gestión. Pedro Brieger, Dora Barrancos, Daniel Filmus y Taty Almeida imaginan la gestión y exteriorizan sus expectativas.

“La izquierda tiene una tradición muy fuerte en la historia chilena, pero fue barrida claramente en la dictadura de Pinochet. Las esperanzas son inmensas en un sector de la sociedad, especialmente en aquellos que salieron a la calle en 2019 para expresar que no querían más ese modelo. Ellos son los principales responsables de los dos cambios tan profundos que se dieron: la Convención Constituyente y el triunfo histórico de la izquierda”, describe el sociólogo y periodista internacional Pedro Brieger.

Las sorpresivas revueltas dejaron a la luz que el modelo que se presentaba como exitoso en América latina hacía agua por todos lados, y Boric es consecuencia directa de ello. Según Brieger, la esperanza de este nuevo gobierno tiene elementos muy distintos a aquel sueño progresista de Bachelet: “Michelle surgió dentro de la estructura de un Partido Socialista domesticado por el establishment y mantuvo en pie lo que heredó de la dictadura. No se atrevió a convocar a una Asamblea Constituyente ni a anular la Constitución de Pinochet. El gran mérito actual fue haber comenzado el proceso de la Convención Constitucional. Boric es consecuencia de esas revueltas y del cuestionamiento del modelo”.

Apenas conocidos los resultados del balotaje, el presidente electo agradeció a las mujeres y anticipó: “Ustedes serán protagonistas de nuestro gobierno”. Un mes después, presentó su gabinete conformado por 14 mujeres y 10 hombres. Según la socióloga Dora Barrancos, la decisión de asegurarle a Chile equidad de género en todos los espacios posibles tiene que ver con dos elementos: “El primero, relacionado al presente inmediato, se encuentra en las rebeliones de los últimos años con el protagonismo de las mujeres, ya sea por formas dentro del cauce feminista o por la gran presencia de ellas en las calles; el segundo, vinculado a la tradición en materia de feminismo que emerge en Chile en la década del 20, dando lugar a grandes cuadros teóricos”.

Barrancos apuesta a que este será un real cambio de época y no oculta sus esperanzas: “Es un joven con gran destreza y preparación. Aunque sus formulaciones están encuadradas en lo que podríamos llamar la socialdemocracia, hizo una alianza formidable con todos los espacios progresistas. Esa alianza se sostiene sobre pilares fundamentales de un Chile democrático, inclusivo y donde se reparen las brutales injusticias devenidas de la dictadura pinochetista”.

A diferencia de lo que ocurrió en la Argentina con el triunfo del Frente de Todos, en Bolivia con el regreso del Movimiento al Socialismo y de lo que pueda ocurrir en Brasil con Lula, la asunción de Boric es novedosa. El actual ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Daniel Filmus, así lo analiza: “Es algo totalmente distinto. A partir de movimientos populares se logró que una fuerza no tradicional llegue al Ejecutivo; mientras que el resto de los casos son regresos de fuerzas políticas consolidadas, que habían gobernado anteriormente. Boric genera una gran expectativa en América latina porque es un proceso nuevo, con nuevas formas de hacer política y nuevas herramientas para hacerse del gobierno”.

La cuestión Malvinas ha sufrido vaivenes durante los diversos gobiernos del país trasandino. También en esta materia, Filmus espera una postura diferente del nuevo presidente, que en más de una oportunidad mostró compartir el reclamo argentino respecto de la soberanía en las islas. “Es importantísima toda articulación vinculada a Malvinas, y también a los mares del sur y la Antártida. Hay propuestas comunes para consolidar el cuidado ambiental, desarrollar investigaciones y cuidar las especies. No tengo dudas de que Boric va a desoír a aquellos sectores de la derecha chilena que hacen negocios políticos a partir de intentar generar un adversario potencial en la Argentina”.

La histórica militante por los derechos humanos y representante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, no escapa a mostrar sus expectativas. “Desde el primer momento que habló me dio esperanzas. Él y la juventud que lo acompaña se pusieron por delante, despertaron y dijeron ‘basta’. Ya el gabinete elegido es revolucionario.” Y, como muchos, sostiene que la tarea que le espera a Boric no será sencilla: “Se sabe lo que hizo el pinochetismo. Tiene por delante cambiar muchas mentalidades que siguen aferradas al genocida, y eso no será fácil”.

Taty también se mostró esperanzada en lo que sería la relación bilateral con la Argentina: “Imagino un gran vínculo entre ambos países. Lo espero a Boric, junto a Alberto, en sincronía, continuando el camino que en materia de derechos humanos inició Néstor y continuó Cristina. También espero que sigan triunfando electoralmente los gobiernos progresistas y no los fachos”.

MIRANDO AL BLOQUE

El triunfo de Boric sobre José Kast es, para algunos, la nueva oportunidad de soñar con una izquierda latinoamericana propagándose por el continente, y para otros, apenas la confirmación de que las extremas derechas están dejando pasar su hora en la región. En su primera entrevista como presidente electo para un medio internacional, Boric mostró un fuerte apoyo hacia el presidente de Bolivia, Luis Arce, y una proximidad notoria hacia Lula da Silva. Pero marcó fundadas diferencias con los actuales gobiernos de Nicaragua y Venezuela.

“Boric es un hombre de izquierda. Está claro que se va a alejar del Grupo de Lima, del Prosur y de Estados Unidos y centrará sus miradas en la Argentina, Bolivia y Brasil (si triunfa Lula). Pero es una incógnita en cuanto a cómo será la relación con aquellas izquierdas con las que pareciera haber más rispideces. En más de una oportunidad manifestó críticas hacia Cuba y Venezuela”, sostiene Pedro Brieger, aunque resalta que una cosa fue opinar como activista estudiantil o diputado y otra será definir la línea política internacional del país que le encomendó la representación.

Por su parte, Dora Barrancos tampoco duda del nuevo posicionamiento de Chile en línea con los gobiernos progresistas de la región y, como militante feminista, comparte el distanciamiento sobre Daniel Ortega: “Lo que ocurre actualmente en Nicaragua no se condice en absoluto con un régimen de posibilidades sociales ni de derechos. Han retrocedido mucho, incluso en legislación penal sobre el aborto. Como feminista latinoamericana, comparto las apreciaciones de Boric”.

Más allá del componente ideológico del nuevo presidente, Filmus remarca que Chile cuenta con una estructura muy poco industrializada y que es el país de América latina con mayor cantidad de tratados de libre comercio, lo que dificultaría modificar en el corto plazo sus vínculos: “Primero deberá ir mutando a un proceso productivo y a su vez integrándose más a la región en términos no comerciales. Será algo progresivo porque tienen una estructura muy consolidada de libre comercio. Confío en que Boric cumpla con la promesa de redistribuir mejor la riqueza, para eso deberá industrializar el país y generar trabajo calificado”.

El sueño de dejar atrás los restos del pinochetismo está en marcha. La expectativa de la izquierda chilena y la unidad latinoamericana se encuentra intacta. Los desafíos enumerados por el ex estudiante de Derecho son claros. El apoyo de gran parte de los gobiernos de la región es explícito. Quizá sólo reste arremangarse y comenzar a pelar mejor al chancho.

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Damian Fresolone
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