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Caras y Caretas

           

“Mi abuelo era un wing muy habilidoso, pero además goleador”

Gustavo Onzari es el nieto de Cesáreo, autor del primer gol olímpico, pero no llegó a conocerlo. Sin embargo, cuenta cómo su historia se fue transmitiendo oralmente de generación en generación.

Se cumplen 100 años del primer gol olímpico, que convirtiera Cesáreo Onzari. Gustavo, su nieto, recuerda cómo la historia de aquel mítico gol se fue traspasando de generación en generación entre los Onzari, casi como una tradición oral: “La historia del gol olímpico, te imaginás que se ha repetido en la familia durante años y bueno, yo la agarré de mi viejo, de mi abuela”. Para Gustavo, su abuelo es casi un mito porque no llegó a conocerlo. Nació apenas un año antes del fallecimiento de Cesáreo (7 de enero de 1964). Desde allí recorrió la vida y obra de uno de los wings izquierdos más trascendentes de la historia de nuestro fútbol, marcada a fuego por aquel 2 de octubre de 1924 con el gol desde la esquina y la victoria a los olímpicos uruguayos.

–¿De dónde surge futbolísticamente Cesáreo?

–Nace en Sportivo Boedo, de ahí del barrio de Almagro, y después ya lo lleva Huracán, por alguna diferencia con el club donde estaba.

–Todo eso en pleno amateurismo, ¿no?

–Sí, sí. Prácticamente juega un año solo en el profesionalismo, que es en 1931, y ya en el 32 juega muy poco y se retira. Él había nacido en 1903.

–¿Y qué es lo que llega a vos de su carrera más allá del gol?

–Mi abuelo, lo que decían todos, era que era un wing muy habilidoso, muy muy hábil, muy asistidor y además goleador. Tenía una característica que para los wings de la época era difícil, ser wing y goleador. Además manejaba las dos piernas, si bien era de naturaleza zurdo, le podía pegar también con la derecha.

–¿Y cómo sostenían la economía, más allá de lo que pudiera entrar en negro por el fútbol?

–El fútbol prácticamente no era nada, era alguna medalla cada tanto que les daban. Él hizo la famosa gira de Boca del año 1925 por Europa y estuvieron casi seis meses fuera del país, con lo cual algún peso le tienen que haber dado para mantenerse. Pero él trabajó en zapatería, en carnicería, después del fútbol tuvo una pizzería, hizo de chofer de taxi. O sea, tuvo varias actividades mientras jugaba, porque ellos no llegaban a ganar buen dinero, no se mantenían con el fútbol.

–¿Con la Selección podrían haber competido en el 24 si se hubiesen puesto de acuerdo las asociaciones?

–Claro, en este partido del año 24, Uruguay viene de ser campeón olímpico. Se hacen dos matchs desafío, allá en Uruguay empataron 1 a 1 y acá en la Argentina, bueno, se da el famoso hecho del gol olímpico. El partido estaba programado para el 28 de septiembre, y como va tanta gente a la cancha –que no tenía ningún tipo de protección hacia el campo de juego desde la tribuna–, que estaban al lado de la línea de cal, directamente. Entonces, como eran partidos muy picantes, los uruguayos no quisieron jugar el partido porque tuvieron miedo de que pasara algo. Lo suspendieron para unos días más tarde, que fue para el 2 de octubre, que es donde hacen toda una especie de alambrado, toman unas cadenas y palos para dividir la cancha del sector tribuna y nace el alambrado olímpico. Ese día nació el gol olímpico y el alambrado olímpico; la vuelta olímpica venía de cuando ellos dan la vuelta a la cancha en Colombes, en Francia. Antes del partido, el árbitro les dice que si hay un gol directo de córner, dado una nueva regla que se había impuesto un mes antes, él tenía que dar el gol como válido.

–Claro, si no era hasta el momento el indirecto.

–Era un indirecto, exactamente. Y ahí, bueno, se produce la jugada a los 15 minutos, hay córner para la Argentina y él lo tira, y se metió, esas cosas. Le habrá pegado quizás con alguna malicia, pensando, a ver si la emboco, ¿viste? Y en esa época era medio sorpresivo, porque se ve que tampoco estaban acostumbrados a que le tiraran directo un córner. En las fotos se ve como que quieren disputar la pelota, el arquero está tirado en el piso. Hay varias fotos y dibujos del gol olímpico, y en todas hay participación directa de un par de jugadores uruguayos y un par de argentinos que llegan hasta ahí.

–¿Hay algo de cizaña o de chicana, por así decirlo, en ponerle gol olímpico, por el hecho de vencer al último campeón?

–Bueno, en realidad sale de cuando se transmite. Este fue el primer partido que se transmitió por radio, entre otras curiosidades, después dicen que había ido Gardel a la cancha, otra curiosidad. Y lo del gol olímpico, aparentemente, lo que se transmitía era “gol de Onzari a los olímpicos, gol de Onzari a los olímpicos” en la radio, en los diarios, “gol de Onzari a los olímpicos… gol olímpico”. Ahí alguien dijo “el gol olímpico” y quedó gol olímpico. Pero yo creo que fue un homenaje inclusive a los uruguayos que en ese momento eran los campeones del mundo, porque no había otro torneo más ecuménico en el mundo que la Olimpíada.

–¿Y cómo se vive en la familia la cuestión histórica, el gol, la vida futbolística del abuelo?

–No podría hablar por toda la familia, pero siempre fue un orgullo para nosotros, para los nietos. Ya mis hijos, obviamente, le dan menos bola. Para mí, de chico, era ir a la casa de mi abuela y vivíamos jugando a la pelota, íbamos a la cancha de Huracán y el sector Cesáreo Onzari estuvo por muchos años ahí en la cancha, para nosotros era ver tu nombre en una tribuna, era una cosa tal vez más dimensionada de pibes de lo que realmente era. Pero bueno, en ese momento, para mi hermano, para mí, para mi primo, era algo mágico. Para colmo, una época de Huracán en los 70 que fue maravillosa y todo eso se hizo siempre por el gol olímpico. Y los álbumes que tenemos guardados, son tres álbumes de la época con toda bibliografía de diario, todo recorte de diario, todo de la prensa, bueno, de todo, de la gira de Boca, del gol olímpico, de Huracán, del campeonato de 1928, toda una historia futbolística familiar, y uno no deja que se pierda. Estas cosas sirven, por ejemplo ahora, que vienen los 100 años, va a hacer un poco de ruido seguramente.

Escrito por
Manu Pol
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