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Chile como modelo

En 1973, tras el sangriento golpe encabezado por Pinochet y dirigido por los Estados Unidos, bajo el estricto control del secretario de Estado Henry Kissinger, galardonado en aquel año con el Premio Nobel de la Paz, se impuso por primera vez a sangre y fuego el modelo que hoy rige a casi todo el mundo. Por eso Chile fue el laboratorio experimental del neoliberalismo.

El asesor estrella del gobierno dictatorial chileno y mentor de lo que por entonces se llamaba “monetarismo”, y emblema de la Escuela de Chicago, Milton Friedman, sería distinguido en 1974 con el Premio Nobel de Economía. Aquel ámbito académico cumpliría un rol complementario y decisivo de la Escuela del Canal de Panamá, centro continental de adiestramiento de los represores latinoamericanos.

El mismo modelo chileno se instalaría en la Argentina dos años después, con Videla y Martínez de Hoz como principales responsables. En Chile también hubo desaparecidos, torturados, presos políticos. La dictadura, escandalosamente corrupta, se perpetuó en el poder. Los partidos de la coalición democrática que sucedieron al dictador creyeron conveniente no alterar el modelo económico impuesto.

Chile se “modernizó”, se instalaron las principales marcas de ropa, insumos y comidas rápidas. El mercado fue tan libre como querían los intocables dueños del poder.

La salud, los servicios de pensión y la educación se privatizaron tras una serie de presidentes y presidentas vacilantes. Chile fue nuevamente atendido por sus dueños, de la mano del megaempresario Sebastián Piñera, que llevó al extremo las políticas neoliberales instaladas por el “Tata”, nombre cariñoso con el que no pocos chilenos se refieren al chacal Pinochet.

Los estudiantes universitarios debieron empeñarse, en algunos casos de por vida, para terminar sus carreras, y estallaron las protestas y los duros enfrentamientos con los carabineros.

Los neoliberales del mundo, liderados por gente como José María Aznar, Mario Vargas Llosa y Mauricio Macri, no se cansaban de poner al Chile de Piñera como el modelo a seguir, como el ejemplo para América latina. El ex presidente argentino, hombre poco afecto a las reflexiones, confesaba que sentía envidia de Chile. Pero de pronto, en octubre de 2019, para sorpresa de muchos, Chile volvió a ser modelo, pero en este caso del hartazgo frente al modelo de hambre y miseria impuesto en septiembre de 1973. Se llenaron las alamedas, como había pronosticado en su último y heroico discurso Salvador Allende, de jóvenes que reclamaban un cambio y le mostraban al mundo la hipocresía de ese modelo perverso.

El estallido será recordado, entre otras cosas, como el Mayo del 68, por sus consignas. “No fueron 30 pesos, fueron 30 años”, “Hasta que valga la pena vivir”. El primero hacía referencia al episodio desencadenante del aumento de 30 pesos en el transporte público que originó los primeros episodios de protesta que se generalizaron y resultaron imparables hasta el comienzo de la pandemia. El gobierno de Piñera respiró aliviado pero tuvo que convocar una constituyente para que, finalmente, reformara la Constitución de Pinochet. Hubo elecciones para convencionales, que resultaron una dura derrota para el oficialismo y un gran desafío de unidad para el progresismo opositor. En los recientes comicios triunfó un proyecto que llena de esperanza a Chile y a toda la región, ojalá Chile vuelva a ser modelo, esta vez virtuoso de un proceso de cambio que lleve al país a la justicia para con los crímenes impunes de la dictadura, a la equidad social y de género e ilumine al resto de América latina.

Escrito por
Felipe Pigna
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