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El polifacético del pueblo

Ilustración: Ricardo Ajler
Ilustración: Ricardo Ajler

A veces más cerca del teatro que del tango; otras, más pendiente de la composición que de la poesía; por momentos, incluso, sumergido en la pasión de la pantalla grande, Discépolo dejó una huella. Distintos artistas realzan la fuerza y el compromiso de su obra.

“Soy un hombre solo. En el largo y penoso diálogo de mi vida no he tenido más interlocutor que el pueblo. Siempre estuve solo con él. Afortunadamente, con él. El pueblo me devolvió la ternura que le di, y yo –fulano de tal– soy el hombre que conversa con la multitud como con su familia”, supo describirse Enrique Santos Discépolo en algunos escritos que se mantuvieron inéditos hasta 1986, año en que se publicaron en formato libro con introducción y comentarios de Norberto Galasso.

Su autorretrato coincide con las descripciones y apreciaciones que hacen de él aquellos que solían cruzarlo en alguna callecita de Balvanera o quienes, desde la lejanía espacial y temporal, consumen, analizan y admiran su obra en la actualidad. Si este segundo grupo, de artistas contemporáneos que dan testimonio en el presente artículo, armara una moderna nube de palabras, resaltarían: “artes”, “pueblo”, “compromiso” y “realidad”.

Carolina Winograd, completa artista de tango, recuerda que su primer acercamiento a la obra de Discépolo se dio de manera indirecta por las interpretaciones de Virginia Luque: “Tendría unos siete u ocho años y esperaba fascinada verla semana a semana en televisión. En paralelo comencé a descubrir un Discépolo actor, de la mano de mi abuela. Pero fue unos años más tarde que llegué a comprender la inmensidad que tenía. Fue un artista multifacético, inigualable y descomunal”.

Por su parte, la cantante, letrista y compositora Nazarena Cáceres encuentra sus primeros vínculos con la obra discepoliana a través del artista Julio Sosa: “Había un disco en mi casa y ahí estaban ‘Cambalache’, ‘Uno’ y ‘Confesión’. Sosa tenía la particularidad de que su voz era bastante grave, y yo puedo cantar bastante agudo, entonces prácticamente empecé a cantar arriba de esos temas. Si bien era chica, la conexión con el Discépolo letrista y compositor fue emocional desde un primer momento”.

La polifacética carrera de Discepolín nos puede trasladar al campo de las artes escénicas. Desde el teatro, Adrián Lazz, director artístico y docente, reconoce que la relación profunda con la obra de su hoy referente se inició en la adultez. “Más allá del conocimiento por su trayectoria popular, empecé a incursionar en su vida y sus producciones al decidir llevar adelante una obra. En ese análisis descubrí su vida tan rica ligada al peronismo y su militancia en la radio”. Adrián lo caracteriza como uno de los pocos sabios y genios de la “época de arte dorado”, y asegura que ni el propio Discépolo ni el público en general lograron ser conscientes del nivel de creaciones artísticas que supo producir.

Desde París, donde se encuentra presentando su primera novela, Sangre, y su disco La guerra es adentro, el cantante, compositor y escritor Alejandro Guyot no quiere perderse la oportunidad de recordar a Discépolo. Asegura que fue un hombre que cristalizó en su obra (desde la dramaturgia hasta su cancionístico, pasando por su aspecto político) la catástrofe del alma. “Un tipo muy conectado con la ciudad, las alegrías, las tristezas, las penas y las tragedias que atraviesan a sus contemporáneos. Puso el cuerpo, el alma y se entregó. Reflejó toda una época y fue capaz de profetizar futuros escenarios sociales y políticos en sus producciones. Al escucharlo, es imposible quedar ileso. Uno no es el mismo después de atravesar el universo discepoliano”, afirma Guyot.

Nazarena Cáceres lo describe como “el místico del tango”, con imágenes que no se encuentran en otros compositores y con una capacidad inigualable de conexión con la realidad. Según la cantante, el aporte de Discépolo a nivel colectivo fue muy valorado por tener la capacidad de retratar la esencia de un sector de la sociedad invisibilizado para transformarla en obras de arte totales. “Discépolo está muy presente en mi carrera. Me inicié cantando ‘Yira… yira…’, tres años después gané el Premio Hugo del Carril con ‘Sin palabras’ y a diario es uno de mis principales motores de creación”, agrega.

Para Lazz, el dramaturgo y compositor tiene un cúmulo de rasgos porteños y estados de ánimo que lo caracterizan. Sostiene que describió como nadie un momento social y cultural argentino muy importante, y que lo hizo mezclando su “inconformismo” general con un innegable reflejo de realidad de época. “Creó en el caos. En el caos de su vida y en el caos social de la Argentina. Yo aprendí con él que el mejor arte se crea en el caos. Y en esos momentos de caos está bien que uno tenga el cable a tierra del arte: pintando, actuando o componiendo”, reflexionó.

“El legado que deja es una suerte de contrapeso con lo que fue la figura de superhéroe de Gardel. Discépolo muestra el costado humano; el resultado de su trabajo artístico fue describir los anillos concéntricos del infierno del habitante de la ciudad. Ilustró el mapa anímico de las distintas inclemencias que puede llegar a padecer el alma humana”, argumentó Guyot, quien además asegura que puede visualizarse una atmósfera discepoliana tiñendo muchos tangos de este siglo XXI.

CANTARTE COMO HOMENAJE

Una enorme cantidad de artistas ha interpretado, en estos setenta años posteriores a la muerte de Discépolo, parte de su obra. Algunos en sus inicios más ligados al amateurismo, con tradicionales tangos populares; otros, ya de manera profesional, representando de manera personal piezas del autor no tan masivas.

Carolina Winograd fue una de ellos. Lanzó en 2019 el disco Infame, una selección de doce temas de Discépolo que desarrolla un recorrido de los grandes éxitos del dramaturgo, como “Cambalache” y “Uno”, pero también da lugar a canciones menos explotadas, como “Secreto” o “Soy un arlequín”. “Sus grandes tangos me conmovieron y hasta me ayudaron a duelar en momentos que lo necesitaba. Interpretarlo siempre es un desafío y un privilegio. No me alcanzaba con cantar o grabar un par de sus tangos como lo venía haciendo, sentía la necesidad de adentrarme en su obra de una manera más integral”, sostiene. Infame es consecuencia de una rigurosa investigación sobre las producciones de las décadas del 20, 30 y 40.

También se dio el gusto Alejandro Guyot. Con su banda 34 Puñaladas (hoy llamada Bombay Bs.As.) interpretó “Quién más, quién menos” y quedó grabado en el disco Tangos carcelarios. “Es una perlita del repertorio discepoliano, ya que no es de los más clásicos. Tiene un cierre espectacular con la frase ‘somos la mueca de lo que soñamos ser’”, relata el cantante del quinteto, acompañado por cuatro guitarras, que lanzará próximamente su novena producción discográfica. De este disco formará parte el tango “Espejos oxidados”, con rasgos claramente discepolianos, según el autor.

Por último, el sector teatral no podía quedar ausente. Adrián Lazz, en 2017 y casi de manera azarosa por haberse cruzado con un viejo amigo en la calle, decidió homenajear en las tablas al compositor y dramaturgo porteño. Enrique Santos Discépolo (a mí no me la vas a contar) representa en dos actos su vida artística, social y política, centrada en las décadas del 40 y del 50. Además del poeta, en la obra se representa a Evita, Luis Sandrini, Tita Merello, Perón y la muerte que persigue al protagonista. “Al producir esta obra, me di cuenta de que todos tenemos algo de Discépolo. Algo de melancólico, de luchador, de emprendedor, de soñador y de nostálgico. Características de Discépolo y características del pueblo argentino”, finaliza.

Será, tal vez, como escribió el propio homenajeado, que él siempre estuvo solo, solo con el pueblo.

Escrito por
Damian Fresolone
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