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LA MIRADA JUSTA

Nos quedamos sin Pino, sin su mirada justa, su palabra justa de la que hablaba el querido y también justo y necesario Paco Urondo. A los que éramos adolescentes en los 70 nos enseñó a mirar, a ver a los “nadies”, a los “invisibles” de la América profunda. Leer Las venas abiertas de América latina, de Galeano, y ver La hora de los hornos, de Pino y Octavio Getino, era una invitación a dejar la comodidad, a sumergirse en aquella realidad para cambiarla, una inyección de urgencia. Aquella película vista fuera de los circuitos comerciales, clandestinamente, ya tenía esa mirada sensible que ponía en lugar protagónico a los postergados, a la manera del otro Fernando, Birri, y su maravillosa y multipremiada Tire dié (1960), en la que retrataba la vida de los niños que se jugaban la vida persiguiendo en un puente al tren que venía de Buenos Aires para pedirles diez centavos a sus pasajeros.

La estética de Solanas mezclaba el compromiso político con una profunda sensibilidad, conmovedora, recordando e invitándonos a sentir empáticamente, a dolernos para movernos.

Le hizo “la” entrevista filmada a Perón. Un documento histórico valiosísimo, grabado entre junio y octubre de 1971 en Puerta de Hierro, Madrid. Y allí también pudo conversar fuera de cámara con el viejo líder, quien le confesó: “El problema es que yo ya estoy muy grande y ustedes son demasiado jóvenes”. Una perfecta síntesis de los inoportunos y trágicos desencuentros que vendrían. La película, que se conoció como Perón. Actualización política y doctrinaria para la toma del poder, fue una herramienta decisiva en la lucha por el retorno definitivo a su patria del hombre que venía manejando desde el exilio la política argentina. Millones de jóvenes lo conocieron a través de aquellas imágenes y tomaron contacto con aquel ideario, y los mayores recordaban aquellas sentencias y repasaban las memorias de “los años felices”.

En 1975, fue amenazado por la organización terrorista paraestatal conocida como la Triple A mientras terminaba su primer largometraje de ficción, Los hijos de Fierro, una premonitoria mirada sobre el salvajismo de las minorías argentinas y la permanente resistencia del pueblo.

Tras un intento de secuestro por un comando de la dictadura cívico-militar, se exilió en Francia, donde volvió a filmar y produjo La mirada de los otros, en 1980. Ya en democracia abordó magistralmente el tema de la dictadura en El exilio de Gardel y, de vuelta en la Argentina, en Sur, una notable mirada sobre la historia argentina reciente.

Desde su rol de militante político impugnó las privatizaciones menemistas y la política neoliberal continuista de De la Rúa en su extraordinario documental Memoria del saqueo, de 2003. En 2007 produjo su esperanzada Argentina latente.

Su última película es un homenaje a Perón, estrenada en 2016, pleno vendaval neoliberal. Y quedará en la memoria de todas y todos su extraordinario discurso en el Senado de la Nación en defensa de la ley de despenalización del aborto. Se fue un grande; el mejor homenaje es ver su obra y difundirla, conocer su pensamiento y propagarlo, como intentamos hacer en este número de Caras y Caretas.

Escrito por
Felipe Pigna
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