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LA MIRADA DE LOS OTROS

Télam Buenos Aires 10/06/2010 Ezequiel Jusid, Agustín Ronconi, Pedro Borgobello, Diego Fariza y Andrés Fariña, integrantes de "Arbolito", llevan más de diez años de trayectoria, tiempo durante el cual lograron consolidar sus raíces manteniendo vigente su ideología y su música, siendo hoy una de las bandas más convocantes de la escena local. Foto:Télam/rve

Desde el folklore, el rock y la fusión, cuatro cantores contemporáneos manifiestan la influencia de la Negra y remarcan su generosidad y su compromiso con la juventud y el campo social.

“Que vivan los estudiantes, jardín de las alegrías. Son aves que no se asustan de animal ni de policía”, interpretaba Mercedes Sosa, a principios de la década del setenta, la composición de la cantautora y escultora chilena Violeta Parra. Quizá sea esa frase del tema “Me gustan los estudiantes” una de las que mejor representa lo que para la Negra era su motivo de canto: el compromiso político y la juventud como generación de esperanza.

Discos como Canciones con fundamento, de 1965; Hasta la victoria, de 1972, y Escondido en mi país, ya promediando la década del noventa, son sólo algunos ejemplos que sirven para reforzar aquella idea de distinguir entre la profesión del “cantante” y la acción del “cantor”, este último, indispensablemente ligado a un deber político y social.

De aquí en adelante, cuatro artistas jóvenes de distintos géneros musicales y latitudes geográficas del país rememoran sus primeros acercamientos a las interpretaciones de Mercedes, relatan la influencia que de  ella  han recibido y la describen arriba y abajo del escenario con más de una anécdota.

El folklorista jujeño Bruno Arias recuerda que la primera vez que escuchó un tema de Mercedes Sosa fue a los 7 años, cuando, por la radio, sonaba una versión de “Me gusta Jujuy cuando llueve”; pero lamenta haber dejado pasar la oportunidad de seguir escuchando su voz hasta promediando la adolescencia. Arias fue un afortunado, a los 20 años tuvo su primer contacto personal con la Negra: “Fue en una peña de los Coplanacu en Cosquín. Ahí sólo la saludé, pero después continué el vínculo, siempre ella muy solidaria con los músicos jóvenes. La primera vez que compartí escenario fue al participar en una de las convocatorias que organizaba, hice los coros de ‘Corazón libre’ junto a Claudio Sosa y Coqui Sosa”, recuerda.

Pero ese sería recién el comienzo. Siete años más tarde, Arias le escribió una carta a la famosa tucumana y le envió un disco con la grabación de dos canciones: “Una era ‘Cuando América’, de Pachi Alderete, y otra ‘Ciudacita’. A ella le gustó mucho la primera, me pidió que le envíe por fax la letra y me preguntó incluso dónde estaba grabando. Lamentablemente, yo en ese momento no tenía mucha experiencia ni facilidades en el estudio como para hacerle una buena invitación y que aceptara grabar conmigo”, recuerda.

Pero en 2009, el folklorista jujeño tuvo revancha: “Yo presentaba el disco Atierrizaje en el ND Ateneo y la invité a ver el show. Ella me respondió que de ninguna manera, que si venía era para cantar un tema. Fue algo muy fuerte, inolvidable, cantamos juntos ‘Zamba de los mineros’. Lamentablemente ya estaba enferma, pero seguimos el vínculo a la distancia, recuerdo que me cantó algunas zambas por teléfono”, agrega Arias.

Por su parte, Ezequiel Jusid, guitarrista y vocalista de Arbolito, banda con más de veinte años en la escena del rock y del folklore nacional cuya génesis se encuentra en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, recuerda que llegó a la Negra por parte de su padre, que, aunque todas las mañanas solía despertarlo con unos tangos, de vez en cuando hacía sonar a Mercedes. “Tengo grabado en la memoria esos huaynitos, como ‘Pollerita colorada’ y otros más. Esos vinilos me copaban, quizá el tango no me llegaba tanto de chico, pero Mercedes sí. Durante la adolescencia me alejé un poco, me dediqué   a escuchar rock y nuevamente volví a acercarme cuando me compré sus discos. Es enorme. Si tenemos que hacer un listado de los grandes en serio de este país, ella no puede quedar afuera junto a Gardel, Piazzolla, Spinetta y Charly García. Creo que son los mejores de verdad”, agrega Jusid.

Al igual que Bruno Arias, Jusid recuerda cuando se subió junto a ella al escenario: “Fue a principio de 2000, tuvimos la suerte de compartir la noche en un festival que se organizaba en la Ciudad de Buenos Aires con músicos del interior. Lo que tenía Mercedes era, además de una calidad vocal única, una polenta impresionante. Ella abría la boca y no quedaba nada, con una guitarrita, con un bombito o sola, ella arrasaba”.

Desde Andalgalá, ubicado en el centro de la provincia de Catamarca, Nadia Larcher, solista, docente y líder del noneto de música popular Don Olimpio, rememora el acercamiento de su familia a la voz de Mercedes Sosa: “Para dimensionar su grandeza debo decir que mi madre era una campesina que vivía en las montañas lejanas del oeste catamarqueño, pastora de cabras y tejedora. Ella sintonizaba la radio en la altura y así la escuchó por primera vez. La quería tanto que siempre la llamó ‘tía Mercedes’. Nunca tuvimos discos porque mi madre no sabía adquirirlos. Cuando pude compré mi primer casete. Era una copia que vendía la propia disquera que para poder distribuir más grababa los poquitos originales que llegaban al pueblo. Tía Mercedes nos enseñó a amar la música”.

En otro vértice musical se encuentra Nahuel Pennisi. El joven compositor y guitarrista de 28 años conoció la música popular, y particularmente a Mercedes Sosa, a través de la radio ya que en su casa no se escuchaba folklore. “Cuando logré profundizar en su voz sentí una impronta muy fuerte que no me pasaba con otros cantantes que escuchaba de chico. Realmente me llegaban a las entrañas sus versiones. Tenía esa capacidad de decir más que de cantar, llegaba al alma. Ella no escribía canciones pero las transformaba y las hacía propias. Su canto era muy poderoso, sus fraseos eran perfectos y lograba mezclar la buena técnica, el buen decir y un color de voz único que sigue emocionando”, agrega.

Pennisi, quien trabajó como músico callejero mientras cursaba sus estudios secundarios, se presentará el 9 de noviembre en el teatro Ópera. En la lista de temas a sonar no faltará una de sus primeras composiciones, “Mercedes”, dedicado a la Negra Sosa y parte en su primer álbum Primavera: “Lo escribí en un momento que estaba escuchando mucho su disco Cantora y trabajando con Popi Spatocco, el arreglador y productor histórico de ella. El tema es, básicamente, el resultado de lo que esta genia me transmitía en esa placa: la libertad de su voz”, cuenta. “Mercedes, luz de los exiliados, de los que sueñan con regresar. Voz de los olvidados, los que por ti se hacen escuchar”, escribió Pennisi en su tema homenaje.

DIVINO TESORO

“Alegría y muchos sueños iluminan los caminos. Verdes, planta y sentimiento, hoja, corazón, juventud y fe”, cantaba Mercedes Sosa en su disco ¿Será posible el sur?, de 1984, apenas recuperada la democracia. Una vez más dedicaba su interpretación a las nuevas generaciones, a los jóvenes, a los estudiantes, en los que ella depositaba la esperanza y el futuro, tanto musical como político. Este vínculo de Mercedes con los jóvenes fue y seguirá siendo intenso.

Para Bruno Arias los sectores juveniles y la Negra llevan implícita una retroalimentación: “La apertura que ella tenía hacia otros géneros musicales fue clave, llevaba otros estilos al folklore y en la actualidad los nuevos grupos llevan el folklore a otros géneros. Por otro lado, su compromiso con lo social, su exilio y su regreso con la vuelta de la democracia la transformaron en una referente de la música popular a nivel latinoamericano, y los jóvenes, generalmente, suelen vincularse con esos sectores de la cultura”, comenta Arias. Por su parte, Nahuel Pennisi pone el foco en lo emotivo y sensorial, además de lo político: “Pasa por dos lados, primero porque al escucharla algo te queda, no es lo mismo que antes de haberlo hecho y creo que la gente joven valora más la práctica de las emociones en un cantante; y por otro, claramente, el compromiso de las letras que elegía y la diversidad de estilos que aportaba a su repertorio hacían que llegue a muchos sectores poblacionales”.

En la misma línea, Nadia Larcher habla de un profundo compromiso en cada una de las decisiones de la Negra: “Todas sus acciones, las estéticas, las ideológicas y las políticas contribuyeron a una construcción de referencia para los jóvenes. No fue sólo su canto, fue decidir estar en los lugares que estuvo y cantando con quiénes cantó para que el folklore deje de ser un reducto conservador y se abra a la libertad que el arte propone. Por eso, Mercedes sigue siendo un faro de acción para las generaciones venideras”. Jusid, quien se presentará con Arbolito el próximo 12 de octubre en la Ciudad Cultural Konex con un espectáculo solidario diseñado junto al colectivo La Poderosa, afirma: “La relación de Mercedes con la juventud fue, y sigue siendo, porque ella era contestataria. Cantaba canciones de la gente de la tierra, de los laburantes, no de cuestiones paisajísticas, y eso los toca de cerca a los jóvenes que empiezan a des- cubrir ese tipo de rebeliones. No es por azar que un disco de ella se haya titulado Canciones con fundamento”.

Sobre el final, Arias elige recordarla como parte fundamental del movimiento musical latinoamericano Nuevo Cancionero de las décadas del sesenta y setenta: “Ella siempre hablaba de una América integrada, y esa América había tomado color cuando estaban Evo, Correa, Néstor, Chávez y Lula; hoy, con la venida de los Bolsonaro y los Macri, las canciones de Mercedes tienen que estar más que vigentes”. Quizá, por eso, estés leyendo este número homenaje; porque Mercedes no cantaba por cantar.

Escrito por
Damian Fresolone
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