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GOEBBELIADAS

Cuando muchos años después del golpe militar de 1976 miré la oblea “Los argentinos somos derechos y humanos”, no pude dejar de pensar en los principios que el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, les inoculaba a sus partidarios para lanzarlos como jauría sobre la cabeza de los alemanes: el de “unanimidad”, para convencer a mucha gente de lo mismo, y el de “vulgarización”, porque “toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

Una tarde de julio de 2006, ante el expediente secreto 330/79 del Ministerio del Interior, que me fue revelado como periodista, pude descubrir la trama de manipulación social y política ejercida por la dictadura comandada entonces por Jorge Rafael Videla durante septiembre de 1979, en vísperas de la llegada de la CIDH a la Argentina, que venía para recibir in situ miles de denuncias de los crímenes cometidos por el Estado terrorista. La campaña había sido dirigida por el entonces ministro del Interior, el general Albano Harguindeguy: había ordenado comprar 250 mil calcomanías autoadhesivas, en dos tamaños, con el eslogan “Los argentinos somos derechos y humanos”, ideado a pedido de la dictadura por la empresa Burson-Marsteller. La agencia ya había sido contratada en 1978 para mejorar la imagen de Videla durante el Mundial de Fútbol. El objetivo era neutralizar las denuncias realizadas por sobrevivientes de los centros clandestinos de concentración, los exiliados y familiares de las víctimas en el exterior, que la dictadura llamó “campaña antiargentina”. No sólo se intentaba condicionar las denuncias que las Madres de Plaza de Mayo y los organismos de derechos humanos planeaban realizar ante la CIDH sino mostrar al mundo una ilusoria sensación de legalidad y normalidad. Los gobiernos de los EE.UU., bajo la administración de James Carter, y europeos presionaban a la dictadura para que pusiera fin a la violación a los derechos humanos.

El expediente secreto 330/79 del Ministerio del Interior prueba irrefutablemente que esa campaña fue digitada y planificada por el gobierno militar, y que no surgió espontáneamente de la clase media a la que la prensa canalla de entonces culpabilizó de la movida. Prueba además que fue pagada con dineros públicos: así lo autoriza el decreto secreto 1.695/79, firmado por Harguindeguy. Y define que la campaña se basó en la impresión de calcomanías de diferentes tamaños (que se encuentran en el expediente) con el famoso lema “Los argentinos somos derechos y humanos” escrito sobre un fondo con la bandera argentina. Las calcomanías debían ser pegadas en los autos para ser “paseadas” por la ciudad, distribuidas por la gente, y el lema, repetido hasta el cansancio en spots radiales. Esta operación les costó a los argentinos unos 16.117 dólares de la época. La licitación, que ganó la empresa Libson SA (que ya había participado en producir y comercializar el merchandising del Mundial de Fútbol), se llevó a cabo el 28 de agosto de 1979 y la adjudicación estuvo a cargo del capitán de navío (RE) Ernesto Orbea, que la aprobó inmediatamente: al día siguiente.

Más allá de los aspectos comerciales, el expediente secreto 330/79 prueba la utilización de fondos públicos para ocultar lo que ya era inocultable: los delitos de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado. El lema “Los argentinos somos derechos y humanos” quedó como una marca indeleble en la conciencia colectiva. La propaganda del régimen videlista había querido obligarnos a guardar un pavoroso silencio frente a los secuestros y desapariciones y también a ser cómplices de la dictadura, y que sumáramos en el futuro vergüenza y culpa por participar de su ocultamiento al difundir como robots ese eslogan. Cuarenta años más tarde, en septiembre de 2019, frases similares de la campaña de Macri, como “los argentinos somos imparables”, en medio de la depredación del país, son una pálida copia de miles de robots animados por un Goebbels in fraganti.

Escrito por
Maria Seoane
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Escrito por Maria Seoane
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