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LOS 60 Y DESPUÉS

La del 60 fue la década que cambiaría la historia del siglo XX. Habían pasado 15 años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, se habían consolidado los dos bloques hegemónicos, emergía el Tercer Mundo enunciado en Bandung unos años antes y los jóvenes se convertían en inéditos protagonistas de su presente preocupados por su futuro.

En los EE.UU. la década comienza con el joven demócrata John Fitzgerald Kennedy en la presidencia. Serán años de cambios signados por la música del rock and roll y los rebeldes, todavía sin causa, modelo James Dean.

La minoría negra, marginada y oprimida durante siglos, comienza a exigir la igualdad de derechos liderada por el pacifista Martin Luther King y el joven rebelde Malcolm X.

Kennedy lanzará políticas reformistas en el plano social acordes a una época signada por los cambios sociales y la creciente simpatía por los socialismos.

Preocupado por la influencia de la Revolución Cubana en América latina y tras su fracasada invasión de la isla derrotada en la Bahía de los Cochinos, lanza la Alianza para el Progreso, un programa de ayuda económica destinado a los llamados países en vías de desarrollo.

Son los años del arte pop, que tiene en Andy Warhol a su mentor y en Marilyn Monroe a su musa.

La trágica muerte de Kennedy en 1963 pondrá fin a las políticas reformistas y a la Alianza para el Progreso. Bajo la administración Johnson, los EE.UU. volverán a su tradicional política de respaldo de las fuerzas del orden establecido, apoyando la instalación de sangrientas dictaduras en distintas partes del mundo.

Así ocurrió en Vietnam, palabra que se transformaría en una larga pesadilla de diez años para los estadounidenses. La intervención militar pronto se tornó una guerra muy impopular, sobre todo cuando comenzaron a llegar las escenas de los horrores del conflicto que parecían desmentir a Johnson, que insistía con que “los EE.UU. luchan por la libertad y el bienestar de los pueblos”.

Los jóvenes comenzaron a negarse a ir a pelear a una guerra que consideraban injusta.

Así fue naciendo la exaltación de la paz, base del movimiento hippie, que marcará a una generación. “Hagamos el amor, no la guerra”, proponían. En las colinas de Woodstock, miles de jóvenes expresaron su repudio a la guerra mientras escuchaban a baladistas y música de rock, que había cambiado para siempre con cuatro jóvenes de Liverpool.

Los 60 fueron los años del cambio.Todas las estructuras tradicionales parecían derrumbarse. Hasta la familia fue cuestionada como institución. Cambiaron los hábitos de consumo y los jóvenes comenzaron a rebelarse frente a un mundo que parecía no darles respuestas. La muerte del Che Guevara en Bolivia, mientras trataba de implantar un movimiento guerrillero, será vista como un ejemplo por muchos jóvenes en todo el mundo. Su fotografía se transformará en un símbolo de rebeldía en las jornadas del Mayo francés, cuando estudiantes y obreros hicieron tambalear el régimen de De Gaulle y llamaron la atención de Occidente. Consignas como “Seamos realistas, pidamos lo imposible” recorrieron el mundo.

El rígido sistema comunista no escapó a la ola juvenil: miles de jóvenes se manifestaron en las calles de Praga en la primavera de 1968 contra la represión, la falta de libertades y para lograr la independencia real de su país, sometido a la dominación soviética. En Roma, en Berlín, en Atenas, por todas partes los jóvenes parecían pedir lo mismo: libertad y justicia.

Por estos pagos, mientras Pepe Biondi nos recodaba nuestra “suerte para la desgracia”, el dictador Onganía probaba la eficacia de sus bastones en la cabeza de estudiantes y profesores, Tato Bores ponía su cuota de genialidad, surrealismo e ironía sobre nuestra borgeana realidad y el rock nacional sonaba cada vez más fuerte. La década comenzaba a terminar en Córdoba a fines de mayo de 1969, cuando un pueblo harto les puso límite a los sueños franquistas del dictador militar y sus jefes civiles.

 

Escrito por
Felipe Pigna
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