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SE DICE DE MÍ

El talento y el carisma de Goyeneche nunca pasaron desapercibidos. A continuación, músicos y periodistas que trabajaron con él reflexionan y recuerdan anécdotas del Polaco.

Con el Polaco trabajamos mucho juntos, hicimos muchas grabaciones para la Victor, además de las actuaciones en vivo. Donde tocáramos con el cuarteto de Aníbal Troilo, aunque el que cantaba era Tito Reyes, el Polaco siempre buscaba la vuelta para cantar con Pichuco. Fue uno de los pocos que no le hizo caso al Gordo. Él les decía a sus cantores, cuando ya tenían fama y los aplaudían mucho: ‘Bueno, pibe, se tiene que ir, y no vuelva’. Pero el Polaco siempre buscaba la manera de volver, era adoración lo que tenía con Pichuco. Había un sentimiento muy importante entre ellos. También fue un tipo superinteligente. Llegó a tener el oído más absoluto entre los cantantes. Vos le pasabas una sola vez la melodía y ya le quedaba, era una cosa impresionante. En el tango ‘Soy un arlequín’, la voz para entrar tiene solamente un solo de tambor, ¡y había que afinar para entrar ahí! Pero él entraba perfecto, así, casi sin música. Tenía esas cualidades increíbles. Yo he tenido muchas satisfacciones trabajando con el Polaco. Era un fuera de serie, él decía ‘frío’ y a vos te corría frío por la piel.” (José Colángelo, pianista y compositor).

“Yo al Polaco lo acompañé en diferentes oportunidades, con el Sexteto Tango, pero también en un lugar en San Telmo que se llamaba Berretín, donde actuaba con Adriana Varela, y lo acompañábamos con un trío, y también en Michelangelo y en Caño 14 estuvimos juntos, y después grabamos el disco con el Sexteto.

”Él era un tipo muy intuitivo y muy inteligente. Con él pasaba algo llamativo también: llevaba mucha gente joven, pibes de 17, 18 años, algo que era raro en ese momento. Ahora hay muchos pibes jóvenes que se arriman al tango, y también a aprender a tocarlo. Eso lo veo en la Orquesta Escuela (N. de la R.: Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, que actualmente dirige). El Polaco tenía algo en su personalidad y en su manera de decir que los atraía. Cuando estaba con Salgán, y también con Troilo, tenía una voz muy linda. Aunque su estilo y su personalidad los afianzó en su etapa solista.

”No hay nadie que se le arrime, fue único. Dejó muchas cosas para aprender de él, para que otros cantantes aprendan. Lo que hacía era muy difícil y muy personal, y de él podés sacar enseñanzas. Hay que escucharlo para aprender. Yo siempre les digo eso a los músicos, hay que escuchar. Y en Goyeneche hay un ejemplo para seguir. Menos mal que se lo escucha mucho y se lo pasa en la radio.” (Víctor Lavallén, bandoneonista y compositor).

“Fue un fenómeno que dio una curva ascendente y descendente. Pero al contrario de otros, que cantaron mal cuando agarraron la curva descendente y empezaron a quedarse sin voz, él en cambio se reinventó, encontró la manera de cantarsin voz. Trabajé con él muchas veces. Recuerdo que hicimos un espectáculo en el teatro Payró,lástima que no está grabado, con Julián Centeya y un trío que acompañaba, y Goyeneche. Era todo muy improvisado, porque Centeya y Goyeneche eran dos tipos digamos… antiacadémicos. Por ejemplo, Julián Centeya era un fenómeno improvisando, cómo hablaba. Era sensacional. La primera parte del espectáculo era un diálogo entreJulián y yo. Y en la segunda parte cantaba Goyeneche. Centeya me decía que le tirara unaspautas, por ejemplo: ‘Hoy preguntame quién era Eufemio Pizarro, sobre qué recuerdos tengo de la calle Corrientes angosta’, y así yo le tiraba alguna y él hablaba y hablaba, como una hora. Contabacosas que no sé si las inventaba o no, pero era un fenómeno. Y después venía Goyeneche. Y tenía esas cosas… nos decía: ‘Hablen mucho que no puedo cantar, ando mal de la voz’. Una vez lo fui a ver en Mar del Plata, todos se juntaban a tomar un café antes de tocar, te los encontrabas ahí en el hotel donde actuaban. Lo veo y le pregunto: ‘¿Cómo estás, Polaco?’. Y me dice: ‘¡Para la mierda, no sé para qué vine! A mí no me gusta la playa, no me gusta estar al sol, ¿me decís para qué vine? Me la paso esperando que llegue la noche, que es cuando canto, y el resto del día no sé qué hacer’. Copes bailaba con su espectáculo en un boliche por Corrientes, una noche que fui cantaba también Goyeneche, y yo me senté adelante de todo. Sale el Polaco y me ve, y quería hablar conmigo y no sabía cómo hacer para avisarme que no me fuera. Y como yo estaba cerca, me empieza a hablar sin el micrófono, ¡mientras cantaba! Me acuerdo que estaba cantando ‘María’ y lo empieza a cantar como apurándolo: ‘Acaso te llamaras solamente María…’, y me dice a mí: ‘Che, Oscar, no te vayas’, y sigue: ‘…no sé si eras el eco de una vieja canción…’, y me comenta: ‘Esperame a que termino…’, y vuelve: ‘… hace mucho fuiste hondamente mía…’, y otra vez fuera del micrófono me dice: ‘…que tengo que hablar con vos’. ¡Cantaba y me hablaba! ¡Mitad y mitad! Era un genio.” (Oscar del Priore, periodista y locutor).

“Tengo un recuerdo muy especial de cuando grabamos con Antonio Agri y Goyeneche “Viejo ciego”, de Homero Manzi. Fue uno de los últimos temas que grabó. Lo grabamos los tres juntos en el estudio de Litto Nebbia. Y fue muy emocionante. Tanto que cuando escuchábamos la toma, el Polaco nos besaba las manos. Tenía una humildad increíble y era muy amante de la música. Era un tipo muy compenetrado con los músicos que trabajaban con él. Le gustaba dialogar y disfrutaba mucho de lo que pasaba en el ida y vuelta musical, ese otro lenguaje mágico y profundo. Era también un apasionado de las comedias musicales, conocía mucha música, jazz, música clásica. A él le gustó mucho el disco El Polaco por dentro que hizo para la RCA con arreglos de Carlos Franzetti. Le encantó porque decía que tenía una orquesta ‘a lo Frank Sinatra’.

”Cuando decía ‘hoy no puedo grabar, estoy mal de la voz’ alguien le traía una Hesperidina o un Cinzano y se iba calentando. Se ponía a charlar y después terminaba canturreando el tema que íbamos a grabar, y esa era la señal de que se iba a hacer. Se preparaba todo y se terminaba grabando el tema, y todo se adaptaba al tono en el que el Polaco lo hacía en ese momento. Le encantaba ir a la cancha, pero no iba a un palco, como se podría esperar de una figura así. Él estaba colgado del alambrado, como un hincha cualquiera.” (Esteban Morgado, guitarrista y compositor).

“A Goyeneche lo pude acompañar cuando toqué en la orquesta de Nestor Marconi, con la que llegamos a presentarnos en Japón. El Polaco fue un filósofo de la vida, la voz que representa al barrio. Y por eso era tan tremendamente popular. Era la personalidad total, yo hace rato que no veo otra voz así. Aun hecho pelota y gusta igual, porque tenía toda la carga emocional de esa época cantando esos tangos increíbles. ¿Quién puede cantar mejor que él “La última curda”? ¡Nadie! Porque a medida que te ponés jovato está esa acumulación de carga emocional de la vida y de vivir en Buenos Aires, que no es joda. Porque es un lugar difícil para sobrevivir, y como músico ¡ni hablar! Para los que vivimos de esto y sobrevivimos a todas las épocas es siempre una decisión si seguir o no, no es nada fácil. Recuerdo que cuando falleció Pugliese fuimos los músicos al cementerio a tocar ‘La yumba’. Cuando entra el féretro en la cripta de Sadaic, veo el de Goyeneche, que tenía pegada una calcomanía tipo TV Guía, con la foto de él cantando. Alguien fue ahí a llorarlo y la pegó en su féretro. Me conmovió esa imagen, es tan gráfica y te resume lo que él significó. Porque es eso, es la voz del barrio, la voz de la ciudad en donde se baila el tango, la de ‘Sin rumbo’ (la milonga), ¡y ese nombre ya te dice todo!” (Daniel Binelli, bandoneonista y compositor).

 

Escrito por
Vanina Steiner
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