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LA CRISIS Y EL DRAMA

Los tarifazos, los aumentos en los alquileres de las salas y la disminución que registra la taquilla son los principales factores que amenazan la actividad teatral, sobre todo a la independiente, pero también a la comercial.

Por Chiara Finocchiaro. La actividad cultural y la crisis económica son conceptos que no se presentan como aliados, más bien lo contrario. Cuando la economía del país comienza a resquebrajarse, son los sectores culturales los primeros en sufrir los golpes y, en este caso, la industria del teatro no es ajena a la situación. El comienzo de 2019 no trajo consigo cifras alentadoras, sino una preocupación aun mayor por el funcionamiento de la actividad teatral.

Durante las vacaciones, la salida al teatro es habitual entre los turistas que apuestan a la costa atlántica o el interior del país. Además, es esta la temporada que más espera el circuito comercial para explotar al máximo. Sin embargo, la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet) reporta una baja de un 30 por ciento sobre las entradas vendidas respecto de la temporada pasada. Los números no son alentadores para el circuito comercial. En líneas generales, en 2018, Aadet informó que la recaudación de los teatros asociados sufrió una caída del 25 por ciento. “En este 2019 los números de las tres plazas, es decir, Buenos Aires, Mar del Plata y Villa Carlos Paz, están en baja en relación a enero y febrero de 2018”, afirma el productor teatral Carlos Rottemberg. Es así que el impacto de la situación económica que hoy afrontan los argentinos se evidencia en sus consumos culturales. “Hay una gran porción de ciudadanos que, ante otras prioridades básicas, dejan de lado lo que tiene que ver con lo cultural”, señala Rottemberg, y explica: “Por supuesto que se puede vivir sin ir al teatro, pero no se puede vivir sin comer”.

CIERRE DE SALAS

La realidad por fuera del circuito comercial tampoco es esperanzadora. En 2018, el 40 por ciento de las salas de teatro independiente estaban al borde del cierre debido a la suba de tarifas de servicios y a la baja de espectadores. Para algunos, los acuerdos con empresas o grandes marcas pueden llegar a ser una alternativa para compensar la escasa venta de entradas. Así es como en línea con el gobierno nacional, Enrique Avogadro, ministro de Cultura porteño, remarcó en una entrevista con el diario Clarín que a la industria local le convendría ligarse con intereses privados. “Queremos que el sector privado porteño sea más activo y más visible”, señaló el ministro respecto del teatro.Sin embargo, la propuesta no parece tener tanto atractivo para el circuito off. Liliana Weimer, presidenta de la Asociación Argentina

del Teatro Independiente (Artei), sostiene que “en general las inversiones privadas requieren otro tipo de contraprestaciones. Siempre van a tender a apoyar a eventos masivos, a emprendimientos comerciales”. Por esta misma razón, en disonancia con Avogadro, afirma: “Es fundamental el rol del Estado para el apoyo a la cultura nacional. Al sector privado no le veo una inserción demasiado potente para lo que es el circuito independiente, que se mantiene de otra manera”.

La situación actual de este circuito es crítica. La suba de tarifas complica el panorama aún más para los productores teatrales pequeños. Este año está previsto un aumento del 55 por ciento en luz y de un 35 por ciento en gas. De esta manera, los servicios cada vez más caros, la suba de los alquileres y la baja de espectadores provocan que muchas salas de la ciudad de Buenos Aires se encuentren al borde del cierre. “El tema de las tarifas es algo que venimos peleando desde que se implementó el tarifazo en 2016. Por este motivo, desde nuestro sector encaramos la pelea por los presupuestos de Cultura y los específicos para el sector independiente teatral, y el cobro en tiempo y forma de los subsidios”, destaca Weimer. Los subsidios estatales son el primordial sustento del off, que se consiguen mediante el Instituto Nacional del Teatro y Proteatro. Pero es la gran demora, que puede ser de más de seis meses, o incluso la falta total de cobro, lo que genera preocupación. “El Estado se tiene que hacer cargo de una situación de emergencia que generó el mismo gobierno”, sostiene la presidenta de Artei.

A PESAR DE LA CRISIS

Aun así, existen algunos espectáculos dentro del sector independiente que logran traer un clima levemente alentador. En 2018, la puesta en escena de Matate, amor, la obra dirigida por Marilú Marini, protagonizada por Érica Rivas y escrita por la autora del libro homónimo, Ariana Harwicz, agotó localidades en la sala Santos 4040 y fue ampliamente reconocida en la escena local. A su vez, este año en El Método Kairós se estrenó La naranja mecánica, protagonizada por Franco Masini y Toto Kirzner, y dirigida por Manuel González Gil. Esta versión teatral de la novela de Anthony Burgess, que Stanley Kubrick llevó al cine en 1971, es una de las propuestas más prometedoras.

A pesar de la crisis económica y social, la escena cultural siempre sobrevive. El comienzo de este año dio lugar al Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA). En esta duodécima edición, el Ministerio de Cultura de la Ciudad decidió correrse del formato tradicional del evento, y en tiempos de ajuste, apostó a realizar el festival en versión reducida. En primera instancia, en vez de celebrarlo en octubre, el FIBA se llevó a cabo durante el verano, con una menor cantidad de días que antes, aunque fue la reducción de las propuestas internacionales lo que más llamó la atención. Esta edición sólo contó con nueve montajes, diez menos que en 2017, lo que, para los seguidores de los circuitos, se planteó más como un festival de verano que como uno internacional. Aun así, los 220 espectáculos y actividades que se llevaron a cabo congregaron a más de 180 mil espectadores, una cifra importante ya que el FIBA desde 2013 mostraba una baja en audiencia. Tanto el circuito comercial como el independiente están atravesando una situación de emergencia que comenzó a gestarse alrededor de 2016 y hoy no parece apaciguarse. Si bien el Ministerio de Cultura porteño demuestra un aparente interés en la industria, los presupuestos y los montos de los subsidios no corren a la par de la inflación y los ajustes. Aunque productores como Rottemberg afirman que la crisis sólo afecta al negocio, la realidad es que si desde lo económico no hay sostén, lo artístico siempre se verá perjudicado.

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